Castro se une a dirigentes de la iglesia en momentos en que se inaugura en Cuba el primer seminario en un lapso de cincuenta años

Foto CNS/Desmond Boylan, Reuters

havana-webFuera del seminario nacional católico se puede ver una estatua de Cristo, en aledaños de la Habana, el 3 de noviembre. El presidente cubano Raúl Castro se reunió con el arzobispo Thomas G. Wenski de Miami y otros dirigentes católicos en la inauguración del seminario, la primera construcción católica que se lleva a cabo en la isla en más de medio siglo.

LA HABANA, Cuba (CNS) — En una ceremonia en la que participó el presidente Raúl Castro, los obispos católicos de Cuba inauguraron el seminario de San Carlos y San Ambrosio, el 3 de noviembre, que constituye la primera construcción de envergadura relacionada con la iglesia en un lapso de medio siglo, a partir de la revolución iniciada por Fidel Castro.

Acompañado por los obispos de Cuba y representantes del Vaticano y de la Iglesia Católica de los Estados Unidos, de México, de Italia y de las Bahamas, el cardenal de la Habana, Jaime Ortega Alamino, hizo notar que el finado papa Juan Pablo II había bendecido la primera piedra del nuevo seminario en una Misa celebrada en el mes de enero del año de 1998, durante su visita a la isla.

Fidel Castro, que en ese entonces era el presidente, prometió apoyo para el proyecto, dijo el cardenal.

“Esa promesa ha sido fielmente cumplida”, dijo, añadiendo sus gracias para los hermanos Castro, pues “ese trabajo había sido terminado apropiadamente con la ayuda del estado”.

En medio de los 300 concurrentes invitados a la apertura oficial, se encontraba el nuncio apostólico ante Cuba, arzobispo Giovanni Becciu; el arzobispo de Miami, Thomas G. Wenski; Carl Anderson, supremo caballero de los Caballeros de Colón y el arzobispo mexicano Emilio Berlie Belaunzarán de Yucatán.

En un mensaje enviado a nombre del papa Benedicto XVI se decía que esperaba que la inauguración del seminario fuera “una señal y un estímulo de un renovado compromiso para esforzarse cuidadosamente por una preparación humana, espiritual y académica” de los futuros ministros del sacerdocio.

En el mensaje, enviado al cardenal Ortega por el secretario de estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, se invitaba a los seminaristas a que “aumentaran su identificación con los sentimientos de Cristo, el Buen Pastor, por medio de la oración asidua, seria dedicación al estudio, apertura humilde para la divina palabra, digna celebración de los sacramentos y testimonio valeroso de su amor como auténticos discípulos y misioneros del Evangelio de salvación”.

El seminario tiene cupo para 100 estudiantes y abrirá sus puertas el próximo año. Está localizado en 54 acres de antigua tierra de labranza, al sureste de la Habana.

En el periódico mexicano La Jornada se explicaba que en el año 1966, en los primeros días del régimen de Castro, cuando las tensiones con la iglesia eran altas, la iglesia se vio forzada a entregarle al gobierno el antiguo seminario de San Carlos y San Ambrosio, construido en 1948.

Las clases se cambiaron a un claustro colonial clásico en el distrito histórico de la Habana, en donde se han impartido hasta ahora. Este edificio se convertirá en centro cultural y de estudio, con biblioteca y espacio para exhibiciones, conciertos, teatro y cinematografía.

El otro único seminario católico del país está en Santiago de Cuba, en la costa del sudeste.

La construcción del nuevo seminario de San Carlos y San Ambrosio empezó en 2006. La piedra que bendijo el papa Juan Pablo se encuentra resguardada en una caja de vidrio, a la entrada del seminario.

La iglesia se hizo cargo del costo total del trabajo con donaciones privadas, comunidades e instituciones católicas internacionales. El cardenal Ortega les dio las gracias a los donantes, incluyendo las Conferencias Episcopales de los Estados Unidos, Italia y Alemania; la Comisión Pontificia de Latinoamérica; los Caballeros de Colón; y católicos de los Estados Unidos, Francia, España y varios países latinoamericanos.

La inauguración del seminario de San Carlos y San Ambrosio coincide con una notable mejora de las relaciones entre la Iglesia Católica y el estado, después de 50 años de serio forcejeo. Los analistas describen la situación actual como “más relajada”, desde el proceso de diálogo iniciado con una reunión en mayo de Raúl Castro, el cardenal Ortega y el arzobispo de Santiago, Dionisio García Ibáñez, presidente de la Conferencia Episcopal Cubana.

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