Columna del Obispo – Escuelas Católicas e Identidad Católica

Columna del Obispo – Escuelas Católicas e Identidad Católica

Con la apertura de las escuelas a través de la Diócesis, tuve la oportunidad de visitar dos de nuestras escuelas primarias y dos de nuestras escuelas secundarias diocesanas. El propósito de mi visita es orar con los estudiantes, maestros y administradores y pedir las bendiciones de Dios sobre ellos al comienzo del año académico 2016-2017.

Rezar con los niños y los adolescentes es una experiencia muy poderosa. En una escuela Católica, tanto en el aula como en el campo atlético, el alumno no sólo es capaz de orar sino que se le anima a orar. En las escuelas públicas no se permite este tipo de oración abierta ni se permite ningún tipo de referencia hacia Dios. Mientras que, en una escuela Católica nuestra fe y cultura son infundidas en cada área del currículo y en otras actividades patrocinadas por la escuela. De esta manera los estudiantes pueden hacer la correlación entre el Evangelio y sus valores, la Iglesia y sus enseñanzas, y sus vidas.

La educación Católica ofrece una educación de la totalidad del estudiante — de mente, cuerpo y alma. Además de la excelencia académica, se proporciona la formación en la fe basada en la tradición Católica. La educación Católica es un ministerio de la Iglesia Católica cuyas enseñanzas, doctrinas y filosofía de la educación informa, forma y dirige la escuela.

En el corazón de nuestras escuelas está la identidad Católica, que es evidente en las lecciones que se enseñan; visible en el arte y la decoración en las paredes; y practicada por todos los involucrados en la escuela. La profesión de fe (el Credo de la Iglesia) y la adhesión a la enseñanza de la iglesia (doctrina Católica) son esenciales para la identidad Católica y la misión de la escuela. La verdadera fuerza de una escuela Católica reside en la fe Católica que rodea cada aspecto de nuestras escuelas. A esto se une la excelencia académica.

La educación Católica es una experiencia compartida. Cuando estamos rodeados de buenas personas con ideas afines, de buen corazón, apasionadas y fieles, la experiencia de fe puede ser más potente. Es bueno saber que no estamos solos y que hay una comunidad mundial fe con 2,000 años de historia y tradición apoyándonos, amándonos, guiándonos y formándonos.

Hay momentos en que ser Católico no es fácil; es un desafío. Es a menudo un desacuerdo con la cultura contemporánea. Nuestro mundo secular sugiere que lo que es correcto es lo que nos hace sentir bien e incluso lo que está de moda. Sin embargo, tenemos normas de moralidad y enseñanzas que son más importantes que los sentimientos y lo que está de moda en la actualidad. Estos guían nuestra vida. En nuestras escuelas, los estudiantes aprenden estas normas y enseñanzas.

Además, el poder de la oración pública y privada ofrece a nuestros estudiantes una fuerza interior que se deriva de la adoración a Dios y de aprender el mensaje sin filtrar del Evangelio de Jesucristo, como lo enseña la Iglesia Católica.

Mis visitas a nuestras escuelas siempre reafirman para mí los beneficios tangibles de la educación Católica, que forma y transforma a nuestros estudiantes. Las familias necesitan ser alentadas a considerar una escuela Católica para sus hijos. Sí, implica un sacrificio, pero es un sacrificio que resulta en el desarrollo completo de un niño, que ninguna otra opción de educación puede proporcionar.

Que Dios bendiga a nuestros estudiantes, maestros, personal y administradores a medida que crecen más cercanos a Cristo y a su Iglesia este año escolar.