Cuando los niños Hispanos se inscriben en las escuelas católicas, tanto los niños como las escuelas se benefician

Cuando los niños Hispanos se inscriben en las escuelas católicas, tanto los niños como las escuelas se benefician

Los que trabajan activamente para aumentar las matrículas de Hispanos en las escuelas católicas hacen esta declaración, señalando las ventajas demostradas de la educación católica para todos los estudiantes, y tomando en cuenta que muchas escuelas católicas necesitan inscripciones para aumentar el número de estudiantes para sobrevivir.

Pero también van más allá.

Unas estadísticas simples muestran que lograr ver más niños Hispanos en los uniformes escolares católicos es vital para el futuro de la iglesia en los Estados Unidos.

¿Por qué? Por el simple hecho de que la iglesia en Estados Unidos no se puede separar de la creciente influencia hispana en la sociedad estadounidense.

Actualmente, sólo hay alrededor del 3 por ciento de los niños Hispanos asistiendo a las escuelas católicas. Conformarse con esa estadística en un país en el cual la población Hispana Católica sigue creciendo, significa dejar que las escuelas se conviertan en restos del pasado y permitir que las futuras generaciones lleguen a la edad adulta sin la formación académica y la formación en la fe Católica que la educación puede proporcionar.

Marianela Núñez, quien trabaja en la Diócesis de Camden, es una de 15 personas en los Estados Unidos cuyo trabajo es ayudar a las escuelas católicas a reclutar a estudiantes Hispanos. Su título oficial es Consultora de Campo de la Iniciativa de Inscripciones Latinas, y su trabajo está financiado por una beca de tres años impartida por la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos.

“Soy la historia que estoy vendiendo,” dice ella.

Núñez creció en la República Dominicana, donde fue criada por su abuela, que le inculcó el amor por la educación. Una tarde, Núñez llegó a casa y le dijo a su abuela sobre sus experiencias en la escuela pública y su infelicidad allí.

“Ella dijo: ‘Yo no te quiero allí ‘ “, recordó Núñez. No tenía dinero para pagar la matrícula, así que fue a ver a un cura local en busca de ayuda. “Éramos pobres. Ella pidió ayuda. Ella era audaz”.

En consecuencia, Núñez empezó a ir a la escuela católica en el sexto grado con una beca. Ella fue instruida por las Hermanas Mercedarias y pronto comenzó a sobresalir.

Núñez llegó a los Estados Unidos en 2008 y trabajó como camarera mientras continuó su educación en la Universidad de Rowan en Glassboro. Se las arregló para terminar su carrera durante el tiempo en el que su abuela había enfermado y esta pudo asistir a su graduación antes de morir. Núñez recuerda a su abuela sonriente mientras ella se ponía su toga y birrete.

Núñez llegó a obtener una maestría en la Universidad de Villanova y trabajó en San José Pro-Catedral en Camden, donde impartió clases de inglés y dirigió el programa de Inglés como Segundo Idioma con la hermana Veronica Roche donde ayudó a los padres de habla hispana cuyos hijos asistían a la escuela parroquial.

Cuando Núñez habla sobre su trabajo como Consultora de Campo para la Iniciativa de Inscripción Latina, ella habla de “empoderamiento” y “oportunidades” y “el don de una gran educación católica.” Ella les dice a los padres, “Vamos a ayudar a sus hijos a tener éxito y a ser líderes – líderes con valores”.

Y ella habla de la iglesia y la experiencia de los inmigrantes, así como de la educación.

“Estoy sirviendo a mi pueblo. Han venido a este país como lo hice yo,” dice ella. “Esto es lo que estamos llamados a hacer como católicos, para ayudar a los necesitados, para servir a los inmigrantes”.

Un informe de la Universidad de Boston en las escuelas católicas y los Católicos Hispanos en los Estados Unidos, publicado el 7 de marzo señaló que “sin saberlo, algunas escuelas exhiben lo que se ha descrito como un “clima frío” cuando se alojan las familias hispanas”.

Núñez ha hecho su tarea de ser un puente entre las comunidades escolares y la cultura hispana local. Ella va a eventos parroquiales para promover las escuelas católicas, se reúne con los directores, hace entrevistas en los medios y se pone a disposición de las familias hispanas que necesitan cualquier tipo de ayuda. Ella también está ayudando a algunas escuelas a preparar a voluntarios bilingües.

Aun así, tal vez el mayor desafío, como Núñez lo sabe por su propia experiencia, es el dinero. En muchos casos, ni las familias ni las escuelas tienen suficiente, por lo que Nuñez trata de desarrollar La Campaña de la Ventaja de la Escuela Católica (CSA).

En pocas palabras, se está pidiendo a las escuelas que sigan una práctica utilizada por las aerolíneas y otros negocios. A medida que se acerca la hora de salida, la línea aérea venderá los asientos vacíos con un descuento basados en la teoría de que es económicamente mejor vender asientos a un precio reducido en lugar de dejarlos vacíos.

La misma teoría se puede hacer sobre escritorios y sillas en un salón de clases, dice Núñez. Proporcionar beneficios de matrícula basadas en los ingresos familiares beneficia tanto a las familias como a las escuelas, comenta. Hasta ahora ella tiene relaciones de trabajo con 15 directores.

“Los Latinos están aquí para quedarse”, dice Núñez. “Traer a los niños Latinos a nuestras escuelas es fundamental para el futuro de nuestras escuelas.”

An English language version of this article was printed in the May 20 Catholic Star Herald.

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