El importante ministerio de un catequista

El importante ministerio de un catequista

Me quito el sombrero ante las mujeres y hombres de nuestras parroquias que enseñan religión a los niños, adolescentes y adultos. No es tarea fácil – enseñar religión. Se les conoce como CATEQUISTAS, una palabra cuya raíz griega significa instructor y cuyo uso en la iglesia significa instructor de religión. El ministerio de un catequista requiere estudio, paciencia, oración, preparación, testimonio y un compromiso serio de tiempo y talento. Las metas del ministerio son facilitar un encuentro con Jesucristo, formar en Cristo los corazones y las almas de los estudiantes y transmitir el conocimiento sobre la fe Católica.

El Domingo Catequético ofrece una oportunidad de reconocer la importancia de la catequesis para el estudiante y para la iglesia y para agradecer a todos los que participan del ministerio catequético. Estas mujeres y hombres dan generosamente de su tiempo y su talento para instruir a sus estudiantes en la fe. Enseñar la fe es impartir las verdades de lo que creemos según la edad del estudiante, para que la entienda y afecte positivamente la vida de quien ha recibido lo que se le ha enseñado. Un catequista es un testigo de esa fe.

Además de los lugares formales donde se imparte la fe, tales como los programas parroquiales de formación de la fe y las escuelas Católicas, la enseñanza de la fe tiene lugar principalmente en la familia. Los padres son claves para el ministerio catequético porque ellos son los primeros maestros de sus hijos en los caminos de la fe. Esta es la vocación de un padre Cristiano. Sí, los padres deben proporcionar todo lo que un niño necesita para crecer y madurar físicamente, intelectualmente y emocionalmente, pero los padres Cristianos también deben velar por el crecimiento espiritual del niño. No hace falta decir, pero hay que decirlo, que es esencial que los padres crean en Cristo y en su Iglesia y que demuestren que son sus seguidores con su manera de vivir.

En el caso de un niño cuyos padres no están conectados con Jesucristo y su Iglesia, es extremadamente difícil lograr los objetivos de la catequesis. Hay padres que necesitan ser evangelizados para que sus hijos se beneficien de la catequesis. Es ligeramente diferente para los adolescentes y muy diferente para los adultos porque ellos no necesitan el mismo nivel de acompañamiento de los padres.

Algunas de nuestras parroquias celebraron el Domingo Catequético el 17 de septiembre; otras lo estarán celebrando este fin de semana. Este año el tema es Vivir como Discípulos Misioneros. Un Discípulo es un seguidor de Jesucristo. Un Misionero es el que se acerca a otros en nombre del Señor. Un Discípulo Misionero ha tenido un encuentro con Cristo y desea compartir con otros la alegría y la plenitud de ese encuentro. Ese tipo de intercambio ocurre durante una sesión de catequesis cuando la información que es fiel a la tradición Católica y a las enseñanzas de la Iglesia Católica se intercambia entre el catequista y el estudiante. Ese compartir del catequista debe inspirar al estudiante a desear una relación con el Señor Jesús y su Iglesia.

Entonces comienza la formación permanente del estudiante en los caminos y vivencias de la fe. La cate-quesis no es sólo para los jóvenes o para la preparación para los sacramentos. Crecemos en nuestra fe hasta el día en que morimos. Muchos católicos están atrapados en niveles infantiles de fe que no les ayudan a lidiar con las complicaciones de la vida. Nuestra diócesis y muchas de nuestras parroquias ofrecen programas para adultos que quieren crecer en su conocimiento y comprensión de nuestra fe. Los que se inscriben en estos programas suelen sorprenderse de lo mucho que se crece espiritualmente y en el conocimiento de la fe Católica.

Cada catequista instruye fielmente; intenta formar e inspirar a sus estudiantes de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Es un ministerio sagrado y esencial para la vida y el futuro de nuestra Iglesia. Aunque puede ser un desafío para el catequista, también es gratificante. Su objetivo final es llevar a cada estudiante al cielo.

Tal vez, después de leer esto, usted desee brindar su agradecimiento a un catequista de su parroquia por el importante ministerio que él o ella hace en nombre de nuestra iglesia.