La Iglesia Perseguida

La Iglesia Perseguida

En agosto asistí a la convención nacional de los Caballeros de Colón que se celebró en Filadelfia. El liderazgo de los Caballeros de todo el país y de todo el mundo, incluyendo países como Corea, Polonia, México, Canadá, Filipinas y otros, se reú-nen anualmente para revisar el trabajo de hermandad, los presupuestos establecidos y las agendas para el próximo año. Fue una reunión impresionante de miles de Caballeros, muchos de los cuales fueron acompañados por sus esposas. También asistieron diez Cardenales y como cien obispos. Una representación sustancial de Caballeros de Nueva Jersey estuvo presente, incluyendo Oficiales Estatales recientemente instalados y el antiguo Diputado del Estado de Nueva Jersey Andy Lipenta que es de nuestra diócesis.

En la cena de Estados, el banquete anual de la Convención, hubo dos predicadores cuyas pláticas fueron fascinantes. El primer predicador fue el Reverendísimo Bashar Matti Warda C.Ss.R, Obispo Caldeo de Erbil, Iraq, al cual le siguió el Reverendísimo Jean-Clement Jeanbutt, Arzobispo Griego Melquita de Alepo, Siria. Estos dos Obispos Católicos hablaron sobre la persecución que sus rebaños están experimentando en el Medio Oriente. Su mensaje a los Caballeros de Colón necesita ser escuchado no sólo por los Católicos sino también por personas de buena voluntad por todas partes, lo que los Obispos informaron no recibe mucha atención en los medios de comunicación. Sí, hay algunas voces que piden la atención sobre el sufrimiento de los cristianos en Irak y Siria, sobre todo la voz de nuestro Santo Padre, Francisco. Pero también muchos, incluso entre nuestros fieles Católicos desconocen de la persecución que se está haciendo en contra de la Iglesia y de los fieles en esa parte del mundo.

La persecución ha sido experimentada por la Iglesia desde los días de los Apóstoles. Que continúe en nuestro tiempo es impactante pero está sucediendo. La violencia, asesinatos, disturbios y destrucción que los Católicos y la Iglesia Católica están sufriendo en algunas zonas de Irak y Siria a manos de militantes Islámicos del jihad no tiene sentido. Están aún en guerra contra su propio pueblo. Estos terroristas no representan la religión Musulmana como la conozco a través de amigos y conocidos que son Musulmanes devotos.

Obispos y sacerdotes han sido secuestrados y asesinados. Las personas y las instituciones son las víctimas. Las vidas de los ciudadanos Cristianos son perturbadas, ya que se ven obligados a huir, abandonando sus propiedades y sus medios de subsistencia. Hay enormes campamentos de refugiados formados cerca de la frontera del Líbano. Edificios de Iglesias han sido destruidos y sus contenidos saqueados. Se ha informado que en algunos casos los militantes les permiten quedarse si renuncian al Señor y abandonan su fe.

Ambas iglesias son antiguas y sus raíces se remontan desde la época de los Apóstoles. En el día de Pentecostés, según dice San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, la gente de Siria fue testigo de los cristianos llenos del Espíritu que salieron a las calles de Jerusalén; que escucharon la predicación y fueron bautizados. La Iglesia ha existido en esa parte del mundo desde hace dos mil años y ahora se enfrenta a la aniquilación. Miles de familias Cristianas se ven obligadas a abandonar sus hogares y sus pueblos para convertirse en refugiados. En lugar de negar la fe y re-nunciar a Cristo, prefieren huir. Su situación clama atención, ayuda y respuesta. Algunas de las necesidades están siendo atendidas a través de agencias Católicas de ayuda, tal como Ayuda a la Iglesia en necesidad y la generosidad de los Caballeros de Colón.

Recordemos orar por esta Iglesia que sufre. Debemos asegurarnos de que nuestros funcionarios del gobierno escuchen sus gritos con el fin de responder a su difícil situación y buscar una solución al conflicto. Nuestras hermanas y hermanos en Siria e Irak que forman parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, están sufriendo y están siendo perseguidos por nuestra fe.

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