Un ejemplo del Discipulado Misionero

Un ejemplo del Discipulado Misionero

Estaba disfrutando de una comida en un restaurante mexicano en Bellmawr cuando noté a tres mujeres que entraron y empezaron a entablar una conversación con la joven mesera. No fue que yo estuviera espiando, pero su conversación era muy animada y el español que hablaban resultaba muy familiar para mi…”Iglesia”; “parroquia”; “Misa”; “quinceañera”. Una de las mujeres tenía en sus manos lo que parecía ser un bulto de carteles. El encuentro entre las mujeres y la mesera acabó con ambos lados repitiendo “!Dios te bendiga!”. Al salir las tres mujeres del restaurante, pegaron uno de sus carteles en un lugar muy prominente en la ventana delantera del restaurante y luego se marcharon.

Cuando terminamos de comer y salimos del restaurante, me detuve para leer el cartel en el que, para mi deleite, era una invitación a la cercana parroquia de San Joaquín; un número de teléfono, no el número de la parroquia (sospecho que era el número de celular de una de las mujeres), con un mensaje alentador de llamar con cualquier pregunta o pedir información sobre el bautismo para niños, preparación de niños para los sacramentos, clases de educación religiosa y una variedad de servicios religiosos y grupos para adultos ofrecido por la parroquia. La hora de la Misa dominical en español también estaba incluida. En esa área hay un aumento de Latinos, muchos de los cuales son Mexicanos que posiblemente frecuentan ese restaurante. Verán ese cartel con el mensaje de bienvenida a la Iglesia Católica. ¿Quién sabe qué podría resultar? ¿Qué respuesta provocaría el cartel?

Me di cuenta que había visto a tres Discípulos Misioneros en acción. Discípulos Misioneros que nuestro Santo Padre el Papa Francisco ha propuesto como una manera de ser Católico para cada miembro de la Iglesia. El Papa insta a los fieles a envolverse en actividades de evangelización. Esto significa difundir intencionalmente la Buena Nueva del Evangelio. Invitar a todos los hombres y mujeres a nuestra Iglesia Católica. Actuar con el espíritu de Misioneros que en nombre de Dios acudan a los demás. Vivir como seguidores (Discípulos) de Jesucristo. Siguiéndolo en cada situación y a todas partes.

Los discípulos, animan, ayudan y dan la bienvenida a todos a nuestra Iglesia. A través de su testimonio y compromiso quieren que otros experimenten lo que ellos han experimentado – el amor de Jesucristo. Eso era lo que las tres mujeres en el restaurante estaban haciendo. Verdaderas Discípulas Misioneras que son una bendición para nuestra iglesia. Se necesitan más mujeres y hombres como ellas en cada comunidad parroquial en nuestra diócesis.

Los Discípulos Misioneros comparten su fe invitando a otros a formar parte de Cristo y su Iglesia. Extienden una bienvenida acompañando a otros, invitándolos a una comunidad de creyentes. Buscan a todos, especialmente a aquellos que por una razón u otra se han alejado de Cristo y de su Iglesia. Ellos alientan a la gente para que sepan que Dios les ama y desea su amistad. Quieren que nuestra Iglesia sea un hogar espiritual para toda la gente.

Nuestro reto es familiarizarnos más y aceptar este llamado a ser Discípulos Misioneros. Nuestro desafío es entender que ser un discípulo de Jesucristo significa que no podemos conformarnos con dejar este trabajo a un sacerdote o a una religiosa. Cada uno de nosotros puede activamente acercar a otros a Cristo y a su Iglesia por medio de nuestras acciones, palabras y ejemplo. Cada uno de nosotros conoce a alguien que por alguna u otra razón se ha alejado de la Iglesia o del Señor. Tenemos que ir a ellos; estar con ellos, escuchar sus historias, sobre todo las de dolor y animarlos con nuestras palabras y ejemplo a regresar a Dios y a la iglesia.

Las tres mujeres que pusieron el cartel en la ventana del restaurante probablemente colocaron carteles en las ventanas de otras tiendas en la zona. Esa era su Misión. Para dar a conocer la información sobre la parroquia. Su compromiso con Cristo significaba ir de tienda en tienda y pedir permiso al dueño para dejar su cartel de bienvenida a la parroquia. Su misión y ellas mismas son un ejemplo del Discipulado Misionero.

Existen numerosas oportunidades y situaciones en las que cada uno de nosotros podemos hacer lo que nos pide hacer nuestro Santo Padre Francisco. Atraer a otros a la fe y a la Iglesia con nuestro testimonio de fe en la Iglesia y acercándonos a los demás. Esto no es complicado. Es tan sencillo como poner un cartel en un restaurante.