Una lección en la montaña

Una lección en la montaña
Kevin 2015

Kevin 2015

En la pantalla de mi computadora hay una foto del 2012. Es de un grupo de cuatro niños posando muy sonrientes al frente de su pequeña casa, la cual se encuentra en la cima de una montaña en el Cerro de la Corona, una colonia Mexicana en las afueras de Cuernavaca. Esta foto me recuerda a diario que no necesitamos “pertenencias” para sentirnos bendecidos y sonreír.

La primera vez que visité el centro de VAMOS en el Cerro de la Corona, quedé muy sorprendida de lo inclinada que estaba la colina que nuestro carro logró subir con esfuerzo, la espectacular vista del volcán, y las casas sencillas y tiendas talladas a lo largo de la montaña. Yo viajaba con el Padre Jeff Puthoff, S. J. y un grupo de jóvenes de la agencia de desarrollo juvenil Hope Works ‘n Camden (Obras de Esperanza en Camden). ¡Todos estábamos maravillados por este viaje! Yo había tenido la oportunidad de relacionarme con muchos niños Mexicanos y sus familias de mi parroquia, San José Pro-Catedral del Este de Camden, pero no tenía ni la menor idea que provenían de un lugar como este.

En febrero pasado, viajé a Cuernavaca por tercera vez como voluntaria de VAMOS, una agencia con diez centros comunitarios sirviendo a mujeres y niños de los más escasos recursos en colonias extremadamente remotas del centro de Cuernavaca. En este viaje, aprendí que el centro comunitario del Cerro fue construido de plataformas de madera desechadas por una fábrica cercana de Nissan. ¡Cuánta fuerza y esfuerzo tuvieron que haber sido usados para transportar suficiente plataformas de madera hasta lo alto de la montaña para construir el centro comunitario! Un año después, el edificio que da hogar a dicho centro comunitario le fue comprado al gobierno, y actualmente es un ancla en la comunidad donde muchas de las madres de familia se congregan mientras que sus hijos reciben servicios supleméntales de educación, comida y vitaminas. Muchos de los habitantes del Cerro viven en una pobreza extrema, sin una alimentación apropiada, agua potable o electricidad. Sus hogares constan de uno o dos cuartos y en ellos habitan seis o siete niños.

El 16 de febrero de 2015, acompañé al Consejo Directivo de VAMOS junto a mis queridos amigos Kim y Sean Dougherty en otro viaje a lo alto de la montaña para visitar el Centro Cerro de la Corona. Como es mi costumbre, saqué mi iPad para enseñarles a los niños fotos de New Jersey con nieve, de mi esposo e hijos, y fotos de otras visitas anteriormente a México. Por segunda ocasión en mis viajes, un niño me dijo que yo estaba mostrando una foto de él de tres años antes.

Le di un cálido abrazo. Su nombre es Kevin, y estaba en la foto de la pantalla de mi computadora. Le expliqué que la foto de él con sus amigos es mi favorita porque todos están sonriendo. En la cima de la montaña, el mundo de Kevin está muy lejos de las trampas de la vida en los Estados Unidos. Él no tiene la menor idea del número de veces que he enseñado esta foto a la gente diciendo, “¡Miren a estos hermosos niños! Ésta es su casa. Su papá la construyó para ellos y sólo tiene dos cuartos para seis niños y sus padres… ¡todos están sonriendo!” Kevin no entiende la diferencia. La lección de Kevin para nosotros es el apreciar lo que tenemos y mirar más allá de nuestras “pertenencias” para ser felices.