
OCEAN CITY – Josué Olmedo sabía que dejar a su familia en México para regresar a Nueva Jersey sería una decisión que cambiaría su vida.
Lo que no se sabía en ese momento: es cómo esta mudanza se convertiría también en una experiencia transformadora para los feligreses de San Damián.
“Esto ha sido todo un recorrido”, dice Rosemary Cates, coordinadora del ministerio de enfermería de la parroquia, mientras Olmedo y ella se abrazan con lágrimas en los ojos. “Josué es ahora como de la familia para todos nosotros”.
En efecto, Olmedo, de 21 años, nacido en Nueva Jersey, se reúne con esta familia parroquial en una de las oficinas de la iglesia una mañana reciente, mientras él y otros miembros de la comunidad de San Damián recuerdan cómo se cruzaron en sus vidas.
Durante aproximadamente un año, San Damián ha estado trabajando diligentemente para establecer un próspero ministerio parroquial de enfermería. En la actualidad, el ministerio cuenta con unos 15-20 voluntarios, tanto enfermeros como feligreses, que ayudan en las necesidades cotidianas.
“Las enfermeras parroquiales cuidan del cuerpo, la mente y el espíritu. Nuestro papel como enfermeras parroquiales suele ser ir más allá de los síntomas físicos y contemplar el ser en su totalidad, sabiendo que a veces lo que le falta a una persona también es una conexión espiritual”, dice Nicole Keefer, enfermera registrada, directora de enfermería parroquial de VITALity Servicios Católicos de Salud de la diócesis de Camden. “En la enfermería parroquial, oramos con la gente, las llevamos a las citas médicas y actuamos como defensores del paciente, ayudando a explicar un diagnóstico. Pero no hacemos tratamientos prácticos”.
Fue precisamente esta asistencia y educación lo que atrajo a Olmedo a la parroquia, gracias a la intervención del feligrés Asunción Ávila.
Ávila, miembro activo de la comunidad local hispana, oyó hablar de Olmedo por primera vez a través de un primo, quien a menudo le contaba la historia de Olmedo. Olmedo, cuya madre trasladó a la familia a México cuando él tenía 3 años, había regresado a Nueva Jersey para ganar un sueldo mejor que el que le ofrecían en la región de Oaxaca. Ahora, con 21 años, Olmedo trabajaba y aprendía inglés en Ocean City, pero tenía dificultades para desenvolverse en el sistema de salud, ya que necesitaba cuidados tras fracturarse la columna vertebral en un accidente de motocicleta cuando era más joven.
“Pensé: ‘Tengo que conocer a Josué. Parece un tipo que necesita ayuda’”, dice Ávila.
Después de conocer a Olmedo y ver lo difícil que era para él incluso caminar con su lesión, Ávila recordó haber escuchado de la hermana Verónica Roche, SSJ, asociada pastoral parroquial para el ministerio hispano, que San Damián tenía un ministerio parroquial de enfermería.
“Pensé que sería una buena idea traer a Josué a la iglesia”, dice Ávila.
A medida que Cates, enfermera jubilada, fue conociendo a Olmedo, con la ayuda de la hermana Verónica y de Ávila, “me di cuenta de que sus síntomas estaban empeorando. Tenía fuertes dolores de espalda y empeoraban si permanecía de pie o sentado durante mucho tiempo. El dolor se le irradiaba al brazo y tenía entumecido el cuello”.
Mientras tanto, el seguía con su trabajo en un restaurante del paseo marítimo de Ocean City, y no quería parar.
Así que mientras él continuaba con su trabajo durante el verano, Cates acepto con entusiasmo su vocación. Trabajó con Keefer para encontrar un proveedor de atención de salud que aceptara su Medicaid. Se puso en contacto con un cirujano general que conocía de Nuestra Señora de Lourdes y que ahora trabaja en Atlantic Care. Cuando le pidió recomendaciones médicas, él se encargó personalmente del caso, examinó a Olmedo y le hizo una resonancia magnética. Eventualmente, Olmedo fue programado para una cirugía con un neurocirujano en el Hospital Universitario de Cooper en Camden.
Pero el estado de Olmedo empeoraba y se le acumulaba líquido en la columna. Cuando Cates fue a visitarlo al trabajo un día de otoño, se dio cuenta de que la cirugía no podía esperar más. Apenas podía mantenerse en pie. Lo llevó a la sala de urgencias de Cooper. El fue operado el 10 de octubre; los feligreses y algunos fieles de Camden que habían oído hablar de su historia le visitaron en el hospital.
Ahora utiliza un bastón, pero unos días después de Navidad le pondrán aparatos ortopédicos en las piernas para ayudarlo a caminar y trabajará con un fisioterapeuta. Mientras tanto, tiene un nuevo trabajo en el paseo marítimo.
A lo largo de su recorrido, Olmedo se ha convertido en un rostro familiar en la parroquia. Avila y su esposa presentaron a Olmedo a la congregación; está utilizando los materiales de inglés como segunda lengua de la hermana Verónica, y los boletines parroquiales mantienen a los fieles informados de su progreso.
“Hay mucho apoyo tanto de los feligreses de habla inglesa como de los de habla hispana”, dice la Hermana Verónica. “Cuando las oraciones aparecían en el boletín, la gente de ambas comunidades se acercaba y preguntaba: “’ ¿A qué hora es la operación de Josué?’”.
Cates está de acuerdo. “Hay diferentes grupos de oración en esta parroquia que estuvieron orando por Josué. Todavía recibo correos electrónicos y mensajes de texto preguntando: ‘¿Cómo está Josué?’”.
Mientras tanto, como asociada pastoral parroquial para la justicia y la extensión comunitaria, Joanne Kelly ayuda a Olmedo con la comida cuando es necesario durante su recuperación. Además de conseguir tarjetas de regalo para el supermercado de la Sociedad San Vicente de Paúl de San Damián, también pasa por el apartamento de Olmedo con comidas del ministerio Food for Life, Alimento Para la Vida, de la parroquia, que cocina y congela comidas para los necesitados.
Cates sigue trabajando con Olmedo en los formularios médicos o gubernamentales necesarios, lo que, según ella, también ha sido una experiencia de aprendizaje útil para el ministerio de enfermería parroquial. Con 35 ministerios parroquiales de enfermería en la Diócesis de Camden, Keefer también dice que la experiencia de Olmedo ayudará en su trabajo de asistencia a los demás.
“Creo firmemente que el Espíritu Santo puso a todas las personas adecuadas en el lugar adecuado para ayudar a Josué”, dice Cates.
Y conocer a Olmedo ha ampliado también la familia de Cates. A lo largo de los meses, ella y su marido han aprendido algo de español y han llegado a conocer a la madre de Olmedo en México a través de videoconferencias.
“Su madre está muy contenta porque mucha gente está ayudando y haciéndose amiga de su hijo. Antes de que saliera de México, no tenía ni idea de cómo le iría aquí”, dice Cates.
Mientras se recupera, Olmedo espera participar más en la parroquia. Está bautizado como católico, pero no ha recibido los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía. Era devoto de su fe en México, incluso una vez montó en bicicleta durante tres días para asistir a la celebración anual de la Virgen de Juquila.
“Cuando pregunto a alguien por su viaje hasta este país y de dónde sacó el valor para dejar todo lo que conocía, todos dicen que fue la gracia de Dios. Todos lo relacionan con la fe”, dice la hermana Verónica.
Olmedo se pone sentimental al hablar de su experiencia desde que llegó a la parroquia de San Damián.
“Estoy muy agradecido por lo que he recibido. Nunca me hubiera imaginado que hay tanta gente que se preocupa tanto, hasta el punto de no querer que estuviera solo en el hospital”, dice. “Estoy especialmente agradecido con Rosemary y por todo el tiempo que ha pasado conmigo y con mi madre. Las llamadas telefónicas fueron de gran ayuda”.
Rodeando con un brazo a Olmedo, los ojos de Cates brillan de emoción mientras ambos sonríen. “¿Ves esta sonrisa es contagiosa? Nunca podría rechazarla”, dice.














