CIUDAD DEL VATICANO – Se acaba de concluir un estudio de dos años, hecho por expertos en la materia, de siete momias cuyos despojos mortales habían sido de personas ya adultas y que pertenecen a la colección de los museos del Vaticano.
Se sometió a las momias a un estudio completo de rayos equis, tomografía computarizada, exploraciones endoscópicas, exámenes histológicos o estudio microscópico de tejidos y toda una gama de exámenes genéticos; lo que llevó a bromear a un investigador que dijo “Estas momias han recibido más atención médica de lo que recibieron cuando las personas estaban vivas”.
De hecho, los científicos actuales pueden hacer la clase de diagnóstico que los doctores del antiguo Egipto probablemente no eran capaces de descubrir.
Los avances científicos en el campo de la genética, tecnología de imágenes e investigaciones nanotécnicas o de manipulación de material a nivel atómico y molecular han hecho posibles descubrimientos nuevos e inesperados a base de técnicas mínimas y no invasivas, muy lejos de las autopsias en las que “desenvolvían” las momias en el siglo XIX.
Primeramente, la momia a la que se le había dado el nombre de Ny-Maat-Re, “a la que siempre se referían como si en vida la persona hubiera sido mujer, fue de hecho hombre”, dijo Alessia Amenta, egiptóloga y curadora del departamento de Antigüedades de Egipto y del Cercano Oriente de los Museos del Vaticano.
Por medio de los jeroglíficos de la cobertura de la momia, pintados en tres dimensiones, cobertura hecha de yeso y vendas de lino, llamada en francés “cartonnage” (especie de cartón), se había podido identificar a la momia como la persona que en vida fue la hija de Sema-Tawi. Pero los resultados en tres dimensiones de la tomografía computarizada tomada a principios de enero demostraron que la momia, que nunca ha sido desvendada, fue en vida, claramente, hombre y no mujer, dijo Amenta.
“Este descubrimiento es muy reciente y abre toda una serie de preguntas que esperamos se puedan resolver”, dijo en rueda de prensa sostenida en el Vaticano el 17 de enero.
Personal de los museos del Vaticano utilizaron sus propios laboratorios de diagnóstico para la primera fase de los exámenes, que incluyeron rayos equis y endoscopías.
Pero Amenta se dirigió después al Instituto EURAC especializado en momias y en el Hombre Alpino de las nieves, y para el África central, situado en la ciudad italiana de Bolzano localizada al norte, que se dedica a recoger y analizar material genético antiguo y otros datos relacionados con momias.
Albert Zink, director científico del instituto, presentó los resultados ante el Vaticano y el público el 17 de enero.
Y dijo que por medio de los exámenes histológicos o de tejidos, practicados a una momia, se pudo descubrir lo que al parecer había sido un tumor benigno en el cuero cabelludo. Si se confirma esto con estudios posteriores, entonces “éste podría ser el primer caso de esta clase de tumor encontrado en una momia”, dijo.
Por medio de los estudios a nivel molecular se ha podido demostrar lo que parecía invisible al ojo humano: las dos momias expuestas al público en los museos del Vaticano “no están bien conservadas ” y, de hecho, están en peor estado de lo que están las otras cinco momias que se guardan aparte, dijo Zink.
Estos estudios marcaron un hito importante en el Proyecto de Momias del Vaticano, que se inició en 2007 para analizar y mejor preservar la colección de momias.
Las momias son muy diferentes a otros tesoros que se encuentran en museos pues las momias fueron seres humanos, en lo que Zink y Amenta estuvieron de acuerdo.
A una momia se le debe estudiar, mover y exhibir de manera digna y respetuosa, dijo Amenta. “Las momias son los despojos mortales de personas que tuvieron su propia vida, que amaron, que vivieron, que tuvieron hijos, que sufrieron enfermedades y, a su tiempo, se cubrieron de luto, como cada uno de nosotros lo puede hacer”, dijo.
Esto también quiere decir, bajo un punto de vista de conservación, que la momia tiene necesidades especiales para su almacenamiento y exhibición, especialmente con sistema de clima controlado que dificulte el deterioro y mejor mantenga su estado momificado, dijo Zink.
En cuanto a las investigaciones, las momias son un gran tesoro de información valiosa. Todo acerca de ellas lo es, como la manera en la que su dentadura se había desgastado, el contenido del estómago, el vestido y la forma como fueron enterradas las personas, las enfermedades que sufrieron; todo brinda numerosas pistas que nos ayudan a conocer más de la vida, las costumbres y creencias religiosas de los pueblos antiguos, dijo Amenta.
Todavía más importante, el descubrimiento de las diferentes formas de cáncer u otras enfermedades en las personas del mundo antiguo nos da un conocimiento valioso en relación con las enfermedades de hoy día y de cómo esas enfermedades han evolucionado genéticamente a través del tiempo, dijo.
“Podemos reconstruir la secuencia evolutiva de enfermedades importantes como la tuberculosis o la malaria que todavía existen y que presentan un grave problema de salud”, dijo Zink.
La pieza más pequeña de material genético puede arrojar detalles pasmosos, como cuando descubrieron en EURAC que el hombre de las nieves de hace 5,000 años sufría de intolerancia láctica y tenía la enfermedad de Lyme, transmitida por la garrapata, que causa el dengue.
“Estas momias representan una importante fuente de toda clase de investigaciones, y si no se les conserva en buen estado, perderíamos mucha información posible, pues las proteínas y el ácido desoxirribonucleico o ADN se degradan”, dijo.














