El Día Mundial de Oración por la Vida Consagrada

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Religiosas comparten el signo de la paz en la Misa para celebrar el Día Mundial de la Vida Consagrada el 2 de febrero en la Parroquia de la Sagrada Familia, Sewell. Foto por Debbie Troy

El Día Mundial de Oración por la Vida Consagrada se celebra cada año el 2 de febrero, el cual se observa en el calendario de la Iglesia como la Solemnidad de la Presentación del Señor. En ese día, la Iglesia celebra que María y José, cumpliendo con la Ley de Moisés, fueron al Templo en Jerusalén con su Hijo recién nacido para ofrecerlo a Dios. En ese día, el niño Jesús es consagrado a Dios a través de la ofrenda de María y José, una paloma, la ofrenda de los pobres.

El 2 de febrero también se conoce como el Día de la Candelaria porque en la Misa se bendicen las velas para uso litúrgico. Las velas simbolizan la Luz de Cristo que vence la oscuridad en el mundo. La Fiesta de la Presentación recuerda el día en que Jesús, la Luz del Mundo, entró en el Templo. Por sus votos perpetuos, mujeres y hombres consagrados dan testimonio de la Luz de Cristo.

El Papa San Juan Pablo definió el propósito de la celebración del Día Mundial de la Vida Consagrada: “Ayudar a toda la iglesia a estimar cada vez más el testimonio de las personas quienes han elegido seguir a Cristo mediante la práctica de los consejos evangélicos … una ocasión adecuada para que las personas consagradas renueven su compromiso y reaviven el fervor que debe inspirar la ofrenda de ellos mismos al Señor “.

En nuestra diócesis aprovechamos esta ocasión para expresar nuestro agradecimiento a las mujeres y hombres religiosos que sirven y viven en nuestra diócesis. Honramos a los religiosos consagrados que celebran durante el año aniversarios especiales de su profesión religiosa.

Este año festejamos a diez Jubilares que celebran en el 2020, 25, 50 y 60 años de consagración religiosa. Estos diez religiosos consagrados representan 300 años de compromiso y ministerio. Sus ejemplos de perseverancia y diversidad de ministerios son inspiradores y merecen nuestro reconocimiento y, sobre todo, nuestra gratitud. Su servicio ha marcado la diferencia en la vida de muchas personas y ha contribuido a la construcción del reino de Dios en el mundo. Estos 10 homenajeados representan a siete familias religiosas cuyos carismas ellos han introducido donde han servido.

La vida consagrada es importante para la iglesia y también para el mundo. Primero, la iglesia necesita su santidad. Segundo, el mundo se beneficia de su ejemplo al vivir como religiosos consagrados que voluntariamente han hecho una ofrenda de sus vidas a Dios a través de la vida diaria de los votos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Obediencia a través de la cual han encontrado libertad genuina; castidad por la cual su amor no es exclusivo para una persona sino para todos. Pobreza que reconoce en medio de este mundo la verdadera perla de gran precio. Sus ejemplos de discipulado alientan nuestro seguir al Señor y nuestra pertenencia a la iglesia.

Cuando el Niño Jesús entró en el Templo, se encontró con su pueblo en las personas de Ana y Simeón que lo saludaron como el Mesías prometido. Estos diez religiosos de más de 25, 50 o 60 años de vivir su consagración se han encontrado con Cristo en muchos días y en muchas personas, situaciones y circunstancias. La gente se ha beneficiado de estos encuentros y del ejemplo de su testimonio.

La próxima vez que usted esté con un religioso agradézcale por su ejem-plo de vivir una vida consagrada. Y, felicitaciones a los 10 que están celebrado aniversarios especiales este año, quienes fueron agasajados recientemente en nuestra celebración diocesana del Día Mundial de la Vida Consagrada.