
Una imagen amada que tenemos de Nuestro Señor es la del Buen Pastor. Durante el tiempo de Pascua escuchamos el Evangelio de Juan, que enfatiza el amor que el Pastor siente por sus ovejas y su disposición a dar su vida por ellas. Las ovejas oyen su voz y lo conocen. A veces la voz de un pastor habla lo que las ovejas no quieren escuchar y hay muchos que no escuchan.
En la Diócesis de Camden, dejé la decisión de cerrar la iglesia parroquial al párroco. Algunos lo hicieron, otros no. Las que estuvieron abiertas era SOLO para que los fieles rezaran ante el Santísimo Sacramento, siempre respetando el distanciamiento social. Yo emití una prohibición contra la celebración pública de los sacramentos en la iglesia o en cualquier otro lugar parroquial.
Durante estas últimas semanas he recibido algunas peticiones de algunos de los fieles que me pedían que revocara esa decisión. Siento la sinceridad de algunas de estas personas para quienes el recibir la Sagrada Comunión y la participación en la Misa son prácticas diarias. Mi decisión les causó angustia espiritual, como a todos los fieles, a nuestros sacerdotes y a mí mismo.
Extraño la presencia de una congregación mientras rezo la Misa. La fe y la participación activa del pueblo de Dios alientan mi fe. Extraño el canto de los himnos, especialmente durante estas semanas de Pascua, cuando celebramos durante 50 días el Misterio Pascual, la Muerte y Resurrección del Señor Jesús. Extraño saludar a los fieles después de la Misa, intercambiar bromas o escucharlos cuando buscan consejo o piden oraciones. Simpatizo con las familias que han perdido a un ser querido y no han podido reunirse con familiares y amigos para un velorio, una Misa fúnebre y en el cementerio debido a las limitaciones en el número de personas que pueden estar presentes.
Algunos que escribieron cartas para quejarse sobre la falta de disponibilidad pública de los sacramentos están completamente mal informados. Culpan de esa decisión al gobernador de Nueva Jersey. Otros imaginaron algún tipo de conspiración antirreligiosa por parte de los funcionarios electos. Nada de esto es verdad. La decisión la tomé yo como obispo diocesano por el cual tengo la autoridad canónica.
Lo hice por el cuidado de un pastor por la salud de su rebaño y siguiendo el consejo de algunas de las mentes científicas y médicas más brillantes del mundo y en conjunto con los obispos Católicos de Nueva Jersey. Sugerir que un político o una propaganda anticatólica sean los responsable es ridículo.
Nuestras prácticas Católicas tuvieron que cambiar durante esta pandemia. No hacerlo sería criminal. Es un hecho que este virus se propaga fácilmente entre grupos de gente. Es contagioso. Causa enfermedades terribles y la muerte. Incluso se adhiere a superficies no humanas. El número de víctimas localmente y en todo el mundo son asombrosos.
Sí, nuestra iglesia es una iglesia sacramental. Sin embargo, hay otras formas de experimentar la presencia del Señor, como la práctica de la comunión espiritual que ha sido utilizada por la Iglesia Católica durante siglos. Yo la fomento y exhorté a nuestros párrocos a que hicieran lo mismo. Que tengamos la posibilidad de transmitir en vivo las Misas es un fenómeno contemporáneo que la Iglesia esta utilizando eficazmente. Miles de fieles encuentran consuelo espiritual al seguir las Misas desde sus hogares. El ver y escuchar a su párroco y orar con sus compañeros feligreses son fuentes de gracia para muchos.
La suspensión de Misas es una cuestión de justicia. No podemos poner en peligro las vidas de otros ni ser la causa de su muerte. Es una cuestión de fe. Nuestra Ley fue dada por Dios, el quinto mandamiento, “No matarás”. Eso es una cuestión de caridad cristiana. La Ley de Jesús es “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La suspensión de celebraciones públicas en las iglesias de la diócesis de Camden permanecerán vigentes hasta que los expertos nos digan que es seguro reunirse públicamente en grupos.
Sabemos que cuando eso suceda (y todos estamos rezando para que sea pronto) se deberán seguir restricciones y limitaciones. Por ejemplo, las posiciones de los asientos y el movimiento en la iglesia se harán de manera diferente de como eran en el pasado. NO VOLVEREMOS A HACER LAS COSAS DE LA MISMA MANERA QUE SE HACÍAN ANTES DEL 15 DE MARZO. La semana pasada nuestros párrocos recibieron un memorando detallado de seis páginas de nuestro Vicario General para ayudar en la preparación para la reapertura. Será una nueva forma para que las congregaciones puedan reunirse y moverse en los edificios de nuestras iglesias y será muy difícil.
La cancelación de la Misas en los tiempos de pestilencia es algo que se ha hecho durante el curso de la historia de la Iglesia Católica. Los que nos han precedido puede que no hayan tenido el beneficio de la evidencia científica pero tenían sentido común para separarse cuando era necesario hacerlo. Nosotros los Católicos predicamos la santidad de la vida, lo que significa que seguimos normas razonables para proteger la vida humana. Tomamos todas las precauciones para garantizar la seguridad pública.
Esta experiencia ha sido muy difícil para nuestros párrocos y sacerdotes de la diócesis. Les agradezco todo lo que han tenido que hacer y soportar durante este tiempo. Su personal ha sido ejemplar en responder a los muchos correos electrónicos y memos del Vicario General. Nuestros profesores y administradores de las escuelas Católicas han superado el desafío del aprendizaje a distancia. Muchas de nuestras oficinas diocesanas han estado muy ocupadas proporcionando eventos pastorales para transmitir en vivo y dar orientación para los ministerios pastorales en nuestras parroquias.
Finalmente, sería negligente de mi parte no decir que en un futuro no muy lejano, la Misa diaria en cada iglesia parroquial de esta diócesis no será posible debido a la escasez de vocaciones al sacerdocio diocesano. Recientemente, tuve una reunión con los que me aconsejan sobre las asignaciones de los sacerdotes, y fue muy evidente que no tenemos el número de sacerdotes necesarios para asignar a nuestras parroquias. Cada miembro de la iglesia debe hacer mucha oración y una búsqueda intensa de candidatos. Cada uno puede ayudar acercándose a un hombre joven que conozca y considere digno del sacerdocio y preguntarle si ha considerado una vocación al sacerdocio diocesano. Usted nunca sabe lo que pueden hacer sus palabras en el corazón y la mente de ese joven. En la cultura contemporánea, por una variedad de razones, muchos hombres jóvenes dudan en responder al llamado del Señor para servir a la Iglesia como sacerdote de Jesucristo, nuestro Buen Pastor.
Encomendamos a la misericordia del Señor a los que murieron durante esta pandemia y a quienes los lloran. Que los enfermos recuperen la salud. Oremos para que pronto haya una vacuna disponible para protegernos contra este virus. Que Dios nos bendiga ahora y por siempre. Que todos se mantengan seguros durante esta pandemia.














