
“La Iglesia rezaba fervientemente a Dios”
Hechos 12: 5
El mes de Mayo en nuestra tradición católica está dedicado a la Madre de Dios. Mayo es el mes de María durante el cual muchas parroquias observan rituales tradicionales y devociones a la Santísima Madre. Uno de ellos es la coronación con flores de una estatua de María en reconocimiento a su realeza. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre la Iglesia en Pentecostés, María, la Madre de Jesús estaba presente. El lunes siguiente al Domingo de Pentecostés celebramos a María, Madre de la Iglesia la cual reconoce que ella fue llena como los Apóstoles de los efectos del Espíritu Santo y que no hay iglesia sin Su presencia. María siempre apunta a Cristo y no solo en el mes de Mayo sino en todos los meses del año.
Este Mayo de 2021, nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, convocó a un maratón de oración global en 30 Santuarios Marianos de todo el mundo, con la intención de ofrecer oraciones a la Santísima Madre para poner fin a la pandemia que continúa causando desastres y sufrimiento humano en el mundo. La letanía de la Santísima Virgen María la invoca con títulos hermosos y poderosos, la Salud de los Enfermos y Consoladora de los Afligidos. Cada día de Mayo ha habido una transmisión en vivo desde uno de los santuarios Marianos elegidos y se ha anunciado una intención de oración particular. Ha sido un evento inspirador invocando a la Madre de Dios en nombre de los que están en peligro. El Lunes 31 de Mayo desde el Vaticano el Santo Padre concluirá este mes maratónico de invocación a la Madre de Dios. La lista de santuarios e intenciones de oración se pueden encontrar en https://bit.ly/3gMANYS.
Al final de cada servicio de oración en el santuario particular, se recita la oración Sub Tuum Praesiduum. Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita! Amén.
Aprendí esta oración en el cuarto grado y durante todos estos años la he rezado en todo tipo de situaciones personales cuando sentía que el peligro estaba cerca. ¿Quizás has hecho lo mismo? La oración me ha fortalecido y me ha asegurado la presencia de Dios y la intercesión de la Madre de Jesús en mi nombre cuando sentí miedo.
La referencia a los Hechos de los Apóstoles 12: 5, que encabezó esta iniciativa Papal, se refiere a la joven Iglesia que oraba por Pedro, su líder, cuando estaba en prisión enfrentando una situación muy peligrosa y Dios actuó en su nombre y lo rescató. El mismo poder liberador de Dios puede ser experimentado por nosotros a través de la intercesión de la Madre de Dios. Por ejemplo, en el rezo del Rosario, la repetición del Ave María puede calmarnos y el Misterio de la Fe que introduce cada decena del Rosario nos recuerda la acción pasada de nuestro Dios y la actuación continua de Dios en nuestro nombre.
Este maratón de oración llama a María con amor y busca su ayuda. Ella es verdaderamente la Madre de Dios; nuestra Madre; la Madre de la Iglesia. Cuando rezamos el Rosario, cada Ave María nos involucra en una conversación con Dios. Nos dirigimos a ella con los saludos inspirados por Dios que recibió del Ángel Gabriel y de su prima Elizabeth. Ella está “llena de gracia”. Su estatus único entre todas las mujeres y hombres. Ella es quien es, por la gracia de Dios.
Aunque esta pandemia parece estar desapareciendo en nuestro país, sigamos acudiendo a María en busca de consuelo para aquellos que lloran la pérdida de un ser querido por el virus; recordemos a aquellos en todo el mundo que aún enfrentan el peligro de muerte por el Covid; demos gracias a Dios por aquellos cuyo servicio desinteresado se ha mostrado durante esta emergencia, los primeros en responder, el personal médico y los científicos; y recemos por nosotros mismos “ahora y en la hora de la muerte. Amén.”
Cuando era niño, mi madre me enseñó la oración El Memorare y la rezo todas las noches antes de dormir. Fue escrita por San Bernardo de Claraval. Enseñe esta poderosa invocación de la Santísima Madre a las generaciones más jóvenes. Compártela con ellos, para que cuando el peligro les presente su feo rostro en el futuro, puedan rezar a la Madre de Dios.
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que hayan acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.














