Sobre de lo que podemos aprender de los mineros rescatados

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Al salir Victor Segovia, de 48 años, uno de los 33 mineros chilenos atrapados por 69 días media milla al interior de en una mina, el Presidente Sebastián Piñera le dio un abrazo saludándolo: “Bienvenido a la vida”.

Aunque parezca irónico, los mineros sobrevivieron sólo porque tenían vida plena — de fe, compartimiento, disciplina, estructura, unidad y liderazgo abnegado. Podemos aprender mucho de su experiencia.

Al emerger cada uno al proyectores o sol brillante del desierto Atacama, gente por todo el mundo estaba ante sus televisores. Al interrogante qué era tan interesante, una mujer dijo que era ver algo que realmente funcionaba.

Vivimos en tiempo cuando nada parece funcionar, la economía global y nacional, los sistemas políticos, relaciones entre naciones, comunidades y hasta familias.

Se hunde el mundo en fracasos, desmaña e incompetencia, sea humana o tecnológica. Las maquinas de British Petroleum para evitar un derrame masivo en el golfo no funcionaron. La respuesta al huracán Katrina fue tristemente inadecuada. Millones de huevos contaminados tuvieron que ser retirados. Hay muchos más ejemplos.

El rescate de los mineros chilenos fue un éxito completo, una hazaña de ingeniería, un milagro de fe y supervivencia, una lección en cooperación internacional.

“Es una historia gratificante,” dijo un hombre de Nueva York. “Es valores familiares. Es liderazgo. Es todo lo que debiéramos tener aquí.” Invirtiendo todo lo necesario para salvar los mineros, el Presidente Piñera pidió y recibió ayuda de una docena de países. Una empresa de Austria hizo el sistema de torno y polea para la cápsula.

NASA contribuyó la dieta de altas calorías para evitar nausea causada por la rotación de la capsula en las curvas en el agujero de 28 pulgadas. Center Rock, Inc., Berlin, Pennsylvania, construyó los martillos capacitados por émbolos para hacer el agujero.

Médicos de NASA y de la marina chilena contribuyeron su sabiduría sobre los efectos de reclusión prolongada.

Más que todo, la fe aseguró la supervivencia y rescate de los mineros. Con fe en Dios y en su comandante Luis Urzua, de 54 años, y con la inquebrantable esperanza de rescate, los mineros sobrevivieron 17 días con un suministro de alimento de emergencia designado para 48 horas.

Cada dos días se proporcionaba a cada uno dos cucharitas de tuna, una taza de leche, una galletita y un poquito de cubierto de melocotón.

La fe también motivó a los líderes fuera de la mina. “Tenía la firme convicción profundamente dentro de mí que estaban vivos y eso dio fuerte respaldo a mis acciones”, dijo el presidente chileno.

Trajo al ingeniero chileno de minería más eminente para encabezar los esfuerzos de búsqueda y rescate. La marina chilena construyó la cápsula. Al descubrir a los mineros vivos, médicos y psicólogos los atendieron diariamente.

En la mina, uno minero surgió como líder espiritual. Yonni Barrios, quien en un tiempo había tomado un curso de primer auxilio, sirvió de paramédico, dando inyecciones, recogiendo las pruebas de sangre y orina para enviar en la superficie.

Una rutina de trabajo, descanso y hasta de recreación mantuvo a los mineros mental y físicamente saludables. La unidad predominó. Hasta llegaron a un acuerdo de compartir cualquier ingreso que recibieran por la historia de lo que experimentaron.

Cuando la liberación llego, los más jóvenes, ancianos y aquellos en condición frágil física o psicológica subieron primero. Entre los últimos salieron los mayordomos y, finalmente, 22 horas después que emergió el primer minero, subió el abnegado Urzua.

Qué contraste su conducta con la de los magnates de Wall Street que se apropian de enorme paga extra mientras que la economía sufre y sus empleados de baja escala ven sus ingresos disminuir año por año.

Moises Sandoval is a former editor of Maryknoll magazine and founding editor of Revista Maryknoll.