
Durante el tiempo de Pascua, los católicos de la Iglesia oriental se saludan con este saludo pascual: ¡Cristo está resucitado, Ciertamente, ¡Él está Resucitado!
Este saludo pascual confiesa la Resurrección de la Muerte a la Vida del Señor Jesús. Fíjense, utiliza el tiempo presente del verbo. Cristo “está” Resucitado. En efecto, Él “está” Resucitado. “Está” se refiere a la acción presente de Jesucristo. Él está Resucitado en nuestras vidas y situaciones cotidianas. La Resurrección del Señor tiene lugar en el ahora.
Desafortunadamente, algunos limitan la Resurrección del Señor al pasado. A aquella mañana de Pascua en que salió del sepulcro. La muerte no pudo encadenar a Dios. Otros limitan la Resurrección del Señor al futuro. Habrá Resurrección de los muertos en el último día. Ambas perspectivas son válidas. Sí, resucitó del sepulcro aquella primera mañana de Pascua. Sí, resucitará para juzgar a vivos y muertos en el último día. Sin embargo, su Resurrección afecta a este día. El día de hoy. Nuestra realidad presente. Nuestro aquí y ahora en el que Cristo está Resucitado.
El Señor Resucitado nos redime ahora en nuestras realidades y situaciones presentes. Se comunica con nosotros a través de la Iglesia. Actúa en cada uno de los siete sacramentos. En la penitencia, perdona nuestros pecados. En la Sagrada Eucaristía, nos da a comer y beber su Cuerpo y su Sangre. Nos unge cuando estamos enfermos y moribundos; derrama la vida misma de Dios – (Padre, Hijo y Espíritu Santo)- en nosotros en las aguas del bautismo. Nos fortalece y nos hace más semejantes a Cristo en la confirmación. Él vincula y une el amor de un hombre y una mujer en el matrimonio. Ordena a los hombres en el sacramento del Orden para que actúen en su persona a través de su ministerio como sacerdotes u obispos. Los sacramentos son las acciones del Señor resucitado.
La Resurrección de Jesús tuvo lugar en el tiempo y en la historia, en los que Él ha Resucitado. Para nosotros, que vivimos en el tiempo y en la historia, el Señor Resucitado está presente. Hay ocasiones, por ejemplo, cuando sufrimos, que puede ser difícil experimentar Su presencia Resucitada. Por otra parte, ante el sufrimiento de los demás, por ejemplo, las víctimas de la guerra, el hambre, la falta de justicia, la pobreza y las catástrofes naturales, puede resultar difícil confesar que Él está Resucitado. Algunos dicen: “¿Dónde está Dios en todo este sufrimiento?”.
Mira profundamente. Mira con fe. Hay signos del Resucitado en la bondad y generosidad de los demás. En la preocupación de las mujeres y de los hombres de buena voluntad. En la respuesta de caridad a los demás. En el tomar cada día la Cruz para seguir a Cristo, que ha Resucitado de entre los muertos. El Resucitado penetra en las tinieblas y en todos nuestros problemas, a los que trae esperanza y vida.
¡Cristo está resucitado! Ciertamente, ¡está Resucitado!














