
BLACKWOOD – El sol brillaba intensamente sobre la Diócesis de Camden cuando 15 hombres fueron ordenados diáconos permanentes en la mañana del 4 de octubre.
“Dios está sonriendo hoy”, dijo el obispo José Williams a los cientos de personas reunidas en la iglesia Santa Inés, parroquia Nuestra Señora de la Esperanza.
“Han escuchado Su voz y han respondido al llamado. Estan listos para hacer lo que hay que hacer”, dijo el obispo Williams a los candidatos al diaconado. “Gracias por su “sí” a Jesús”.
Procedentes de 13 parroquias, los hombres ordenados fueron Edward J. Danzi, Michael C. Drees, Paul W. Goebel III, Carlos A. González Pérez, Eddy D. González, Matthew Krug, Charles M. Lacey Jr., Walkens J. Moise, Luis A. Mounier, Paschal C. Nwako, Kirk A. Popiolek, Louis J. Presenza Jr., Edwin B. Santos Jr., Barry B. Steele, y Douglas R. Stetser.
“Que Dios, que ha comenzado la buena obra en ustedes, la lleve a buen término”, dijo el obispo Williams, señalando que los hombres ahora ac-túan “in Persona Christi Servi, en la persona de Cristo, el siervo”. Como tales, deben tener un “amor que se vacía de sí mismo” dondequiera que los lleve su ministerio.
“Sean amigos de los pobres y marginados… de los inmigrantes… de los adictos… de los enfermos”, y prediquen la Buena Nueva a “los corazones de las personas que arden por la Palabra”, dijo.
La Misa fue concelebrada por el obispo emérito Dennis Sullivan, el vicario general Jon Thomas y sacerdotes de la diócesis. Decenas de diáconos permanentes de la diócesis participaron en la liturgia, y las esposas, hijos, familiares y amigos de los ordenandos estuvieron presentes para compartir la alegría.
En su homilía, el obispo Williams destacó la importancia de una predicación eficaz, diciendo: “Si no los alimentamos, se alimentarán en otro lugar”. Cuando los diáconos prediquen, “pregúntense: ¿Veo los corazones de las personas ardiendo por la Palabra que he preparado?”
Otra clave de su ministerio: “Amen primero a sus esposas e hijos. La gente quiere verlos enamorados de sus cónyuges. Eso también evangeliza. Qué regalo”.
El recién ordenado diácono Santos podía identificarse con ello. El feligrés de la parroquia Sagrada Eucaristía en Cherry Hill, agradece a su esposa desde hace 27 años, Crystal, por ayudarlo en su camino de fe. Nacido en el Bronx, Nueva York, en el seno de una familia católica y con raíces puertorriqueñas, se alejó de la fe. Su esposa lo trajo de vuelta a la Iglesia hace años.
“A medida que los sacerdotes y feligreses se relacionaban conmigo, mi corazón se abrió a la fe de una manera que no creía posible”, dijo el diácono Santos, de 45 años, que trabaja en las fuerzas del orden federales. “Me integré en la comunidad como lector y ministro de la Eucaristía. También brindé clases de educación religiosa”.
“Sin embargo, faltaba algo. Todos los dones que ahora había aprendido, quería compartirlos con otras personas”, continuó el padre de tres hijos. “Puedo ayudar a las personas que se encuentran al margen de su fe, con esos sentimientos de confusión e incertidumbre, y contarles mi historia. No importa la edad que tengas, ni de dónde seas, Dios es paciente y siempre está dispuesto a recibirte de vuelta”.














