
El tiempo de Adviento, estas cuatro semanas que preceden a la Navidad, nos invita a reflexionar sobre las tres venidas del Señor. Su venida en la historia (el pasado), en el misterio (el presente) y en el futuro (el final).
En cada celebración de la Misa se reza por la venida (definitiva) futura o final del Señor: “Aguardamos la esperanza bienaventurada y la venida de nuestro Salvador Jesucristo”. Su venida en gloria al final de los tiempos como el Cristo de Dios. “Él aquí que viene con las nubes descendiendo. Una vez inmolado por nuestra salvación; mil, mil santos asisten, engrosan el triunfo de su tren; aleluya, aleluya, aleluya, Cristo el Señor vuelve para reinar.” (EL VIENE)
Hacia el final del tiempo de Adviento, la atención se centra en la primera venida del Señor. Hace mucho tiempo, en la historia. El Niño de Belén, nacido según la carne de María de Nazaret. La Navidad. “Porque Cristo ha nacido de María, y reunidos todos arriba, mientras los mortales duermen, los ángeles velan su amor maravillado. Oh estrellas de la mañana, proclamad juntas el santo nacimiento y cantad alabanzas a Dios Rey. Y paz a los hombres en la tierra”. (PEQUEÑA CIUDAD DE BELÉN)
La venida de Dios en el misterio; la venida en el aquí y ahora. En los Sacramentos; en la Palabra de Dios; en una variedad de disfraces humanos; en acontecimientos y experiencias humanas, especialmente el amor. “Rey de reyes, aún nacido de María, Como antaño en la tierra Él estuvo, Señor de Señores en vestidura humana, en el cuerpo y la sangre; Dará a todos los fieles Su propio ser por alimento celestial”. (QUE TODA CARNE MORTAL GUARDE SILENCIO)
En Adviento miramos hacia atrás; nos preparamos; rezamos; deseamos; miramos a nuestro alrededor; esperamos; miramos hacia adelante; esperamos y nos preparamos para Aquel QUE VINO; QUE VIENE Y QUE VENDRÁ DE NUEVO.
Tómese un tiempo para considerar las tres venidas del Señor. Su Adviento en el pasado; Su Adviento aquí y ahora, y Su Adviento en el futuro. No permita que el frenesí de esta época del año lo distraiga. Concéntrese en la “razón de la temporada”, Jesús el Salvador, y esta temporada de Adviento lo llevará a una Navidad bendecida.
Ven, Señor Jesús, Ven.














