
Mientras Aidan Camire cruzaba el escenario para recibir su diploma en el auditorio de la escuela secundaria Paul VI, su familia reflexionaba sobre el regalo que ha sido su hijo y hermano, así como la educación basada en la fe que ha recibido en los últimos cuatro años.
“Estamos orgullosos de él y del hombre en el que se está convirtiendo”, dijo Linsey, la hermana de Camire, quien se graduó de PVI en 2017.
Su madre, Tracey, expresó su agradecimiento por la experiencia católica que sus hijos vivieron en la escuela. “La fe es una parte muy importante de nuestras vidas. Siempre debemos estar agradecidos con Dios y sus bendiciones, como la de esta noche.”
En las escuelas secundarias católicas de la Diócesis de Camden, seguramente muchos otros familiares compartieron estos mismos sentimientos mientras sus hijos, hijas, sobrinos, sobrinas y nietos se graduaban de las escuelas católicas del sur de Nueva Jersey.
“Vayan con Jesús en todo lo que hagan. Él los conoce, los ama y tiene un plan para ustedes”, dijo el Obispo José Williams a los graduados de Paul VI High School, Camden Catholic (Cherry Hill), Gloucester Catholic (Gloucester City) y Wildwood Catholic Academy (North Wildwood), al celebrar sus respectivas Misas de graduación junto al clero concelebrante, así como las ceremonias de graduación junto al profesorado y la administración escolar durante la primera semana de junio. El Obispo Dennis Sullivan celebró la Misa de fin de año escolar (Baccalaureat) para Holy Spirit High School en Absecon.
En sus palabras, el Obispo Williams recordó a los jóvenes graduados que la Iglesia se encuentra en el Año Jubilar de la Esperanza, y destacó el “optimismo natural que se refleja en sus rostros. … Acaban de lograr algo grandioso. Tienen toda una vida por delante en una tierra de oportunidades y muchas cosas buenas los esperan.”
El obispo citó la lectura de la Misa tomada de la carta a los Romanos, donde San Pablo escribe con confianza que “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.”
De hecho, los graduados de las escuelas católicas tienen “una gran base para la esperanza,” dijo el Obispo Williams. “Incluso cuando las cosas buenas que esperábamos no suceden – no conseguimos el trabajo que queríamos, no tenemos la relación que deseábamos – Dios aún nos ama. Ustedes son hijos muy amados de un Dios que no puede dejar de amarlos. Nunca seremos descartados. Y aún más, ese amor de Dios quiere que seamos felices. Él tiene un plan para nuestra felicidad.”
El Obispo Williams compartió su propia experiencia personal del plan de Dios cuando él estaba en la misma etapa de sus vidas, como graduado de la escuela secundaria Stillwater, Minnesota, en 1992.

En ese entonces, tenía planes de ser médico y tener una familia numerosa. Recordó haberle pedido a Dios que respondiera esa oración. Pero luego comenzó a surgir una pregunta: “¿No debería preguntarle a Dios qué quiere El que yo haga?”
Comenzó a orar diciendo: “Señor, ¿qué quieres que haga?” Pronto, se desplegó otro plan.
“Cuando mi oración cambió, mi vida cambió”, dijo el Obispo Williams. “Dios me lo dejó claro: no quería que fuera médico del cuerpo, sino médico del alma. No tendría solo 10 hijos, sino decenas de miles. Dios nunca destruye nuestros sueños. De hecho, los hace más hermosos si se lo pedimos.”
De manera similar, el obispo animó a los graduados a preguntarse: “¿Cuál es la obra para la cual Dios me ha creado, que no le ha dado a nadie más?”
Por su parte, los graduados de Holy Spirit High School fueron felicitados por el Obispo Sullivan, quien celebró la Misa de Baccalaureate en la iglesia de la Asunción, parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Galloway. El Obispo Sullivan expresó su esperanza de que los nuevos exalumnos “ahora y durante toda su vida, encuentren en sus corazones la ternura, la misericordia y la cercanía de Dios.”
“Si alguna vez sienten soledad, busquen en su corazón y encuentren a Dios”, predicó. “Si alguna vez piensan que han hecho algo que enfadó a Dios, recuerden la misericordia y el perdón de Dios. Si alguna vez experimentan sufrimiento – físico, emocional, mental o espiritual – que parezca alejar a Dios, recuerden que Dios es compasivo. Dios comparte su sufrimiento.”
Como testigos de este amor, el Obispo Sullivan animó a los graduados a transmitirlo, y a “tener la compasión de Dios hacia quienes son diferentes a ustedes, aquellos a quienes la sociedad rechaza y desprecia, y también hacia aquellos con quienes puedan no estar de acuerdo.”














