
Desde 1973, la Iglesia católica de Estados Unidos celebra el mes de octubre como el Mes del Respeto a la Vida. Este año, celebramos su 50 aniversario. Durante los últimos 50 años, medio siglo, nuestra Iglesia ha alzado una voz profética y solitaria en defensa de la vida en todas sus etapas, desde la concepción en el vientre materno hasta la muerte natural. La preponderancia de las cuestiones contra la vida que han surgido en nuestro país durante este medio siglo y siguen surgiendo es asombrosa.
La vida es sagrada porque nos la ha dado Dios. Cuando el Cardenal Terence Cooke, Arzobispo de Nueva York, que en 1971 me ordenó sacerdote, estaba experimentando un sufrimiento extremo y moría, escribió lo siguiente: “El don de la vida, don especial de Dios, no es menos hermoso cuando va acompañado de enfermedad o debilidad, hambre o pobreza, discapacidad mental o física, soledad o vejez. De hecho, en estos momentos, la vida humana adquiere un esplendor adicional, ya que requiere un especial cuidado, preocupación y reverencia. Es en y a través de los recipientes humanos más débiles donde el Señor continúa revelando el poder de su amor”.
Las palabras del Cardenal son un poderoso testimonio del don de la vida, otorgado por Dios, a cuya imagen y semejanza hemos sido creados. En el Mes del Respeto a la Vida, debemos apoyar y reforzar los programas en favor de los no nacidos, los ancianos, los que no tienen un hogar, los moribundos, los que sufren y los discapacitados. Éstos y otros son víctimas del poderoso lobby anti-vida en nuestro país.
En observación de este 50 aniversario del mes del Derecho a la Vida, el presidente de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), el obispo Michael Burbidge, ha publicado una declaración titulada “Vivir la solidaridad radical”. Les insto a leerla. La frase solidaridad radical tiene su origen en el Papa San Juan Pablo II. Es un llamado a acompañar a las mujeres embarazadas o a las mujeres que atraviesan circunstancias difíciles y se encuentran en situaciones vulnerables mientras crían a sus hijos. Vivir la solidaridad radical demuestra nuestra preocupación por ellas.
Pido a los comités parroquiales provida que introduzcan programas en sus intentos provida que sean de solidaridad radical con las mujeres y sus hijos quienes necesitan ejemplos de caridad práctica por parte de nosotros que somos provida. Que estos programas sean un testimonio del Evangelio de la Vida y de la agenda de Respeto a la Vida de la Iglesia Católica.














