En cada Misa después del Padre Nuestro, el sacerdote reza: “Líbranos, Señor …”. que concluye “mientras esperamos la esperanza bendita y la venida de nuestro Salvador Jesucristo”. Aunque el Adviento es una temporada corta de sólo cuatro semanas, sus grandes temas de espera, venida y esperanza están contenidos en esta oración que se reza en cada Misa. Se puede decir que el Adviento siempre está ante nosotros cuando se ofrece la Eucaristía.
Debido a que esperamos que el Señor regrese, la vigilancia y la paciencia deben acompañar nuestra expectativa mientras esperamos su entrada en este tiempo. Así como una vez Él entró en el tiempo, según la carne, por Su Encarnación y Su Nacimiento. Anhelamos que el Señor, que murió en la Cruz y resucitó, venga a rescatarnos. Esta vez, “la venida de nuestro Salvador Jesucristo” será una venida gloriosa y un encuentro con Dios. Anhelamos lo que será mientras esperamos con lo que es.
La antigua oración de Adviento de la Iglesia es: “Ven, Señor Jesús, ven”. A esta oración podemos agregar súplicas aún más intensas como: Ven pronto; Ven ahora; Ven, muéstrate; Ven, sálvanos. Esta oración tradicional de Adviento busca, incluso suplica, que Dios actúe en nuestras vidas. Oramos para que ahora el Señor actúe en nuestras vidas indivi-duales y que actúe en lo que aún está por ocurrir en nuestras vidas individuales.
El Adviento comienza el calendario de la Iglesia. Comienza un nuevo año de la gracia de Dios. Con Dios, siempre hay comienzos. Podemos seguir adelante, crecer y cambiar. No estamos encadenados por nuestro pasado. En nuestro presente, en nuestro Ahora, el Señor actúa. El Adviento también mira hacia el fin de los tiempos. A la segunda venida del Señor; no como el Niño de Belén, sino como el Señor de la Gloria y el Poder, nuestro Salvador, que es “nuestra bendita esperanza”. Por Él anhelamos.
Un himno de Adviento del siglo octavo, CONDITOR ALME SIDERUM, canta:
“Creador de las estrellas de la noche, luz eterna de tu pueblo, oh Cristo, Redentor de todos nosotros, te rogamos que nos escuches cuando te llamamos”.
Durante este Adviento de 2020 en el que continua-mos lidiando con una pandemia, una situación que ninguno de nosotros había enfrentado antes, debemos hacer un gran llamado a nuestro Dios, que nos ha dado tal Redentor. Recientemente leí CARTAS DE TRIBULACIÓN, un libro escrito en 1987 por el Padre Jorge Bergoglio (Papa Francisco) sobre el sufrimiento que padeció la Sociedad de Jesús en el siglo dieciocho cuando enfrentó la represión por parte de la Santa Sede. Es una colección de cartas, de algunos Superiores Generales de la Sociedad en las que animan a sus cohermanos a encontrar un camino espiritual en tiempos de “confusión y tribulación”.
Son muchas las tribulaciones que enfrentamos personalmente, como los problemas familiares y enfermedades, y otras tribulaciones que enfrentamos juntos como las dolencias y muertes realizadas por el virus Covid19 o el sufrimiento causado en nuestra Iglesia por la vergonzosa historia de abuso de menores por parte de los clérigos que ha causado a sus víctimas heridas que nunca desaparecerán. Estas atrocidades deben ser reconocidas y condenadas. Debe buscarse el perdón de los heridos y del buen pueblo de Dios que han sido engañados por los líderes de la iglesia. Se debe ofrecer penitencia y oración; deben ocurrir conversión y justicia. Sobre todo, tenemos que permitir que el Espíritu Santo renueve y sane. Necesitamos que el Señor nos libere de preocupaciones inútiles mientras nos preparamos para esta Navidad.
Adviento 2020 es una oportunidad para hacer esto. Oremos: Ven Señor Jesús, Ven. Necesitamos Tu consuelo. Ven ahora. Muestra Tu poder. Eres nuestra bendita esperanza.














