Abogar por la vida es más importante

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En la tarde del viernes 24 de enero, pueden encontrarme en la esquina de las avenidas New Jersey y Constitution en Washington D.C. Estaré allí para saludar a los fieles de nuestra diócesis que participan en la Marcha Anual por la Vida en la capital de la nación. Esta es la 47va Marcha por la vida. Mujeres, hombres,

adultos jóvenes y adolescentes valientes de nuestras parroquias y escuelas que son capaces de resistir los rigores invernales de un desfile por la avenida, se unen a miles de personas en esta manifestación anual pro-vida en la capital de nuestra nación. La marcha es un testimonio público muy necesario de la santidad de la vida. La mentira de que el aborto es el derecho de una mujer para elegir debe ser cuestionada y expuesta como falsa. El niño en el útero no tiene otra opción, ya que su vida se destruye con la aprobación del gobierno. Los Obispos Católicos de los Estados Unidos nos recordaron recientemente que “la amenaza del aborto sigue siendo nuestra principal prioridad porque ataca directamente la vida misma, porque tiene lugar dentro del santuario de la familia y por la cantidad de vidas destruidas” (FORMANDO CONCIENCIAS PARA UNA CIUDADANÍA FIEL).

Desde Roe v Wade (1973) se estima que más de 50 millones de vidas humanas inocentes han sido arrancadas del vientre de su madre. La decisión de la Corte Suprema de Roe v Wade afirma que nuestra Constitución garantiza el derecho a destruir la vida humana en el útero de la madre. ¿Creen ustedes que el aborto estaba en la mente de los escritores y

redactores de la Constitución?

Este año, el tema de la Marcha es “Empodera la Vida: Pro-Vida es Pro-Mujer”. El tema está tomado de la celebración centenaria del movimiento de

sufragio femenino en los Estados Unidos. Este año es el aniversario número 100 de la 19va Enmienda que otorgó a las mujeres el derecho al voto. Susan B. Anthony, una famosa sufragista, estaba firmemente en contra del aborto al que llamó “la máxima explotación de las mujeres”. El aborto es el asesinato deliberado de la vida humana. Esta verdad se basa en la ciencia. ¿Qué se aborta del útero de la madre? ¿Una manzana? ¡No! Está muy claro que es una

persona humana; un ser humano vivo. ¿Cuándo empieza la vida humana? Esa es una pregunta válida y la respuesta es fácil. En la concepción. La vida humana es un regalo de Dios que comienza cuando los padres participan en la actividad creativa de Dios a través del amor íntimo entre un hombre y una mujer. Engendran a un ser humano que requiere 9 meses de vida en el útero antes de salir del

vientre.

Hay una pendiente resbaladiza en la sociedad; una que es alarmantemente evidente aquí en Nueva Jersey, que permite el suicidio médicamente asistido, lo que permite a los médicos recetar medicamentos letales a pacientes con menos de seis meses de vida. El permiso para el suicidio asistido ha sido seguido por la reciente negación de una exención a las personas de fe en los planes de beneficios de seguro de salud que pagan procedimientos contra la vida que violan las creencias religiosas fundamentales de diferentes religiones.

  Hay una batalla en curso. La cultura de la muerte que niega lo sagrado de la vida humana en todas sus formas parece estar creciendo cada vez más fuerte. Los medios de comunicación le prestan mucha

atención. Los políticos continúan avanzando la cultura de la muerte cuando votan a favor de proyectos de ley, como los dos mencionados anteriormente. Incluso políticos que se identifican como Católicos Romanos.

Una cultura pro-vida no ignora las muchas otras condiciones urgentes y graves que amenazan la vida humana, como la vivienda, la atención médica, la pobreza y una infinidad de otras que deben estar en la agenda pro-vida. El cultivo agresivo de una cultura de la vida es más necesario que nunca en nuestro país. Cada uno de nosotros está llamado a este trabajo. Algunos pueden hacerlo participando en actividades públicas; otros pueden hacerlo con oración y sacrificio. No podemos permanecer indiferentes a la creciente oscuridad que representa el aborto.

Cada persona humana es valorada, no por lo que él o ella puede hacer, sino porque son creados por Dios, hechos a la imagen de Dios. “Incluso los más débiles, los más vulnerables, los enfermos, los viejos, los no nacidos y los pobres son obras maestras de la creación de Dios, hechos a su propia imagen, destinados a vivir para siempre y merecen la mayor reverencia y respeto” (Papa Francisco).