
“Cristo en la Casa de Sus Padres” es el título de una pintura del artista británico del siglo XIX John Everett Millais. Representa el taller de un carpintero desordenado. Un carpintero está construyendo una puerta de madera. Un niño se cortó en la palma de la mano, posiblemente con un clavo. Una mujer mayor se acerca con preocupación al niño, quien también es consolado por una mujer más joven. Ella se arrodilla ante él como para besar su herida. Un niño lleva una taza de agua para lavar la herida. Esto es familia. Esto es seguridad. Esto es terriblemente ordinario. Esta es la Sagrada Familia.
Cuando se exhibió por primera vez “Cristo en la Casa de Sus Padres”, el público reaccionó desfavorablemente. Estaban molestos porque el artista describió a la Sagrada Familia y la escena dentro del taller del carpintero como algo muy ORDINARIO. Sin embargo, yo sugiero que el artista lo entendió: según todas las apariencias, la Sagrada Familia en Nazaret era una familia común. Nadie sabía la verdad sobre esa familia Nazarena.
Millais enfatiza su punto sobre la cotidianeidad de ellos, pintando a San José, haciendo trabajos de carpintería, creando una puerta mientras pedazos de madera vuelan por todos lados, ensuciando el piso. El joven con una herida en la mano es Jesús. La mujer mayor, su abuela, Santa Ana, acercándose al niño herido. La mujer más joven, su madre, la Santísima Madre, que reacciona ante su hijo doliente con amor maternal. El joven vestido con una toga de pelo de camello, llevando una taza de agua, Juan el Bautista. Todos están representados sin signos externos, como una aureola o ropa elegante, que los identifique como la Sagrada Familia de Nazaret. Lo que sucedió en ese taller de José es cosa de todos los días, lo cotidiano de la vida humana.
Ha concluido el año en honor a San José, invocado por el Papa Francisco en el 150 aniversario de la proclamación de San José como Patrón de la Iglesia Universal. Sin embargo, esto no significa que descartemos a José. Durante nuestra celebración de la Navidad la cual se aproxima, el hará apariciones frecuentes al recordar las circunstancias que rodearon el nacimiento en la carne del Hijo de Dios y Sus primeros años en Nazaret.
Con suerte, el año en su honor ha resultado, de nuestra parte, con una mayor devoción a San José, que era la intención del Papa Francisco. En la Carta Apostólica “Patris Corde” declarando el Año de San José, el Santo Padre escribió: “El objetivo de esta Carta Apostólica es aumentar nuestro amor por este gran santo, animarnos a implorar su intercesión e imitar sus virtudes y su celo “.
Durante el año de San José, prediqué sobre él en todas las ocasiones que estuve con los jóvenes de la Diócesis. En las Misas del Espíritu Santo de las escuelas secundarias; visitas a nuestras escuelas de gramática, y en más de 100 Confirmaciones tanto en primavera como en otoño. En esas charlas, alenté a los jóvenes a desarrollar una relación con San José y a aplicar en sus jóvenes vidas lecciones de santidad de las que pudieran aprender de él.
A través del árbol genealógico de José, Jesús recibe la herencia real del rey David. Se cumple la antigua profecía de que de la casa real vendría el Mesías. José cumple con los requisitos del gobierno para el censo y lleva a María embarazada a Belén, donde en circunstancias desesperadas da a luz a su hijo. Nuevamente, la profecía se cumple. “Pero tú, Belén, la más pequeña de los clanes de Judá, de ti me saldrá el que será el gobernante de Israel”. (Miqueas 5: 1)
Cuando soñó, José escuchó atentamente la voz de Dios y obedeció lo que Dios le pidió. El protegió a la Sagrada Familia del daño físico. José voluntariamente hizo lo que Dios necesitaba que hiciera y, sin saberlo, ayudó en la obra de salvación. Su cuidado amoroso como el padre terrenal de Jesús tuvo que haber influido en la predicación del Señor acerca de Su Padre Celestial.
San José puede enseñarnos sobre el SERVICIO, el suyo era para María y Jesús; sobre la ORACIÓN, el escuchó y respondió a las voces de los ángeles; sobre el VALOR, era un refugiado que huía a Egipto con la Sagrada Familia; sobre OBLIGACIONES, llevó fielmente a Jesús al templo y lo introdujo en la práctica, las costumbres y el conocimiento de la fe judía; sobre el MIEDO, valientemente tomó a María embarazada como Su esposa a pesar de las circunstancias en las que se encontraba; sobre la JUSTICIA, tenía razón en su conducta con Dios y los hombres; acerca del TRABAJO, se ganaba la vida y mantenía a su familia como carpintero.
“Sigue a José y él te llevará a Cristo”. (Papa Pío XII) Hagamos eso en el día a día, año tras año en nuestras vidas, y creceremos en santidad y como discípulos de Jesucristo. El escenario de la pintura de Millais es una carpintería ordinaria poblada por gente corriente que es la Sagrada Familia de Nazaret. Su cotidianeidad nos recuerda que aquí es donde podemos encontrar a Dios. En Navidad, en un bebé que de niño pudo haberse lastimado la palma de su mano en el taller de su padre y pudo haber sido atendido por su amada familia.
En estos últimos días de Adviento mientras continuamos orando, “Ven, Señor Jesús”, recordemos como lo describe el cuadro “Cristo en la Casa de Sus Padres”: Él entra en las experiencias cotidianas de nuestras vidas.














