Durante el Rito de Ordenación de Sacerdotes, el Obispo hace una serie de preguntas a los candidatos sobre su decisión de llevar a cabo el cargo de Presbítero (Sacerdote) “de acuerdo con la mente de Cristo y de la Iglesia, bajo la dirección del Obispo”. Observen que la resolución o el compromiso de un sacerdote es triple: 1) refleja a Cristo 2) está en unión con la iglesia y 3) es dirigido por el obispo. Para la pregunta final, cada candidato se arrodilla ante el obispo y coloca sus manos unidas entre las del obispo que pregunta: “¿Prometen respeto y obediencia a mí y a mis sucesores?”
Ambos gestos, arrodillarse y las manos del candidato en manos del obispo, indican una conexión entre el sacerdote y el obispo, quien sea el obispo (“mis sucesores”) a lo largo de todos los años del ministerio del sacerdote. Es una conexión “espiritual” basada en el respeto y la obediencia. Respeto significa que el sacerdote reconoce al obispo como padre en Cristo; obediencia significa que el sacerdote coopera y ayuda en el ministerio del obispo. El respeto y la obediencia son virtudes sacerdotales que le permiten al obispo hacer su ministerio de supervisión de la diócesis y le permiten al sacerdote compartir el ministerio del obispo.
Habiendo transferido recientemente dieciocho (18) párrocos y cinco (5) párrocos asociados, el tema del respeto y la obediencia es muy importante para mí. Una transferencia nunca es fácil para un sacerdote. Recuerdo vívidamente mis propios traslados y las emociones personales que surgieron cuando cambiaba de asignación a pedido de mi obispo. Al mismo tiempo, la transferencia puede ser desafiante, incluso molesta para los fieles que pierden a “su” sacerdote y tienen que acostumbrarse a un nuevo sacerdote.
Algunas personas expresan su decepción por la transferencia de un sacerdote escribiendo al obispo pala-bras de elogio sobre el ministerio del sacerdote. Disfruto esas cartas. Siempre es una buena noticia recibir un informe favorable de los fieles que explique cómo el ministerio de un
sacerdote en particular impactó
positivamente en sus vidas.
También hay algunos que escriben y me dicen que no puedo hacer lo que hice; que debo revertir la decisión; que soy insensible a la cultura de esa pa-rroquia; que abandonarán la iglesia si el Padre X es transferido y nunca más contribuirán a la iglesia. Aprecio su pasión, pero esos sentimientos indican que no entienden la relación de un obispo en la vida y el ministerio de un sacerdote; ni entienden el papel del obispo como supervisor de toda la iglesia diocesana, no solo de una
parroquia. Además, no tienen conocimiento del mandamiento de apoyar a la iglesia.
En el caso de la transferencia de un párroco, hay un proceso que se sigue cuidadosamente en nuestra diócesis; este proceso está guiado por la ley universal de la Iglesia. La ley particular de la iglesia en los Estados Unidos desde 1984 le otorga a un párroco un mandato de 6 años que es renovable una vez por 6 años más. Nuestros
sacerdotes en Camden son notificados cuando se abre un pastorado y si hay un sacerdote interesado en una parroquia en particular, le escribe al Vicario para el Clero indicando sus razones para ser considerado para ese pastorado. Su carta se comparte con los miembros de la Junta de Personal Sacerdotal que revisan las razones propuestas por el sacerdote. La mayo-ría de los sacerdotes en la junta son elegidos por sus compañeros. Asisto a esas reuniones y escucho los informes que se presentan sobre la parroquia y las opiniones de los miembros de la Junta sobre el nombramiento de un sacerdote para una parroquia en parti-cular. Luego, considero en oración las deliberaciones de la Junta de Personal, junto con mi propio conocimiento de la parroquia y el sacerdote para llegar a una decisión informada.
Como obispo, tengo la responsabilidad de considerar las necesidades de toda la diócesis, no solo de una parroquia en particular, y evaluar la competencia de un sacerdote en particular para esa parroquia en particular. Dependo del consejo de mis hermanos sacerdotes en la Junta de Personal Sacerdotal. Después de tomar mi decisión, hablo individualmente, frente a frente, con cada sacerdote para proponer la transferencia y las razones de la misma. Si lo desean, les doy tiempo para orar por mi pedido.
Me complace informar que nuestros sacerdotes fueron generosos en sus respuestas positivas a pesar de las dificultades personales que la transferencia implicaba para ellos. Ahí es donde entra en juego el “respeto y la obediencia”. Sus sacerdotes de Camden, mis hermanos, demostraron un profundo respeto y obediencia primero, a mí su obispo, pero también al pueblo de Dios, a ustedes, al aceptar la transfe-rencia en obediencia a las necesidades de la diócesis. Estoy tan orgulloso de ellos al igual que ustedes deben estarlo.
Lo he escrito anteriormente, pero repito una vez más que el problema MÁS GRANDE y URGENTE que enfrenta la diócesis de Camden es la necesidad de más sacerdotes para nuestras parroquias. Por favor AYUDEN. Si conoce a un joven en su parroquia o, en su familia, que cree que sería un buen sacerdote, dígaselo. La cultura contemporánea hace extremadamente difícil que los hombres jóvenes escuchen y respondan al llamado de Dios al sacerdocio. Hay demasiadas distracciones ruidosas que impiden que un joven escuche el llamado del Señor al sacerdocio de Jesucristo. A veces una palabra de aliento de otra persona lo lleva a considerar seriamente el sacerdocio. Oren también por un aumento de las vocaciones al sacerdocio diocesano y por los seminaristas.
Díganle a su párroco de su agradeci-miento por su ministerio y por su vida. Los sacerdotes necesitan saber que los fieles los aprecian. Hay mucha negatividad contra los sacerdotes que los afecta, los sacerdotes pueden aprovechar y beneficiarse de sus pa-labras de ratificación. Oren por los sacerdotes y por su obispo también.
Finalmente, el 15 de julio siete sa-cerdotes se retiraron del ministerio activo. Llamo a estos hombres, “veteranos de la viña”. Han seguido fielmente el curso, han mantenido la fe y han servido a la iglesia durante muchos años en una variedad de mi-nisterios. Felicitaciones a estos hermanos míos, sus sacerdotes que merecen retirarse. Todavía son sacerdotes y mantienen un cierto nivel de ministerio. Con gratitud de mi parte, su obispo, y de los miles y miles de mujeres y hombres que a lo largo de los años se han beneficiado de su servicio sacerdotal, “bien hecho, buenos y fieles siervos” ……
El padre Mark R. Cavagnaro
Mons. Michael J. Doyle
El padre John A. O’Leary
El padre Michael P. Orsi
El padre Joseph A. Perreault
El padre Michael P. Rush
El padre John J. Vignone














