
“Marzo entra como un león y sale como un cordero” es una frase popular que se refiere a la experiencia de un tiempo frío a principios del mes de marzo y más cálido a finales de marzo con la llegada de la primavera. Hasta hace poco, éste había sido nuestro patrón meteorológico en el noreste. Mientras escribo esta columna, el frío intenso y las tormentas de nieve no rugen como un león. Es un día primaveral como un “cordero”. Un meteorólogo de la televisión anunció que este es el invierno más cálido de la historia.
Nuestro Santo Padre el Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica (palabras escritas por el Papa) “Laudate Deum” (Sobre la crisis climática), continuación de su encíclica sobre el medio ambiente, “Laudato Si” (Alabado seas mi Señor), advierte sobre los efectos desastrosos del cambio climático en las personas y en la tierra. La advertencia papal merece nuestra atención: “En lo que respecta al clima, hay factores que siguen adelante durante mucho tiempo … por esta razón, ya no podemos detener el enorme daño que hemos causado. Sólo estamos a tiempo para evitar daños todavía más dramáticos” (nº 16).
Con frecuencia, en mis visitas a las parroquias de nuestras costas, me hablan de los problemas cada vez mayores que afrontan esas comunidades a causa de la erosión y las inundaciones. El Santo Padre escribió: “Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequías” (n.5). La frase popular sobre el tiempo en el mes de marzo (a la que se hace referencia más arriba) no tendrá sentido en un futuro próximo.
Este año, durante todo el mes de marzo, continúa el tiempo penitencial de la Cuaresma. Son cuatro semanas para esforzarse más en la práctica de los tres pilares de la Cuaresma: caridad, oración y abnegación. Estas prácticas tradicionales de más tiempo con Dios (oración); más conciencia de la Ley de Cristo, amor a Dios, amor al prójimo (caridad); y depender más de Dios (abnegación), pueden ayudarnos espiritualmente a desarrollar vidas más plenas en Cristo. Nos orientan más hacia nuestra relación con el Señor y nuestra relación con los demás.
Oración, tiempo con Dios. Reservar un tiempo cada día. Tiempo sin interrupciones. Con regularidad. Requiere cierta disciplina. Ayuno, negación, sacrificio intencionado. Renunciar. Hacer una ofrenda. Hacer un acto de penitencia. Caridad. Tender la mano. Amar como Cristo. Dar de buena gana. Mostrar preocupación práctica por los necesitados. Con determinación, utilicemos estas prácticas probadas y verdaderas en las cuatro semanas restantes de Cuaresma para crecer como Discípulos de Cristo.
Durante la última semana de marzo, se celebrará la Semana Santa – desde el Domingo de Ramos hasta la Vigilia Pascual, nuestra celebración anual del Misterio de la Fe, la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El Triduo Sacro – Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo – es la liturgia principal de la Semana Santa. Al Triduo le sigue el domingo de todos los domingos, el Domingo de Resurrección, la victoria pascual de la Muerte a la Vida de nuestro Dios. El mes de marzo concluirá con nuestra celebración del triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte y nuestra participación en El por el Bautismo.
Un libro que estoy leyendo esta Cuaresma es “Los santos modernos”, de Gracie Morbitzer. Es una colección de retratos y reflexiones sobre los santos. Me conecto con las historias de santos que eran personas humanas reales, mujeres y hombres, como nosotros, que alcanzaron la santidad siguiendo a Cristo. Sus historias me animan a seguir a Cristo.
En el calendario de la Iglesia, durante las cuatro semanas de nuestro viaje cuaresmal a lo largo del mes de marzo, hay conmemoraciones de santos cuyas historias estimulan nuestra fe. Conocer sus historias nos ayuda a seguir a Cristo y a convertirnos en sus discípulos. Entre los santos de marzo de esta Cuaresma se encuentran: San Juan de Dios, San Casimiro, las Santas Perpetua y Felicidad, Santa Francisca de Roma, San Cirilo de Jerusalén. Cada uno de estos santos y santas tiene una historia fascinante sobre el seguimiento de Cristo.
El 17 de marzo se celebra a San Patricio, Apóstol de Irlanda. El respondió a la invitación de Dios de ir entre los irlandeses con la verdad del Evangelio y plantar la Iglesia en aquella isla. Misionero sin una gota de sangre irlandesa en sus venas, San Patricio convirtió a las tribus celtas paganas. Es un ejemplo para nosotros a quienes el Papa Francisco ha llamado a ser discípulos misioneros.
Entre la compañía celestial de los santos que se celebran en el mes de marzo se destaca San José, esposo de la Virgen María. Su fiesta se celebra solemnemente el 19 de marzo. San José, el hombre sin palabras, pero de grandes acciones. Enfrentado a una difícil elección personal ante el embarazo de María, la decisión de San José de tomarla por esposa y, por tanto, a su hijo, muestra la profundidad de su fe. Se enfrentó a otras opciones mientras cuidaba de la Sagrada Familia. El ejemplo de San José puede ayudarnos a elegir a Cristo.
Las prácticas tradicionales de la Cuaresma pueden fortalecer nuestra relación con Dios y nuestra identidad como discípulos de Jesucristo. Que esa sea nuestra experiencia durante las cuatro semanas que quedan de Cuaresma, sin importar el tiempo “como un león o como un cordero”.














