
El domingo 5 de enero, en la Solemnidad de la Epifanía, celebré para nuestra Diócesis la apertura del Año Jubilar. En esa Misa, prediqué sobre el tema del Año Jubilar: la esperanza. Los siguientes son extractos de esa homilía. Que estos puedan animar su participación y comprensión del Año Jubilar de la Esperanza:
Antes de ofrecer la primera Misa de Navidad, nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, abrió la puerta jubilar en la Basílica de San Pedro. El cruzó el umbral, y así comenzó este Año Jubilar de la Esperanza. Durante su homilía de Navidad, el Papa Francisco rezó para que este Año Jubilar nos fortalezca en nuestra fe, nos ayude a reconocer a Cristo resucitado en medio de nuestras vidas y nos transforme en peregrinos de la esperanza.
Hermanas y hermanos, que estas oraciones se hagan realidad en nuestras vidas durante este Año Jubilar. Los problemas, las tragedias, los sufrimientos y las dificultades que padecemos pueden debilitar nuestra fe. Cuando suceden, nos preguntamos: “¿Dónde está Dios?”.
Cristo resucitado vive. ¿Le reconocemos cuando atravesamos los valles de las tinieblas? Que nuestra participación en este Año Jubilar 2025 nos ayude a vivir como peregrinos de la esperanza.
El símbolo cristiano de la esperanza es el ancla, de la que el Papa Francisco dijo: “Nos ayuda a reconocer la estabilidad y la seguridad que nos corresponden en medio de las aguas turbulentas de esta vida. Las tormentas que nos azotan nunca prevalecerán, porque estamos firmemente anclados en la esperanza que nace de la gracia, que nos permite vivir en Cristo y vencer el pecado, el miedo y la muerte. La esperanza nos hace elevarnos por encima de nuestras pruebas y dificultades y nos inspira a seguir adelante”.
Entre las pruebas a las que nos enfrentamos y las aguas turbulentas por las que pasamos están los efectos destructivos de las guerras – en particular en Oriente Medio – sobre las naciones, las culturas y los pueblos, especialmente las mujeres y los niños; las injusticias sociales que asolan a los pobres; la violencia en nuestro país; la creciente cultura de la droga y la industria del aborto aquí en el sur de Nueva Jersey; la falta de atención asequible a los enfermos, los moribundos y los ancianos. Estos males sociales, acompañados del colapso de la vida familiar y de la disminución del número de personas que practican regular y fielmente la fe católica, pueden desalentarnos, desanimarnos y convertirnos en escépticos.
Necesitamos este Jubileo de la Esperanza porque la esperanza no defrauda. Necesitamos que se nos recuerde que la puerta del corazón de Dios está abierta para todos; está siempre abierta; nos ama incondicionalmente y nos perdona. El Santo Padre concluyó su homilía de Navidad diciendo: “Hay esperanza para ustedes”. Hermanas y hermanos, repito las palabras del Papa; que resuenen aquí y en toda nuestra Diócesis: Hay esperanza para nosotros.
La apertura de la puerta jubilar en la Basílica de San Pedro simboliza una invitación a cruzar el umbral para encontrar al Dios vivo, cuyo corazón abierto nos acoge con amor divino. Cuando los Reyes Magos encontraron el “lugar donde estaba el niño”, la puerta de ese “lugar” estaba abierta para ellos. Cuando cruzaron el umbral, ¿con quién se encontraron? Con Jesús, la promesa de esperanza de Dios. “Vieron al niño y, cayendo de rodillas, le rindieron homenaje y le hicieron regalos”.
Hoy es la fiesta de Jesús revelado al mundo entero representado por los Reyes Magos. Jesucristo es el salvador de todas las mujeres y de todos los hombres, no sólo de algunos. Es el salvador de mujeres y hombres de toda raza, cultura, lengua y nación. Dios se muestra al mundo entero en el niño que encuentran los Reyes Magos. Ese niño es Dios en carne humana. Es el salvador del mundo.
Los Reyes Magos son peregrinos de esperanza. Su historia y este Año Jubilar nos desafían y nos animan a ser como ellos, peregrinos de esperanza. El niño adorado por los Reyes Magos es nuestro Señor, que atrae hacia sí a todos los pueblos. Que este Año Jubilar nos ayude en nuestro camino para encontrar y conocer al Señor resucitado vivo. El salvador de todas las mujeres y de todos los hombres.
Los judíos del siglo primero que escucharon esta historia de la visita de los Reyes Magos se escandalizaron. Consideraban a los paganos como perros. Y lo que es peor, los visitantes de Oriente no eran paganos corrientes, sino astrólogos. Buscadores de estrellas. Estudiantes de las estrellas. ¡Increíble! ¡Increíble! Que estos paganos fueran recibidos por el niño Jesús a quien le dieron regalos. Sin embargo, sus regalos reconocían que Jesús es un rey. Su Nacimiento traspasa todas las barreras humanas. Él se muestra a todos. Que nuestra fe en Él, como Señor y salvador de todos, se fortalezca durante este Año Jubilar, que es un tiempo de reconciliación con Dios y con los demás y un tiempo de conversión. Para buscar vidas más santas.
La Epifanía celebra un viaje. Los Reyes Magos viajaron. Buscaron, indagaron. Como ellos, nosotros somos buscadores e investigadores. Hermanas y hermanos, tomen los caminos que necesiten para encontrarlo. Algunos tienen que recorrer un largo camino, como los Reyes Magos. Para otros, el viaje no es tan difícil. Reconózcanlo en sus caminos. Que este Año Jubilar nos abra el corazón a Él. Que lo encontramos en cada uno de nosotros, en nuestras fragilidades, en nuestras fuerzas, en nuestro todo. Él es Dios presente.
El tema de este Jubileo 2025 es la esperanza; su desafío para nosotros es ser peregrinos de la esperanza a pesar de lo que está sucediendo en el mundo y en nuestras propias vidas. El autor de la Carta a los Hebreos nos aconseja “aferrarnos a la esperanza”. (Heb. 6,18). En la bula que anuncia el Año Jubilar, el Papa Francisco escribió que necesitamos “elevarnos por encima de nuestras pruebas y dificultades; seguir adelante, sin perder nunca de vista la grandeza de la meta celestial a la que hemos sido llamados.” (#25, “Spes Non Confundit”).
Hermanas y hermanos, como peregrinos de la esperanza, crucemos el umbral durante este Año Jubilar y fortalezcámonos en nuestra fe y en nuestros caminos para encontrar a Aquel que ha resucitado, el salvador, Jesucristo. Amén.














