
Fue una profunda alegría y una inmensa bendición participar en “Una Jornada de Renovación Carismática en el Corazón de la Iglesia” el 3 de abril de 2025, en la Ciudad del Vaticano, un evento que formaba parte de las celebraciones oficiales del Año Jubilar 2025. Organizado por CHARIS (Servicio Internacional de la Renovación Carismática Católica por sus iniciales en inglés), este inolvidable encuentro reunió a miles de hermanos y hermanas de todo el mundo para orar, interceder y celebrar la gracia del Espíritu Santo en el centro mismo de nuestra fe católica.
La jornada comenzó con una peregrinación de intercesión a primera hora de la mañana por los Jardines Vaticanos. Delegaciones de todo el mundo, muchas de ellas portando banderas y vistiendo trajes tradicionales, se detuvieron en tres lugares significativos para rezar por la Iglesia y el mundo: el Cortile San Damaso, el Cortile del Governatorato y la Gruta de Lourdes. Cada estación nos invitó a profundos momentos de unidad y comunión espiritual. En cada parada, los participantes intercedieron por la Iglesia, el mundo, la paz, la unidad y una renovada efusión del Espíritu Santo.
Por la tarde, nos preparamos para uno de los momentos espirituales más significativos del Jubileo: el paso por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Antes de cruzar este umbral sagrado, nos adentramos en un tiempo de reflexión en el Aula Pablo VI con la presencia del Cardenal Mateo Zuppi, presidente de la Conferencia Italina de Obispos, en ausencia del Papa Francisco debido a su enfermedad. El Jubileo nos invita a todos a redescubrir la belleza de la misericordia de Dios y el poder de su gracia. Atravesar la Puerta Santa nos recordó que el camino de la conversión, de la sanación y de la renovación está abierto a todos los que buscan al Señor con corazón sincero.
Tuve el gran privilegio de ser uno de los predicadores ese día en el Aula Pablo VI, reflexionando sobre la triple misión que el Papa Francisco ha confiado a la Renovación Carismática: trabajar por la unidad, servir a los pobres y compartir el Bautismo en el Espíritu Santo con toda la Iglesia. Estos tres pilares no son elementos opcionales, sino dimensiones esenciales de la vida de todo creyente tocado por el Espíritu. El Santo Padre nos invita a ser puentes de reconciliación en las comunidades divididas, a ir más allá de las zonas de comodidad para encontrar a los pobres y marginados, sirviéndoles no desde la distancia, sino con profunda compasión y amor, y a ser audaces para ofrecer el Bautismo en el Espíritu Santo -un encuentro que cambia la vida con el amor de Dios- a todos.
Al culminar la jornada con la celebración de la Sagrada Eucaristía seguida de una asamblea carismática en la Basílica de San Pedro, corazón de la Iglesia universal, experimentamos una profunda efusión de gracia. La liturgia, marcada por la alabanza gozosa, el silencio profundo y las expresiones espontáneas de adoración, unió maravillosamente la riqueza de la tradición católica con la vitalidad de la espiritualidad carismática.
Tras este acontecimiento, este espíritu de renovación y unidad continuó en Roma con otro evento histórico: el primer Encuentro Mundial de Grupos de Oración Carismáticos, celebrado del 4 al 6 de abril de 2025. Cerca de 1000 participantes de 70 países se reunieron para reflexionar sobre la misión y la identidad de los grupos de oración y para ser enviados de nuevo como discípulos misioneros. Juntos, ambos eventos pusieron de relieve cómo el Espíritu Santo está actuando poderosamente en la Iglesia de hoy, reuniendo a personas de todas las lenguas y naciones para orar, servir y evangelizar. Hubo un signo visible del fruto del Espíritu floreciendo en todos los rincones del mundo y un poderoso testimonio de la vocación misionera confiada a todos los que han experimentado el fuego vivificante del Espíritu Santo.
Al reflexionar sobre este precioso día en el Vaticano, llevo conmigo un compromiso renovado con la misión que el Papa Francisco nos ha encomendado. Los participantes compartimos la sensación de que, más que una celebración, se trataba de un envío. Salimos de Roma no sólo espiritualmente renovados, sino también dispuestos a volver a nuestras comunidades como instrumentos de sanación, unidad y esperanza.
El Año Jubilar 2025 sigue su curso, pero para muchos miembros de la Renovación Carismática, el 3 de abril en el Vaticano seguirá siendo un momento decisivo, cuando la gracia de Pentecostés se derramó una vez más en el corazón mismo de la Iglesia.
¡Ven, Espíritu Santo!
Andrés Arango es el Delegado del Obispo para el Ministerio Hispano y Director de Evangelización de la Diócesis de Camden.














