
Queridas hermanas y hermanos de la diócesis de Camden,
Éstas fueron las desconcertantes y estimulantes palabras que oyeron María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, al llegar al sepulcro a primera hora del primer día de la semana para ungir el cuerpo de Jesús con especias aromáticas. Esas especias, sin embargo, no eran necesarias, porque Jesús estaba “vivo”.
“¡Está vivo!” Estas son las palabras que las mujeres galileas compartieron emocionadas con los compañeros de Jesús que estaban de luto y lloraban su Muerte (Mc 16,11), y estas son las palabras que yo comparto emocionado con todos ustedes al comenzar mi ministerio como su obispo ordinario. Nunca me canso de proclamar estas palabras, porque nunca me canso de ser testigo de la presencia y del poder del Resucitado en mi vida y en la vida de aquellos a quienes tengo el privilegio de servir.
De hecho, en estos últimos siete meses como su obispo coadjutor, he visto a Jesús “vivo” en el sur de Nueva Jersey. Qué alegría para mí estar aquí, y qué alegría tener una comunidad creyente como ésta en la que vivir, aprender, amar y adorar, ya sea en la ciudad, entre los campos de arándanos o “a lo largo de la orilla del mar”.
“¡Está vivo!” Estas palabras deberían ser tan estimulantes para nosotros hoy como lo fueron para las mujeres galileas hace casi 2.000 años, porque Jesús está tan vivo esta Pascua como lo estaba aquella Primera Pascua. Él fue, es y siempre será “el viviente” a quien la muerte no pudo detener y que sigue mostrándose “vivo” en nuestras vidas personales, en nuestras vidas familiares y en nuestras comunidades parroquiales, especialmente cuando estamos confusos o tristes.
Jesús está vivo y, como María Magdalena, tenemos el privilegio de ser sus testigos en un mundo que tanto necesita nuestra alegría pascual.
Resurrexit sicut dixit, ¡Aleluya!
Ha resucitado como Él dijo, ¡Aleluya!
Obispo José Williams














