El mensaje de Adviento y la espera van mano a mano. Sólo tenemos que decirle a cualquier persona, ¿a quién esperamos en Adviento? Y la respuesta inmediata sería: “Al Niño Jesús.” Pero, bien sabemos que eso sería tan sólo una mínima parte de la historia. La palabra adviento viene del latín ‘adventus’ (venida) que viene a ser una traducción del griego Parusía, palabra que se refiere a la segunda venida de Cristo. Por lo tanto, adviento tiene que ver con ‘esperar’ así como las generaciones hebreas esperaron por el Mesías. Adviento no sólo tiene que ver con el regreso de Cristo, pero además con la búsqueda de Cristo en las situaciones de nuestro vivir diario.
En realidad ha tomado cientos de años para que el adviento se convierta en lo que conocemos hoy nosotros. En España y Gaul (Francia) el adviento comenzó como cuarenta días de ayuno en preparación para la celebración de la navidad el 6 de enero. La meta del ayuno era preparar al pueblo para la Segunda Venida de Cristo, más no para su nacimiento. En Roma, la iglesia se concentró en el ayuno y la penitencia de manera especial durante la fiesta secular de Saturnalia que se realizaba del 17 hasta el 23 de diciembre. Días que ahora se relacionan con las Antífonas O. Esto fue un intento directo por equilibrar los excesos mundanos de la fiesta pagana. Pero, una vez que la iglesia colocó la celebración oficial de la navidad para el 25 de diciembre, las cuatro semanas de adviento empezaron a cambiar su punto de concentración. Para finales del sexto siglo, adviento se había convertido en un tiempo de anticipación gozosa por el nacimiento de Jesús, dejando el aspecto penitencial un poquito de lado.
En los países latinos, el adviento siempre se ha encontrado asociado con el ‘peregrinaje’, algo forzado, que María y José tuvieron que hacer yendo de Jerusalén a Belén. Entendido de esta manera, el adviento siempre habla de una “espera activa.” María y José no solamente ansiosamente buscando un lugar donde hospedarse (shelter), pero sobre todo tratando de encontrar algo de seguridad, acogida, un espacio que puedan llamarlo suyo, un corazón amable, una sonrisa acogedora, un rostro amigo que los invite a ‘reclinar la cabeza y descansar un ratito,’ (Mt 8, 20). Alguna vez se han preguntado lo que harían si la Sagrada Familia estuviera tocando las puertas de nosotros hoy día? Alguna vez se preguntaron lo que responderían al ver a María plenamente embarazada con Jesús, sentada en su burrito y con José cuidadosamente guiando el camino a pie? Ambos silenciosamente rezando y esperando que la respuesta sea positiva, estoy segura, mientras esperan escuchar nuestra respuesta.
Las posadas, palabra hispana que significa “hospedaje” (lodging), es una tradición anual para muchos de los países latinos que fue iniciada en San Agustín, México, por el Fraile Diego de Soria en 1587. Las posadas se realizan del 16 al 24 de diciembre en honor a los nueve meses que María cargó a Jesús en su vientre. Las posadas, “espera activa”, representan los desafíos que María y José encontraron antes del nacimiento de Jesús. Típicamente, una familia ofrece su hogar. Cada hogar tiene el nacimiento y la familia actúa como “hoteleros” (innkeepers). Todos los asistentes actúan como “peregrinos” (pilgrims) que van de casa en casa buscando hospedaje al ritmo de un canto tradicional. Todos los peregrinos llevan velas encendidas y una pareja vestida de María y José guía la procesión. En cada hogar inicial, los hoteleros se niegan a recibir a la Sagrada Familia hasta que llegan al hogar designado para la ‘fiesta’ (party). María y José son recibidos junto con todos los peregrinos que entran a rezar el rosario de rodillas frente al nacimiento. Por supuesto que al final del largo caminar, los villancicos, las piñatas y la fiesta es bien recibida por todos.
Esta “espera activa” es muy conocida para nuestras familias latinas. Una buena mayoría de nuestras familias, al igual que la Sagrada Familia, no tuvo otra opción más que comenzar su propio peregrinaje hacia “Belén” un poquito antes que el resto de nosotros. Ellos, al igual que María y José, también rezando y esperando pode encontrar algo de seguridad, acogida, un espacio que puedan llamarlo suyo, un corazón amable, una sonrisa acogedora, un rostro amigable que los invite a “reclinar la cabeza y descansar un poquito.” Cada familia impregnada de Cristo. Cada familia tocando nuestras puertas hoy en día también.
Para nosotros católicos es muy fácil que santa, los muñequitos de nieve, y la compra de regalos abrume y opaque el significado de adviento. Aún así debemos hacer el esfuerzo por lograr combinar lo sagrado con lo secular de tal manera que nuestra celebración sea plena. Las costumbres tradicionales del ayuno y penitencia en España y Roma pueden ser un ejemplo a imitar. La costumbre latina de la oración y celebración que las posadas significan es otra alternativa a tenerse en cuenta. La Iglesia nos llama en adviento a prepararnos bien para celebrar la totalidad del gran misterio que es la Encarnación. Pidamos que este adviento transforme nuestros corazones en lugares ‘acogedores y agradables’ para recibir al Hijo de María. Pidamos que estas cuatro semanas de “espera activa” nos ayuden a estar listos para el nacimiento de Jesús en Belén y la Segunda Venida de nuestro Señor.














