Nuestro grupo de viaje a Irlanda asistió a la Misa Dominical en la Catedral de Galway, donde recibimos una cordial bienvenida al estilo Irlandés por parte del Rector, Monseñor Peter Rabbitte. La Catedral de Galway es una de las catedrales más nuevas en Europa. Establecida en 1965, está celebrando su aniversario número cincuenta este año. Goza de una estructura impresionante, decorada espectacularmente con una variedad muy colorida de mármol de Connemara preciado.
Para uno de los sacerdotes del personal de la Catedral, ese era el último domingo después de una asignación de doce años. Su obispo había aprobado un sabático como su próxima asignación. Un sabático es un tiempo de renovación espiritual, actualización teológica y crecimiento humano. Muchos feligreses asistieron a esa Misa y a la recepción que ofrecieron en su honor posteriormente. Hicieron acto de presencia para desearle suerte y expresar su gratitud por la docena de años de su ministerio sacerdotal.
No pude evitar pensar en nuestros sacerdotes de Camden, quienes recientemente recibieron asignaciones nuevas. Ellos también fueron honrados en sus parroquias y recibieron recepciones de despedida como muestras de amor y respeto de los fieles a sus sacerdotes. Recordé mis propias experiencias de asignaciones nuevas y despedidas de las parroquias en las que había servido. Las despedidas nunca son fáciles. Llegar a una asignación nueva puede ser todo un reto – gente nueva, tradiciones nuevas, territorio nuevo.
El cambio de asignación para un sacerdote es parte del ritmo de vida en una iglesia local. Un sacerdote diocesano es ordenado para hacer ministerio en toda la diócesis y no exclusivamente para una parroquia en particular. Cuando sirve a una parroquia, su ministerio sacerdotal lo ata a su gente. Sin embargo, el primer vínculo de un sacerdote diocesano es con su obispo. El obispo supervisa la diócesis junto a sus colaboradores principales, los sacerdotes. Ellos le prometen obediencia durante su ceremonia de ordenación al sacerdocio. Su promesa de obediencia sacerdotal le otorga al obispo la autoridad para asignar a sus sacerdotes a cualquier lugar de la diócesis para el servicio al pueblo de Dios.
Si, el cambio puede ser difícil para la gente de la parroquia y para el sacerdote, pero el cambio enriquece a la iglesia local y al presbiterado. El sacerdote se lleva consigo a su próxima asignación lo que ha experimentado, aprendido y creado en la parroquia anterior. Los feligreses dan la bienvenida al sacerdote nuevo asignado a su parroquia por el obispo.
La lectura del Evangelio ese domingo en Galway hablaba de Jesús alimentando y compartiendo sus alimentos con los cinco mil. Alimentar y compartir son esenciales para el ministerio de un sacerdote que alimenta al pueblo de Dios con los Sacramentos de la Iglesia y la Palabra de Dios. El predica la abundancia y extravagancia del amor de Dios y enseña las enseñanzas de la Iglesia. Él comparte su fe y se hace presente y disponible a su gente.
Algunos feligreses escriben hermosos testimonios sobre el ministerio de algún sacerdote en particular después de que un cambio de estos ocurre. Esto expresa su agradecimiento hacia el sacerdote y su ministerio. Hablan de su confianza, respeto y amor hacia el sacerdocio y la Iglesia. Otros escriben cartas sobre el inminente colapso de una parroquia a causa del traslado de Padre X. Algunas contienen comentarios crueles y malintencionados acerca de la Iglesia, el obispo y hasta del Sacerdocio Católico. Toda clase de amenazas son hechas, como el no dar mas contribuciones y el abandono de la iglesia. Se hacen acusaciones de que el sacerdote en realidad no fue trasladado a una asignación nueva. Todas ellas son falsas.
Cuando algunas de estas gentes hacen pública su información errónea, deben ser corregidas. Esta es mi responsabilidad como maestro superior en la diócesis. Ellos malinterpretan la ley de la Iglesia, están mal informados sobre las enseñanzas católicas; carecen de conocimiento sobre la practica diocesana para la asignación de un sacerdote y causan escándalos.
Gracias a Dios por el fiel ministerio de nuestros sacerdotes de Camden, quienes no solo necesitan nuestras oraciones, sino que también se merecen nuestros aplausos y gratitud por su servicio generoso a los feligreses y a toda la gente. Nuestra diócesis es bendecida con su ministerio y yo me siento bendecido de ser su obispo.














