
A principios de este mes, la alegría inundó el auditorio cuando el padre Timothy Mulranen, de la promoción 2017, celebró una Misa por las vocaciones en su antigua escuela, la escuela secundaria Paul VI.
En su homilía, tan inspiradora como divertida, el padre Mulranen relató cómo sintió el llamada al sacerdocio durante sus años de la escuela. Después de la Misa, recorrió los pasillos y fue recibido con sonrisas por parte de profesores, alumnos y personal. Tuve el honor de concelebrar la Misa, junto con el padre Stephen Robbins, que forma parte del equipo diocesano de vocaciones, y el padre Philip Ramos, AM, director de Identidad Católica de la escuela. Ser testigo de esta celebración me llevó a reflexionar sobre cómo mi propia educación católica moldeó mi trayectoria y mi discernimiento.
Mi viaje comenzó en la Escuela Regional “Saint Ann” y finalmente en “Cape Trinity Catholic”, ambas en Wildwood. A lo largo de mis años de escuela primaria, los maestros me enseñaron la importancia de la fe y la importancia de ser discípulo de Jesús. Sin embargo, en octavo grado, algo cambió. Mi fe ya no era solo ideas o prácticas morales, sino que se convirtió en el núcleo y la lente a través de la cual veo mi vida.
Mientras me preparaba para la confirmación, recuerdo que mi profesora de religión, la Sra. Mary Van de Vaarst (Sra. Van), nos enseñaba sobre las vocaciones, nuestro llamado en la vida a servir a Dios. Mientras discutíamos cada vocación, el sacerdocio capturó mi mente. Me encantaba cómo el sacerdote participaba en todos los aspectos de la vida a través de la celebración de los sacramentos, la predicación y la presencia sacerdotal en la comunidad. A pesar de esta fascinación, lo mantuve en secreto por miedo a la vergüenza y a posibles burlas.
Continuando con mi educación católica, comencé mi primer año en la “escuela secundaria Wildwood” (ahora Academia). Terminé mi primer año como cualquier otro estudiante de primer año, excepto que secretamente llevaba en mi corazón el deseo de ser sacerdote.
Durante un evento de verano organizado por “Wildwood Catholic”, mi párroco y presidente de la escuela, el padre Joseph Wallace, me pidió hablar en privado. Me preguntó: “¿Alguna vez has pensado en el sacerdocio?”.
Sorprendido, nervioso, sin palabras. Estas son las palabras que utilizo para describir mi estado de ánimo tras escuchar esa pregunta. Simplemente respondí: “A veces”. Esta respuesta cambió la proyección de mi discernimiento, lo que finalmente me llevó a ingresar en el seminario en otoño de 2017.
A menudo me preguntaba cómo sabía el padre Wallace que yo estaba pensando en el sacerdocio. Años más tarde, descubrí que varios profesores le habían mencionado mi nombre. Veían en mí las cualidades que querían ver en su sacerdote.
Dos profesoras en particular me animaron a considerar el sacerdocio: la Sra. Mary Kane (que en paz descanse) y la Sra. Carolyn Miller, que en aquel momento eran, respectivamente, decana académica y decana administrativa de “Wildwood Catholic”. Ambas rezaron por mí y me apoyaron cuando tomé la decisión definitiva de entrar en el sacerdocio. Estas dos magníficas educadoras me animaron a ser mejor estudiante, mejor persona, y lo más importante, mejor discípulo, animándome a no tener miedo del llamado que el Señor había puesto en mi corazón.
Cuando reflexiono sobre cómo mi educación católica influyó en mi discernimiento, veo cómo el Señor utilizó ese tiempo para prepararme para ser el sacerdote que ahora soy.
A menudo digo que discerní sin decírselo a nadie, lo cual es cierto, pero los dones que Dios me dio también fueron reconocidos por otros. Mis 13 años de educación católica me ayudaron a descubrir que tenía una vocación, con la ayuda de la lección de octavo grado de la Sra. Van. El aliento del padre Wallace, la Sra. Kane y la Sra. Miller me ayudó a discernir mi vocación.
Las vocaciones están sembradas en los corazones de todos los bautizados en Cristo. Él nunca ha dejado de llamar a los jóvenes al sacerdocio. Las escuelas católicas proporcionan el entorno adecuado para ayudar a los jóvenes a descubrir y discernir una posible vocación sacerdotal. Los profesores suelen tratar de reconocer los dones y talentos de sus alumnos para prepararlos para la universidad, pero en las escuelas católicas se anima a los profesores a reconocer los dones y talentos de sus alumnos para prepararlos para abrazar la vocación sembrada por el Señor en sus corazones.
El Espíritu Santo da vida a nuestras escuelas e impulsa a la comunidad escolar ayudar a preparar a los alumnos no solo para la universidad, sino para una vida al servicio del Señor. Oremos juntos por nuestras comunidades escolares católicas, para que sigan enseñando la fe y reconociendo los dones y talentos que el Señor ha dado a nuestros alumnos, de modo que puedan abrazar cualquier vocación a la que Dios los llame en esta vida.
El padre Thomas Piro es vicario parroquial de la parroquia universitaria “Saint Bridget” en Glassboro, y director asociado de vocaciones de la Diócesis de Camden.














