La Virgen María y el Adviento

La Virgen María y el Adviento

Recientemente hemos celebrado dos fiestas de nuestra Santísima Madre. El 8 de diciembre, bajo el título de la Inmaculada Concepción, María es honrada como la Patrona de los Estados Unidos y el 12 de diciembre, bajo el título de Nuestra Señora de Guadalupe, es honrada como la Patrona de las Américas, Norte y Sur. Ambas fiestas caen en Adviento, la temporada que comienza el nuevo año de gracia. Nuestra Santísima Madre puede enseñarnos sobre el Adviento.

Las raíces de la palabra inglesa ADVENT se encuentran en dos palabras latinas. El verbo, VENIRE, que significa LLEGAR, y la preposición, AD, que significa HACIA. Las cuatro semanas de Adviento se centran en la VENIDA de Dios A NOSOTROS. Esta la venida de Dios en la persona de Jesús de Nazaret que entró en el tiempo y la HISTORIA nacido en carne humana en Belén de Judea. Esta venida es celebrada y recordada anualmente en Navidad. El Adviento nos prepara para la venida de Cristo en su nacimiento.

Existe la venida de Dios al final de los tiempos para juzgar a los vivos y a los muertos. Dios aparecerá como Señor en MAJESTAD el último día. El Adviento mira hacia los últimos tiempos, a los que algunos se refieren como el Rapto, y nos prepara para cuando el Señor venga e introduzca la plenitud del Reino de Dios y el fin de este mundo.

Existe la venida de Dios en el momento presente, cuando menos lo espe-ramos: el advenimiento de Dios en mi propia vida. Algunos se refieren a esto como la venida de Dios en MISTERIO. La cercanía de Dios se puede experimentar de varias maneras, en personas, eventos, en los Sacramentos y en la oración.

Dios vino en el pasado; la venida histórica de Jesucristo para salvarnos. En las manos de Dios está el futuro. Dios vendrá de nuevo. Y, en el ahora de lo cotidiano, Dios viene a nosotros. El Adviento nos invita a estar listos, alertas y preparados para las muchas venidas de Dios hacia nosotros.

Mientras que el Adviento está estructurado alrededor de estas venidas de Dios hacia nosotros, sugiero que también es el momento para que nosotros vayamos a Dios. El Adviento es como una calle de dos vías: Dios hacia nosotros y nosotros hacia Dios. María, la Inmaculada Concepción, y María, Nuestra Señora de Guadalupe, puede ser nuestra guía. Ella puede enseñarnos cómo llegar a Dios. Sí. Dios ha tomado la iniciativa de venir a nosotros y Dios continuamente viene a nosotros y Dios vendrá a nosotros; eso es lo que Dios hace. ¿Cómo respondemos a estas acciones o venidas di-vinas? Moviéndonos para ir hacia Dios.

En su Inmaculada Concepción, María vino a Dios sin mancha de ningún pecado. Destinada a ser la Madre del Salvador, este privilegio único se extendió solo a ella. Su condición Inmaculada desde la concepción duró toda su vida y continúa hasta la eternidad. Ella no tiene pecado y, co-mo tal, es una imagen de la Iglesia. Llena de la gracia de Cristo, esto es lo que la Iglesia debe ser: sin pecado. Sin embargo, nosotros que somos la Iglesia no estamos exentos de pecado. Hay ocasiones en que el pecado es particularmente grave, como hemos aprendido en los últimos meses sobre los pecados de abuso de menores cometidos por algunos sacerdotes y obispos. Lidiando con nuestros pecados. Deshaciéndonos de ellos. Llegando a Dios libre de ellos. Estas son iniciativas dignas de Adviento que la Inmaculada Virgen María nos enseña.

María, la Madre del Señor, esperó su nacimiento al igual que todas las madres embarazadas. Vemos esto especialmente en Nuestra Señora de Guadalupe, que está encinta. Ella está embarazada. Ella le manifiesta esto a San Juan Diego. Ella es una madre que está en espera de un hijo; esperando el nacimiento de un bebé. Para nosotros, el anhelo de Dios es otro proyecto de Adviento muy digno. Debemos expresar ese anhelo en nuestra oración. “Ven, Señor Jesús” es una antigua oración de Adviento. Fácil de recordar. Fácil de rezar cada día.

María, en su Inmaculada Concepción, representa el comienzo de la Iglesia sin pecado y la Guadalupe muestra la aparición de Dios que na-cerá en carne humana. María vivió esperando la venida de Dios que vino a ella a través del poder del Espíritu Santo y se hizo carne de su carne.

Estos días de Adviento de espera y esperanza nos desafían a responder a Dios que viene a nosotros. Reconociendo que hay pecado en nuestras vidas y en nuestro mundo, abrámonos a la acción de Dios que envió a Su Hijo a rescatarnos del mal y del pecado. Preparémonos para ir al Señor cuyas venidas en Historia, Misterio y Majestad son hacia nosotros. Y oremos ferviente y frecuentemente, “Ven, Señor Jesús.”

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