
El seminarista Nicholas Esposito recuerda su primer llamado al sacerdocio. Estaba en cuarto curso y era monaguillo en Hammonton. Sus experiencias en el altar y las conversaciones con sacerdotes aumentaron su interés por la vocación.
Puede que haya tenido dudas dudas y miedos, pero cuando descubrió el “por qué” de su vocación, supo que podría superar el “cómo”.
“Como católicos, ¿cuál debería ser nuestro “por qué”? El cielo y la felicidad. [Una felicidad no] de placeres pasajeros como ropa nueva o coches nuevos, [sino] una felicidad a largo plazo, que es algo que sólo experimentamos cuando seguimos lo que Dios quiere que hagamos”, dijo Esposito durante su visita el 11 de enero a la escuela secundaria del Espíritu Santo en Absecon
Esposito – que está en tercer curso en el Seminario Universitario de la Inmaculada Concepción en Saint Andrew’s Hall, Seton Hall University, South Orange – estuvo entre los seminaristas, religiosas y sacerdotes que compartieron sus historias vocacionales con los estudiantes de secundaria de la Diócesis del 9 al 11 de enero.

En la Academia Católica Wildwood, (Wildwood Catholic Academy); Pablo VI (Paul VI), Haddonfield; Católica de Gloucester (Gloucester Catholic), ciudad de Gloucester; Escuela Secundaria Católica de Camden (Camden Catholic High School), Cherry Hill y Espíritu Santo (Holy Spirit), los estudiantes fueron desafiados a buscar el plan de Dios para sus propias vidas.
“En la universidad, realmente quería encajar”, dijo la Hermana Faustina Joseph, CFR, a los alumnos de la escuela secundaria del Espíritu Santo mientras hablaba de un tema con el que muchos están demasiado familiarizados: encontrar aceptación e importancia.
Católica de nacimiento y criada en Inglaterra, dijo que no hablaba mucho de su fe, ya que estaba mal vista por sus conocidos. Creía que para pertenecer, “tenía que parecerme a mis amigos. Tenía que vestirme como ellos, llevar el pelo como ellos y la marca de zapatos adecuada”.
Siendo el “alma de la fiesta” con amigos y teniendo buenas perspectivas de trabajo después de la universidad al tener un doctorado en bioquímica, la hermana Faustina reconocía: “[Tenía] lo que todo el mundo decía que me haría feliz, [pero] por dentro me sentía miserable … Yo era lo que todos que-rían que fuera. Intentaba encajar tanto que ni siquiera sabía quién era”.
Luego, sufrió un grave accidente automovilístico que la llevó a someterse a más de 30 cirugías reconstructivas, a una estancia de tres meses en el hospital y a tener que aprender a caminar de nuevo. La experiencia, dice, le llevó a “la oportunidad de estar en calma y reconocer que si muero mañana, todas estas personas a las que intentaba complacer, ¿se acordarían siquiera de mí?”.
Continuó: “Mi accidente fue un punto de inflexión para mí; empecé a escuchar y a hablar con Dios”. En ese silencio, oyó al Señor decir: “No tienes que ser nadie más que quien yo hice que fueras”.
Ahora, como Hermana Franciscana de la Renovación al servicio de los pobres de Atlantic City, la Hermana Faustina sigue adelante con alegría. “Sé quién soy, y eso me hace plena. Soy del Señor, y El es mío”.
Para el seminarista Theo Deluhery, que cursa cuarto año en el Seminario Universitario de la Inmaculada Concepción en Saint Andrew’s Hall, su momento de vocación llegó en su último año de escuela secundaria, cuando al escuchar los susurros de Dios que no cesaban, declaró finalmente en oración: “Estoy abierto a tu voluntad, Señor, no a la mía”. Pronto rompió su relación con su novia y rechazó una invitación al baile de graduación.
El Dr. Tom Farren, director de la escuela Espíritu Santo, dijo que los mensajes de los visitantes fueron la conversación de los alumnos, muchos de los cuales sintieron una conexión con las religiosas y los seminaristas. “Todos los conferencistas acercaron su vida y su experiencia a los alumnos de una forma personal, en la que pudieron encontrarse, conversar y preguntar, y a través de ello, empezar a explorar su propio camino”.
Reflexionando sobre las charlas, Samantha D’Arcangelo del Espíritu Santo, dijo: “Me inspira saber que, incluso a través de sus propias dudas, querían escuchar a Dios y seguirlo sin importar nada”. Añadió que “la conversación sobre sus propias vidas -como… saber que Nick tiene un galgo y Theo un caniche- y [sobre] sus familias era algo que nos conectaba”.
Su compañero de clase Kevin Bradberry dijo que las charlas hicieron de las vocaciones “un camino vital más realista”. Aunque ahora mismo no siente el llamado al sacerdocio, reconoció que “uno nunca sabe. Creo que sé lo que quiero hacer, pero eso no significa que sea lo que Dios quiere que haga. Tengo que pensarlo”.














