
El tiempo de Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza. La Cuaresma es un tiempo de penitencia centrado en profundizar nuestra relación con Dios y recordar los efectos de nuestro Bautismo en Cristo.
Las lecturas de la Escritura asignadas para ese día incluyen el toque de clarín del profeta Joel, que nos recuerda: “Tocad la trompeta; sonad la alarma” (Joel 2,1. Con insistencia, el profeta Joel escribe: “Incluso AHORA, dice el Señor, volved a mí” (Joel 2,12). El mensaje del profeta nos urge a emprender una acción espiritual inmediata. “AHORA”, este Miércoles de Ceniza, comenzamos este camino cuaresmal.
¿Cuál es la respuesta espiritual a la que se llama nuestra acción inmediata? Es cumplir el mandato asignado por San Pablo en la segunda lectura para el Miércoles de Ceniza: “Reconciliaos con Dios” (2 Cor. 5,20). Siguiendo la tradición del profeta Joel, San Pablo nos recuerda que la reconciliación con Dios ha de producirse “AHORA”. “AHORA es el día de la salvación. AHORA es el tiempo propicio” (2 Cor.6,2). “AHORA” comienza el trabajo de esta Cuaresma. ¿De qué se trata? Poner en práctica, de alguna forma, las tres prácticas cuaresmales tradicionales: oración, penitencia y caridad.
El origen de la palabra inglesa Lent tiene que ver con la primavera, cuando se produce la renovación de la naturaleza. El florecimiento de las flores y el brote de las hojas de los árboles son la prueba de un nuevo crecimiento. Así como los Phillies van a Florida para el entrenamiento de primavera, nosotros también necesitamos el entrenamiento espiritual de primavera de la Cuaresma. Una entrada en la Cuaresma bien vivida, practicada con seriedad y determinación puede ser nuestra primavera espiritual: un tiempo para crecer en Cristo, volvernos más plenamente a Dios y enfocarnos en nuestro Bautismo.
Sacrificar, renunciar, ayunar, orar mejor -haciendo esto AHORA con un espíritu apropiado, puede renovar nuestra relación con Dios. Renunciar o vaciarnos de cualquier cosa que trabaje en contra de la gracia de Cristo en nosotros. Sacrificar o darnos nosotros mismos puede resultar en un crecimiento en santidad. Volverse hacia Dios, disponer de tiempo libre de distracciones para aumentar nuestra conciencia de la presencia de Dios. Practicarlos de una forma factible que se adapte a nuestra situación personal en la vida puede tener resultados espirituales beneficiosos en y para nosotros.
Por ejemplo, renunciar (ayunar) al tiempo que implica revisar constantemente las redes sociales. Usar ese tiempo para reflexionar sobre las lecturas de las Escrituras asignadas por la Iglesia para ese día de Cuaresma puede ayudarnos a orar mejor y crecer en Cristo. Renunciar a dulces, postres, azucares: negarnos a nosotros mismos para usar lo que se ahorra de la abnegación para ayudar a otros. Esto es practicar la Ley de Cristo, la caridad. Participar en un programa religioso ofrecido por su parroquia, por ejemplo, las Estaciones de la Cruz o un grupo de estudio bíblico, puede proporcionarnos tiempo con Dios y ayudarnos en nuestra vida de oración.
La Iglesia obliga a las personas de 14 a 59 años a observar estas prácticas cuaresmales. (Véase el Reglamento de Cuaresma al final de esta página). Sin embargo, todos podemos observar las prácticas cuaresmales de alguna manera. Los niños, los adolescentes y las personas mayores pueden entrar en el espíritu de la Cuaresma con los objetivos espirituales de crecer en Cristo y volverse más a Dios. Tal vez su situación sea mejor si se compromete un día a la semana con las prácticas espirituales de este tiempo. Para algunos, 40 días puede ser demasiado desalentador. Elige aquello con lo que realmente pueda comprometerse.
Como se dice popularmente, de lo mejor de usted. Mirarse más profundamente a sí mismo y a su relación con Dios puede ser un reto, pero merece la pena el esfuerzo para el tiempo cuaresmal de renovación que comienza AHORA este Miércoles de Ceniza.














