
En nuestra casa del Bronx, una vez que el árbol de Navidad estaba montado y decorado, mi madre colocaba cuidadosamente bajo él Pesebre: las figuras de María, José, los pastores, el establo -menos el Niño-, que se colocaba después de la medianoche de Nochebuena. Los regalos de Navidad envueltos en colores se apilaban a los lados del árbol. ¡El Pesebre ocupaba el centro del escenario!
Mamá nos recordaba que la Navidad no giraba en torno a los regalos, sino en torno a Jesús, nacido pobre en Belén. Él era el centro de la vida de su familia en Irlanda, y ¡lo era también para nosotros en el Bronx! Nos recordaba que cuando ella era niña en Irlanda -la segunda de 12 hermanos, gente de campo pobre- el regalo típico de Navidad era una manzana, algunos dulces (caramelos) y una “buena cena de ganso” seguida del rezo del Rosario por la familia de ¡rodillas!
Me pregunto ¿cuántas familias católicas tienen un Pesebre expuesto en sus hogares? Me pregunto ¿cuántas familias católicas rezan juntas? ¿La Navidad se reduce a regalos y apenas se menciona a Jesús?
Da gusto ver Pesebres expuestos en el exterior de algunas casas del sur de Nueva Jersey. Un recordatorio público para todos de que la Navidad trata del Nacimiento de Jesús. Los Caballeros de Colón tienen disponible una reproducción de cartón de un Pesebre para el exterior de las casas. Si está interesado, hable con uno de los Caballeros.
Hace ochocientos años, en el pueblo de Greccio, Italia, San Francisco de Asís creó la primera reproducción en vivo del Nacimiento de Jesús en Belén. A lo largo de los siglos, han tenido lugar muchas representaciones en vivo del Nacimiento del Señor. A lo largo de los años, he sido testigo de muchas – especialmente memorables son las adorables producciones en vivo realizadas por niños. Con el tiempo, las reproducciones en vivo de la Natividad del Señor condujeron al desarrollo de los Pesebres. Éstos reflejan la catolicidad de nuestra Iglesia, ya que representan variedades de entornos culturales y nacionales en los que el Evangelio ha echado raíces. En la parroquia de Todos los Santos en Millville, el pasado fin de semana se expusieron 200 Pesebres de todo el mundo. Esperemos que se repita, ya que una visita familiar para verlos es una actividad navideña muy bonita, especialmente para los niños.
San Francisco eligió la aldea de Greccio porque sus cuevas le recordaban el paisaje de los alrededores de Belén. Los habitantes del pueblo aportaron lo necesario para dar vida a los relatos evangélicos sobre las circunstancias del Nacimiento del Salvador: el heno, los animales, el comedero (pesebre) en el que se colocó al Niño. Los aldeanos se vistieron con los trajes de los participantes en el Nacimiento del Salvador: María, la Madre del Niño, su esposo, José, los pastores e incluso un niño.
Lo que San Francisco consiguió con la Natividad viviente fue que el Nacimiento del Señor no fuera sólo un recuerdo para el pueblo. Más bien, la escena en vivo invitaba al espectador a entrar en el misterio del Nacimiento del Salvador según la carne. Se mostraba la humildad de Dios, que se hizo uno de nosotros para que pudiéramos ser uno con Dios. Aquí tienes a tu Dios, con el que te identificas fácilmente: el Niño acostado en el pesebre sobre un lecho de paja, rodeado de animales, su Madre, su esposo, los pastores que llegaron del campo a instancias del coro de ángeles. Dios que hace lo mismo que tú: duerme, llora, toma leche materna, necesita ser consolado y amado. Personas reales son su Madre, su esposo, el Niño, el grupo de pastores, y dolorosamente real es la pobreza del pesebre donde nació.
Se puede decir que las palabras no alcanzan a comprender ni a explicar el misterio de la primera Navidad, el Nacimiento del Señor, Dios en carne humana. La unión de lo divino y lo humano en el Niño de Belén, que es el Hijo de Dios y el Hijo de María, es un misterio tremendo. Dios invisible al ojo humano es visto. Dios más allá del tiempo entra en el tiempo. Dios no limitado por los confines y restricciones de la carne humana asume carne humana. El Dios todopoderoso condesciende con la humanidad en la forma de un inocente y débil niño. Sí, puede ser indescriptible, pero revela a Dios tan accesible en el Niño Jesús de Belén. Dios que se hizo humano para estar muy cerca de nosotros.
Les sugiero que, durante este tiempo de Navidad, se detengan ante un Pesebre, ya sea en su casa o en la iglesia de su parroquia. Detente allí y piensa en Dios que te recibe con los brazos abiertos en Su amor. Dios que no está alejado de ti. Dios que no está distante de este mundo. Dios en la inocencia, la pequeñez y la debilidad del Niño Jesús que toca tu vida, tu corazón y te abraza a ti y a tus debilidades con el amor de Dios.
“A nosotros nos nace un niño. Un niño nos es dado” (Isaías 9,6). Para cada uno de nosotros. Para todos. Para ti, Cristo ha nacido y se te ha dado. No importa tu fragilidad, tu debilidad o tu pecado. Jesús nace para ti. No con fuerza y poder, sino con la fragilidad y dulzura de un recién nacido. Tómalo. Abrázalo. Haz de Jesús el centro de tu vida, de tu hogar, de tu familia. Él es el regalo de Dios para ti. Un regalo que necesitas.
Te sugiero que si algún miembro de tu familia no tiene un pesebre en casa, le regales uno. Su precio varía y son fáciles de conseguir. De este modo, la tradición de 800 años que San Francisco inició en Greccio continúa en tu familia como lo hizo en nuestra casa cuando mi madre irlandesa colocaba anualmente y con amor el Pesebre bajo nuestro árbol de Navidad. En Nochebuena, encendía una vela roja (¡tenía que ser roja!) y la colocaba en la ventana de nuestra sala para que su luz guiara a la Sagrada Familia hasta nuestra casa, hasta nuestra familia.
Que la luz de la Sagrada Familia, Jesús, María y José ilumine tu hogar y aleje toda oscuridad. Una Navidad bendecida para ti y los tuyos que serán recordados con gratitud por mí en mi Misa de Navidad y en mis oraciones.
Feliz Navidad.














