Mis queridos hermanos y hermanas,
Hemos estado escuchando mucho últimamente acerca de lo que se describe como el mandato del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (HHS), por sus siglas en inglés.
Al parecer, en la mente popular esto es acerca de la anticoncepción. Pero la verdadera cuestión, es si el gobierno puede o no definir lo que es una religión, y como en este caso en particular, reducirla simplemente a una institución que sirve y emplea solo a su propia gente.
Hoy en día la pregunta acerca de la libertad de conciencia se está discutiendo sobre el derecho de la Iglesia de mantener su punto de vista sobre la moralidad de la anticoncepción. Sin embargo, el tema más amplio de la libertad religiosa se está también disputando sobre otros temas por igual. Por ejemplo, hay una pregunta de que si la leyes punitivas de inmigración, como las que recientemente fueron aprobadas en Alabama y Arizona, permitirán la libertad de conciencia para proporcionar a los inmigrantes con transportación a la Iglesia o permita a los Católicos ofrecer comida o refugio a los indocumentados.
Según la definición del mandato del HHS, solo el edificio de la Iglesia Católica califica como una institución religiosa. Escuelas Católicas, hospitales y servicios tales como las Caridades Católicas, no califican bajo la definición del gobierno. El problema real es el entender lo que significa ser una entidad religiosa.
Las obras de la Iglesia Católica fluyen de nuestra fe, nuestra creencia que proviene de nuestro entendimiento de Mateo 25:31-46: “Todo lo que hiciste al más pequeño de mis hermanas y hermanos, lo haz hecho a mí.”
Servimos a los demás no por que son Católicos, sino por que nosotros somos Católicos. El limitar nuestra comprensión de lo que significa ser una institución Católica para adorar solamente en una iglesia Católica, no es un reflejo exacto o honesto de lo que significa nuestra fe. Como el apóstol Santiago escribe, “la fe sin obras esta muerta.” Nuestra identidad como Católicos, gira en torno a lo que nosotros creemos (doctrina) y de cómo vivimos lo que creemos (práctica).
El ser capaz de memorizar y recitar el Credo, pero no vivir la implicación de lo que decimos que creemos es meramente un ejercicio intelectual.
Por lo tanto, el tema del mandato del HHS no se trata simplemente de anticonceptivos o la necesidad de las instituciones de la Iglesia Católica siendo requeridas a pagar por los servicios ordenados por el gobierno. Es más bien, acerca de nuestro derecho a definir por nosotros mismos lo que significa ser Católico y lo que es una obra o ministerio de la Iglesia Católica.
Ese es el derecho más esencial y fundamental que está siendo impugnado. Es importante que entendamos el tema y no nos distraigamos con preocupaciones que son periféricas. Hoy en día la pregunta se centra en la anticoncepción. Mañana la misma discusión podría surgir sobre los derechos de la Iglesia para acoger a los inmigrantes, los extranjeros entre nosotros que se describen en el Evangelio de Mateo. O podría surgir el tema sobre la educación Católica. Estos temas son, en su manera, importantes. Aún así, simplemente tocan en el tema más grande de nuestro derecho fundamental de la auto identificación como una comunidad de fe. Es por eso que la lucha por el mandato HHS sigue siendo vital.
Fraternalmente en Cristo,
Obispo José Galante














