
Una costumbre que se originó al final del primer milenio, en el año 1.000 D.C. en la República de Venecia, fue traída por inmigrantes italianos a la Parroquia de San Miguel, Atlantic City, y durante muchas décadas, celebrada anualmente por los fieles de esa parroquia, es festejada actualmente por varias de nuestras parroquias de la costa del sur de Nueva Jersey. Esa costumbre es el “Sposalizio del Mare”, la Boda del Mar, que atrae a nuestras parroquias costeras a miles de personas, algunas venidas de lejos. Tiene lugar el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María.
El 15 de agosto, la Iglesia celebra que nuestra Santísima Madre no murió de muerte humana, sino que, “terminada su vida terrena”, fue coronada de gloria suprema. Su corona de gloria suprema es la gloria del cielo; la gloria de participar en la resurrección de su hijo Jesús, que es el hijo de Dios, el Salvador, Cristo. La gloria de María es la gloria de participar en las primicias de la victoria de la salvación que el Señor obtuvo para todas las mujeres y todos los hombres con su muerte y resurrección. Se puede decir que la Asunción de María es su Pascua.
Durante la ceremonia de las Bodas del Mar, se alaba a Dios por el enorme don del océano. Se invocan las bendiciones de Dios sobre el agua, sobre todos los que utilizan el mar para relajarse y disfrutar y sobre todas las criaturas vivas cuyo “hogar” es el océano. Se arroja al mar una corona de flores con un anillo para expresar simbólicamente nuestra relación con el océano y afirmar que tenemos la responsabilidad de cuidar este regalo que Dios nos ha hecho. Este precioso recurso merece de la humanidad protección y respeto.
En la encíclica “Laudato Si”, el Papa Francisco escribió que María es la “Reina de toda la creación … por lo tanto, podemos pedirle que mire este mundo con ojos de sabiduría. Llevada al cielo en su cuerpo glorificado, junto a Cristo resucitado, una parte de la creación ha alcanzado la plenitud de su belleza”. Las oraciones y la ceremonia de las Bodas del Mar nos recuerdan que el océano, una de las bellas creaciones de Dios, es fundamental para nuestras comunidades costeras del sur de Nueva Jersey.
Las Bodas del Mar no se encuentran en ningún libro de oración oficial católico, ni es una enseñanza de la Iglesia. Su origen se basa en una historia según la cual el obispo de Venecia arrojó su anillo episcopal a las embravecidas aguas que amenazaban la Ciudad de los Canales, y el mar se calmó. De ahí surgieron las Bodas del Mar, una tradición de “religiosidad popular”. Las expresiones de devoción, ceremonia y fe católica se encuentran en culturas que las transmiten de generación en generación y son celebradas por los creyentes con devoción. La religión popular conecta a las personas con Dios y la Iglesia y desafía a sus observadores a preocuparse por la sociedad.

Las Bodas del Mar se preocupan por el océano, y el reto es implorar a la madre de Dios en su gloriosa Asunción a los cielos que interceda ante su Divino Hijo en favor del océano. La ceremonia no es una devoción piadosa a la Virgen, que tiene su lugar en la espiritualidad mariana católica. Es más bien una expresión popular y llena de fe de devoción a María y al poder de la oración a Dios ante las calamidades.
El Papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” – “La alegría del Evangelio” – escribe sobre este tema: “No conviene ignorar la tremenda importancia que tiene una cultura marcada por la fe, porque esa cultura evangelizada, más allá de sus límites, tiene muchos más recursos que una mera suma de creyentes frente a los embates del secularismo actual. Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida”. (#68)
Una vez más, este año, como lo he hecho durante los últimos 11 años como obispo diocesano, monté en un bote salvavidas más allá de las rompientes, tanto en la Vigilia de la Asunción en Wildwood como el mismo día en Atlantic City. En esas ocasiones, como en el pasado, se notaba una gran alegría en los rostros sonrientes de las personas que me acompañaron hasta el bote.
Sobre todo, su fe era evidente en el rezo del rosario, en la cuidadosa colocación de ofrendas en la estatua de la Santísima Madre y en las muchas peticiones elevadas a nuestro Padre Celestial por sus intenciones personales. El agua del mar, que se puede tocar, es una fuente de bendiciones de Dios.
Incluso en nuestra cultura secular, las Bodas del Mar siguen alimentando la vida espiritual de muchos. Ofrece un testimonio público de fe mezclado con la cultura contemporánea. Da relieve público a nuestra Iglesia, a nuestro Señor y a nuestra Santísima Madre. Y llama la atención sobre el don de Dios del Océano Atlántico, tan importante para el sur de Nueva Jersey.
María, Reina de la Creación, ruega por nosotros.














