Mis queridos hermanos y hermanas
Todos nosotros hemos sido inundados por las campañas políticas en desarrollo desde hace varios meses.
También se ha hablado mucho acerca de la libertad de religión. Una de las maneras en que apoyamos la libertad de religión es ejerciendo nuestro derecho a votar. Como Católicos, tenemos un desafío, en primer lugar, ser buenos ciudadanos por medio de ejercer nuestro derecho y deber de votar.
Como Cristianos Católicos hemos recibido por nuestro bautismo, la vida de Dios dentro de nosotros, una relación intima con Jesús. Tras convertirnos en Iglesia, estamos unidos a Jesús y a nuestros hermanos y hermanas.
Estamos llamados, como resultado de nuestro bautismo, a vivir nuestra fe. Pero nuestra fe no se limita a ser sólo en la Iglesia. Se espera que vivamos nuestra fe en la vida cotidiana en el mundo. Con el voto y especialmente, el votar con una conciencia informada, ejercemos una de las maneras en la cuál vivimos nuestra fe.
No existe un partido “Católico”, ni un candidato respaldado por la Iglesia. Pero hay asuntos morales que están envueltos en las elecciones.
Entre los problemas que enfrentamos en las elecciones actuales están la santidad de la vida humana, la dignidad inherente de todo ser humano, asuntos de la justicia, tanto social como económica; la guerra y la paz, el cuidado de los pobres y de la ética pública.
La Iglesia, a través del Santo Padre y la Conferencia Nacional de Obispos Católicos a menudo, ha hablado sobre todas estas cuestiones.
El propio documento fundacional de nuestro país, La Declaración de Independencia, reconoce que todas las personas “están dotadas por su Creador con ciertos derechos inalienables, entre éstos están, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”
Sin duda, el don de la vida es una verdad moral fundamental y un derecho expresado por los Padres Fundadores. La libertad, nuevamente, es un derecho fundamental dado por Dios, incluyendo la oportunidad de tomar decisiones, en términos de la fe, la educación y las oportunidades de trabajo. La búsqueda de la felicidad fácilmente se traduce en lo que podríamos llamar justicia económica, el derecho a un trabajo digno, vivienda digna, cuidado de salud y educación de calidad.
Las enseñanzas del Evangelio son muy claras en muchos de estos temas. En Mateo 25, Jesús dice, lo que hagas al más pequeño de mis hermanos y hermanas, lo haces a mí. La dignidad humana de cada persona, independientemente de su raza, religión, lugar de origen o nacionalidad es fundamental a la realidad de que todos somos hijos de Dios, de que todos hemos sido redimidos por la Pasión, muerte y resurrección de Jesús.
No hay ningún partido o plataforma que abarque a la perfección todos los principios morales Católicos. Tenemos que reconocer cuáles son nuestros principios morales fundamentales y discernir quién apoyará más esos principios morales fundamentales. Para ejercer el derecho y el deber al voto se requiere que estemos bien informados y que oremos seriamente acerca de nuestras decisiones.
Somos parte de un mundo que ha cambiado mucho. Como mencioné en mi última columna en el Catholic Star Herald, existe una crisis de fe. La religión se desvía a un lugar privado y oculto en lo que se refiere a la sociedad. Sin embargo, en una sociedad sana, los principios morales, la fe y la confianza en Dios y un respeto a la soberanía de Dios sobre todos nosotros nunca pueden ser ignorados o dejados de lado.
La Iglesia no nos dice por quién votar. Pero la Iglesia nos presenta los principios fundamentales de los cuales debemos estar interesados en el momento de votar. Estos principios son la santidad de la vida, la dignidad y el valor inherente de todo ser humano, la justicia económica y social y el cuidado a nuestros vecinos, especialmente a los pobres entre nosotros.
Así, mis queridos amigos, les pido que oren diariamente por nuestro país, el cual amamos, para pedir por la gracia de Dios y la ayuda para todos aquellos que buscan liderar. Pero les pido por igual, que nosotros, que somos la Iglesia, tomemos seriamente nuestra responsabilidad de ser la sanación y la levadura sagrada en nuestra sociedad.
Obispo José Galante
Diócesis de Camden














