En su novela, “Las cartas de Screwtape”,”The Screwtape Letters”, C.S. Lewis relata el consejo de un viejo y sabio demonio, Screwtape, a su joven e inexperto sobrino, Wormwood, sobre cómo tentar a cierto “paciente” anónimo y ganárselo para Satanás. Entonces le pregunta a Wormwood ¿cuáles son sus pensamientos acerca de cómo podría proceder?
Wormwood comienza: “Decirle al paciente que Dios no existe”.
“Oh, no”, dice Screwtape. “Eso es demasiado grande”.
El continúa: “Así que decirle que el infierno no existe”.
“También demasiado grande”, responde Screwtape.
Su sobrino continúa: “Entonces, ¿qué tal si le digo al paciente que él tiene suficiente tiempo para poner su casa en orden?”
“Ah, ahora estás en el camino correcto”, dice Screwtape con aprobación. “Eso juega con la tendencia humana de procrastinar. No es nada grande, pero puede producir grandes resultados a largo plazo”.
Entonces Screwtape aconseja a Wormwood que comience a trabajar en el mal a pequeña escala. Olvídate de las cosas grandes por ahora. Eso vendrá después cuando el paciente esté debidamente acondicionado.
El tiempo litúrgico de Adviento tiene algo muy diferente que decirnos que la mentira que Wormwood propone poner en la mente de su paciente. El hecho es que no tenemos tiempo ilimitado hasta el día del juicio; así que lo mejor es estar preparado.
El Adviento es difícil de vender. Siempre ha sido. En primer lugar, es un tiempo litúrgico muy breve, normalmente de entre tres y cuatro semanas. Segundo, la competencia con la preparación y celebración de la Navidad secular es abrumadora.
Tantas voces compiten por nuestra atención en Adviento: voces de materialismo, consumismo y hedonismo. De hecho, no existe el Adviento en el mundo fuera de la Iglesia. A la voz de Adviento le cuesta abrirse paso entre nosotros. Tenemos que luchar e incluso decidir conscientemente si queremos escucharla.
Una forma de tomar tal decisión es reflexionar en oración sobre las lecturas de la Misa durante el Adviento. En términos generales, descubriremos que hay una serie de voces poderosas que nos hacen un llamado urgente durante la temporada. Y el escenario está listo en la Misa del primer domingo de Adviento.
La voz de Isaías, que es el principal profeta del Adviento, nos invita a considerar cómo es el cielo para que podamos desear más ardientemente ir allí. Lo pinta como la casa de Dios en la más alta de las montañas, a la que acuden personas de todas las naciones para disfrutar de la paz eterna.
La voz del Apóstol Pablo clama que es hora de despertar porque el día de nuestra salvación se acerca rápidamente. Necesitamos estar preparados desechándonos de las “obras de las tinieblas” (deseos carnales) y poniéndonos las “armaduras de la luz” (conducta virtuosa).
La voz de Adviento más importante, por supuesto, es la voz de Jesús. No es el llanto de un infante que nos llama a conmemorar el nacimiento humano del Hijo de Dios, la primera Navidad, hace 2000 años. Es más bien una súplica urgente del Jesús adulto, que nos llama a prepararnos para la segunda Navidad, su venida en gloria y majestad al final de los tiempos. Nos aconseja que estemos atentos y preparados ya que vendrá como ladrón en la noche cuando menos lo esperemos. Esa, por supuesto, es la verdadera Navidad para la que el Adviento nos llama a prepararnos.
La Iglesia considera tan crucial la preparación para la segunda Navidad que rezamos por ella en todas y cada una de las Misas. Inmediatamente después del Padre Nuestro el sacerdote reza: “Líbranos, Señor, te rogamos, de todo mal, concédenos la paz en nuestros días para que ayudados con tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras ESPERAMOS LA GLORIOSA VENIDA DE NUESTRO DIOS Y SALVADOR JESUCRISTO.
Este Adviento, no caigamos en la trampa de procrastinación de Screwtape. En cambio, seamos conscientes de desconectarnos de las distracciones seculares y preparar nuestros corazones para el regreso de Cristo.
El padre Edward Kolla es un sacerdote jubilado de la diócesis.














