Junto con el Obispo Emérito Dennis Sullivan, los sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles de la Diócesis de Camden, me uno al duelo por el fallecimiento del Papa Francisco. Rezamos para que después de completar su peregrinación de fe de 88 años en esta tierra, pueda regresar a la casa del Padre.
A lo largo de su ministerio como pastor universal, el Papa Francisco – nacido Jorge Mario Bergoglio – sirvió desinteresada e incansablemente a la Iglesia con la ternura de Jesús, el Buen Pastor.
Nunca olvidaré la alegría que su elección como el primer Papa latinoamericano trajo a la gente latina que yo estaba sirviendo en el sur de Minneapolis, en ese momento. Se sintieron profundamente conmovidos por su sencillez y humildad y vieron su cultura elevada en su ascensión a la Sede de Pedro.
Sus escritos sobre la alegría de la evangelización hicieron cantar mi corazón y ayudaron a transformar las parroquias en las que trabajaba. Quería que los pastores tuvieran “olor a oveja” y animaba a todos los fieles, con la palabra y el ejemplo, a “salir” a las periferias de la sociedad y de la Iglesia con misericordia para los atribulados y abandonados. Soñaba con una Iglesia pobre, transparente, a la escucha y que “caminara junta”. Creo que murió habiéndonos acercado a ese sueño.
En cada fase de su larga vida, el Papa Francisco siguió siendo un firme seguidor de Jesucristo. Que ahora disfrute de la plenitud de la vida eterna que tan fervientemente esperaba. Requiescat in pace.
Amén.
Reverendísimo José A. Williams, D.D.
Obispo de Camden














