
El 11 de febrero, la conmemoración de Nuestra Señora de Lourdes, nuestra Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo. En ese día, con enfocada intensidad, elevamos oraciones al Señor por los que están enfermos y por los que los atienden y cuidan.
Durante los últimos dos años, la enfermedad y el sufrimiento causado por el coronavirus ha tocado la vida de todos. Se estima que desde principios del año 2020, más de 900.000 personas han muerto por los efectos del virus, la cual es una cifra asombrosa. Sin embargo, igual de asombrosos son los efectos desafortunados que estas muertes han causado en las familias y la sociedad.
Los Evangelios relatan muchas historias sobre la presencia y el ministerio del Señor entre los enfermos y débiles. El con frecuencia rompía las reglas sociales y del templo cuando les hablaba e incluso les tocaba. El sanaba a los enfermos, y Su reputación como hacedor de milagros se extendió por toda la región y atrajo gente hacia Él.
Nuestra Iglesia tiene el Sacramento de los Enfermos para aquellos que enfrentan o están lidiando con una enfermedad grave. Este Sacramento continúa el ministerio sanador del Señor a los enfermos. Si usted se enfrenta a una cirugía o está lidiando con una enfermedad grave, debe aprovechar el Sacramento de los Enfermos. Algunas parroquias regularmente programan una celebración pública de este Sacramento. Si no, cuando tenga una enfermedad grave, acérquese a su párroco y solicite la Unción de Enfermos.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “la primera gracia de este sacramento es la del fortalecimiento, la paz y el valor para superar las dificultades que acompañan el estado de enfermedad grave o la fragilidad de la vejez”. Fortalecimiento, paz y valor son los dones que el Espíritu Santo puede realizar en nosotros a través de la Unción de los Enfermos. Más aún, el Espíritu puede “conducir al enfermo a la curación del alma”. El Catecismo dice: “Si él (el enfermo) ha cometido pecados, le serán perdonados”. La Unción de los Enfermos no solo puede ayudar a una persona enferma a soportar el sufrimiento con fe, sino que también perdona los pecados.
El ministro del sacramento es un sacerdote que impone las manos sobre el enfermo, reza por él o ella y unge las manos y la frente del enfermo con el Óleo de los Enfermos bendecido, si es posible, por el obispo. Estas acciones sacerdotales reflejan lo que se encuentra en el Nuevo Testamento. “¿Está alguien entre ustedes enfermo? El debe convocar a los presbíteros de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor, y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará. Si ha cometido pecados le serán perdonados”. (Santiago 5, 14-15)
Los servicios VITALity, patrocinado por la Diócesis, coordina en todo el sur de Nueva Jersey el ministerio de la Iglesia para los enfermos y débiles en instituciones como hospitales y centros de atención médica. Dedicados sacerdotes, diáconos, mujeres y hombres religiosos, y mujeres y hombres laicos ministran a los enfermos en estos lugares. Ellos visitan a los enfermos, oran con ellos, llevan el Sacramento de la Sagrada Comunión, hablan con ellos, interactúan con las familias, los conectan con sus parroquias y hacen los arreglos para que un sacerdote brinde la Unción de los Enfermos cuando sea necesario. Qué maravilloso servicio ofrecen al consolar a los enfermos en el nombre de Jesús. Los servicios Vitality están disponibles para ayudar a los enfermos con otros programas. Llámelos al 888-268-4825 o visite vitality.camdendiocese.org para obtener más información.
Un sacerdote celebra los últimos ritos por los moribundos. La Unción es brindada; se ora la Encomienda de los Moribundos y cuando es posible se recibe la Sagrada Comunión como Viático, alimento para el camino final. Jesús con la persona moribunda en su salida de este mundo a la vida eterna. Las oraciones por los muertos se usan para una persona que ya está muerta. Los Sacramentos son para los vivos. Los muertos son ayudados eficazmente por las oraciones de los vivos.
En la Jornada Mundial del Enfermo se ora por los profesionales que atienden a los enfermos y moribundos con acción de gracias al Señor por los médicos, enfermeros, técnicos y cuantos les asisten. Se reconoce su constante cuidado, compasión y labor en favor de los enfermos. Durante la crisis provocada por el virus, estas mujeres y hombres profesionales han mostrado su talento y su compromiso con los enfermos y moribundos.
Los enfermos comparten intensamente la Pasión del Señor. La Salvación fue lograda por el sufrimiento de la cruz. La luz de la fe nos ayuda a afrontar el sufrimiento, ya que a nivel humano no existe una comprensión adecuada del mismo. Unidos a Jesucristo, los enfermos pueden experimentar el poder y la sanación de Su amor.
El sufrimiento y la fe tienen algo en común. Ambos nos recuerdan nuestra dependencia de Dios para nuestra vida, nuestra salud y bienestar. Cuando la enfermedad ataca, puede tirarnos al suelo, temerosos e inseguros. Sin embargo, al colocarnos de espaldas, vuelve nuestros rostros y pensamientos hacia Dios.














