
“Es difícil entender una experiencia traumática a menos que pases por ella”.
Eso dijo Grace Calvelo-Rustia de la Comunidad Católica de Cristo Nuestra Luz de Cherry Hill, mientras explicaba cómo en cuestión de un día, toda su vida cambió.
Habiendo reunido a su familia para el Triduo Pascual, se despertó el Viernes Santo con un grito de pánico. Calvelo-Rustia, de ascendencia filipina, saltó de su cama y salió corriendo por la puerta principal. Allí estaba su hija, de vuelta a casa de la universidad, junto a su camioneta, que estaba pintada con imágenes obscenas y anti-asiáticas.
“Durante 35 años, tres generaciones han vivido vidas hermosas y pacíficas en nuestra casa”, dijo. “Me quedé impactada. Estaba confundida. Yo estaba enojada. Me había sentido segura en nuestra casa durante años, ¿y ahora esto estaba pasando? No pude evitar pensar y preguntarme: ¿este incidente sucedió porque nos están dando una señal de advertencia? ¿Volverán? Si regresan, ¿nos harán daño?
Ella continuó: “En un día, sentirme segura y pensar que pertenecía a la estructura de nuestro vecindario se convirtió en una gran duda. … En una mañana de vigilia, no nos identificaron como vecinos, no como miembros de una comunidad, sino como asiáticos y un objetivo del odio asiático”.
Calvelo-Rustia fue una de los cuatro oradores que dieron testimonio durante el Concierto Multicultural por la Paz y la Armonía Racial que se llevó a cabo el 22 de mayo en la Iglesia de San Carlos Borromeo, de Sicklerville. Más de 100 fieles de toda la Diócesis se reunieron para el evento bilingüe, que fue patrocinado por la Comisión Diocesana de Justicia Racial, en coordinación con la Secretaría de Evangelización y Ministerio Hispano.
Después de cada charla, hubo presentaciones de los coros de toda la Diócesis que representaban diferentes culturas. Entre ellos se encontraban la Comunidad Filipina del Sur de Nueva Jersey; ICA/Coros de Misas Africanas; músicos del Santuario Parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe de Lindenwold; y el coro de Música Espiritual de la Iglesia de San Bartolomé, Parroquia del Sagrado Corazón de Camden. Todos se unieron al canto “Kapayapaan” (La paz sea contigo) de María Nieva, pianista, conductora y directora del coro de niños del Santuario Parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe.
Hubo charlas de Jude Ukam de la Parroquia del Sagrado Corazón de Camden, quien habló sobre ser nigeriano en Estados Unidos, y Msgr. Leonard Scott, quien discutió las diferencias que ha visto con respecto a las vocaciones y la comunidad morena durante sus más de 50 años como sacerdote.
Laura Herrera-Mateo, una joven adulta de la Parroquia del Sagrado Corazón, habló del llegar a Estados Unidos a los 9 años, donde “ser el niño/ña nueva en el salón de clases puede causar ansiedad, y mucho menos si no sabe el idioma”.
“Puede ser tan simple como no saber más tu nombre”, dijo, y explicó que la pronunciación en español que estaba acostumbrada a escuchar fue reemplazada por una versión en inglés de su nombre.
Tal confusión continuó cuando, al final del 11° grado, notó que sus compañeros preparaban cartas para becas con la guía de los consejeros escolares. Habiendo sido excluida, Herrera-Mateo se reunió con su consejero, quien le explicó que, debido a su condición de inmigrante, nadie había querido darle “falsas esperanzas”.
“Insistí en si había formularios que pudiera llenar o cartas que pudiera escribir para obtener beneficios de becas”, dijo Herrera-Mateo.
Ella fue a la universidad comunitaria. Dos años más tarde, mientras observaba a sus compañeros preparar cartas de intención para universidades prestigiosas, decidió que no dejaría que “nada me impidiera aprender o adquirir conocimientos. En el fondo sabía que Dios tenía un plan para mí”.
En su cuarto semestre, Herrera-Mateo se convirtió en beneficiaria de DACA, Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, que brinda a los hijos de inmigrantes indocumentados protección contra la deportación. Luego estudió enfermería y educación y actualmente enseña español e inglés.
“A todos los niños, a todos los jóvenes, a todos los jóvenes adultos y a todos los adultos: Que nada los detenga. Los sueños se hacen realidad. Y todo con la ayuda de Dios.”
El Padre Vincent Guest, párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón y coordinador de la Comisión del Ministerio Católico Moreno y la Comisión Diocesana de Justicia Racial, reconoció cómo las dos cartas pastorales de los obispos de los EE. UU. sobre justicia racial: “Hermanos y hermanas para nosotros” (1979) y “Abramos de par en par nuestros corazones” (2018) – son recursos fundamentales para luchar contra la discriminación. Hizo hincapié en la importancia de la enseñanza social católica sobre la justicia racial y se refirió al tiroteo en el supermercado del 14 de mayo en Buffalo, N.Y., en el que murieron 10 personas morenas.
“El mensaje que creo que debemos dejar hoy es que el racismo no solo es políticamente incorrecto o socialmente inaceptable, sino que, en el fondo, el racismo es un pecado”, dijo.














