
El día a día de las escuelas católicas del sur de Nueva Jersey se ha visto coloreado por el COVID-19 durante casi dos años.
En marzo del 2020, las escuelas católicas cambiaron de la noche a la mañana a dos semanas de aprendizaje a distancia y se adaptaron rápidamente cuando esas semanas se convirtieron en cuatro meses. En septiembre del 2020, las escuelas católicas del Sur de Nueva Jersey abrieron sus puertas para el aprendizaje en persona cuando muy pocas escuelas de nuestra zona lo hicieron, y cuando muchos esperaban que fracasaran.
Lo hicieron porque los líderes de las escuelas católicas, los maestros y los padres saben que las escuelas católicas funcionan mejor cuando los estudiantes pueden estar juntos, capaces de ayudarse unos a otros cara a cara, de socorrerse mutuamente a crecer en conocimiento y sabiduría, y vivir lo que creen. (También abrieron porque las directrices del Departamento de Salud de Nueva Jersey animaban a las escuelas a abrir y daban procedimientos específicos para hacerlo. Las escuelas no abrieron desafiando ninguna directiva de salud pública, sino cumpliendo con ella).
El año escolar 2020-21 fue un éxito brillante para los directores, los maestros, las enfermeras escolares y todos los que demostraron la valentía, la perseverancia y la determinación de hacer que la escuela funcione para los estudiantes. Esto aplica especialmente a los padres, que fueron llamados más que nunca a trabajar en colaboración con las escuelas de sus hijos. Más del 90% de los padres que eligen las escuelas católicas utilizan las palabras “familia” o “comunidad” para describir la experiencia de sus hijos. Esas asociaciones, que siempre apoyan el éxito de los estudiantes, se renovaron cuando cada comunidad escolar enfrentó los desafíos del año escolar pasado en conjunto.
Si el año escolar 2020-21 dio a las escuelas católicas la oportunidad de brillar ante los desafíos operativos y sanitarios, el año escolar 2021-22 les está dando amplias oportunidades para superar los retos mentales y emocionales. El cansancio causado por el COVID es real. Nos bombardean con mensajes de los funcionarios de salud pública y del gobierno, así como de las fuentes de noticias que nos rodean todo el día, todos los días. Muchos en nuestra comunidad se han recuperado del COVID-19, pero muchos lloran la pérdida de los que no lo han hecho. El constante bombardeo de estos desafíos y los recuerdos de nuestros viajes individuales y colectivos nos desgastan a cada uno de nosotros.
Los directores de escuela, los profesores y las enfermeras -y las familias y los alumnos a los que estos sirven- no son diferentes. Seguir navegando por los matices de las cuarentenas, las pruebas de COVID-19, la elegibilidad para los deportes, el aprendizaje temporal a distancia y recordar llevar una mascarilla correctamente puede ser frustrante, desalentador y agotador.
Afortunadamente, las comunidades escolares católicas pueden aprender de los muchos ejemplos de la historia de nuestra fe sobre cómo nuestros antepasados superaron esas emociones. Los israelitas sintieron esas emociones en su viaje a la Tierra Prometida. También las sintieron los innumerables profetas que imploraban a nuestros antepasados que se arrepintieran. También los judíos de la época de Jesús, que esperaban a su mesías.
En cada uno de estos casos y en muchos más, Dios respondió poderosamente con su gracia salvadora, ofrecida con amor y compasión, y proporcionando esperanza y salvación. Las comunidades escolares católicas están impregnadas de la misma gracia y pueden acceder a la misma esperanza que dicha gracia proporciona. Nuestras comunidades lo reconocen, lo dicen en voz alta y aceptan esa gracia cada día, y lo hacen juntos.
Eso no hace que la lucha desaparezca, pero ayuda a los alumnos, los padres, las familias, los profesores y los directores a perseverar. Nos ayuda a todos a saber que Dios está con nosotros y que nos guía a través de los desafíos actuales sabiendo que también El estará ahí, igualmente, cuando surjan otros nuevos.
Esto es lo que celebramos durante la Semana de las Escuelas Católicas: Las escuelas católicas abrazan nuestra fe y la llevan a cabo. No la ocultan ni la limitan a expresiones individuales en momentos de tranquilidad. La capacidad de hacerlo juntos, y de vivir en un entorno intencionadamente impregnado de la gracia de Dios, es la base de todos los éxitos que celebramos esta semana. Por favor, únanse a mí en la oración por su continuo éxito y por la continua presencia de Dios mientras afrontamos juntos los retos de hoy y del futuro.
El Dr. William A. Watson es jefe diocesano del Secretariado para la Educación Católica y superintendente de las escuelas católicas.














