
Nota del editor: El Adviento comienza el domingo 3 de diciembre.
“El Camino”, “The Way”, es una película producida y dirigida por Emilio Estévez y protagonizada por su padre, Martin Sheen. Sheen interpreta el papel del doctor Thomas Avery. Un exitoso oftalmólogo, viaja a Francia para reclamar el cuerpo de su hijo Daniel, del que está distanciado, fallecido en un trágico accidente en los Pirineos mientras hacía el Camino a Santiago de Compostela. En la Edad Media, el Camino de Santiago hacia el santuario del Apóstol Santiago el Mayor era una de las rutas de peregrinación más populares.
Aunque Thomas es un experto en el campo de la vista, adolece de una gran falta de perspicacia. Así que, en un esfuerzo por profundizar para llegar a comprenderse mejor a sí mismo y a Daniel, decide completar la peregrinación por su hijo.
Al principio, Thomas está decidido a ir solo. Sin embargo, renuente, pronto se une a otros tres peregrinos en el camino, todos cuyos objetivos declarados son, en el mejor de los casos, superficiales. Uno de ellos es un hombre de Amsterdam quien está pasado de peso. Afirma que está haciendo el peregrinaje para perder peso para la aproximada boda de su hermano y ser más atractivo para su esposa. Otra es una mujer canadiense adinerada, divorciada afligida, que había sido abusada por su exesposo y que también había abortado. Dice que hace el Camino para dejar de fumar. El tercero es un viajero escritor irlandés, un novelista fracasado y nervioso cuyo deseo en el Camino es superar su bloqueo de escritor. Sin embargo, al igual que Thomas, los tres realmente buscan un sentido y un propósito más profundos en sus vidas.
Cuando los peregrinos llegan a Compostela, su destino, todos se han transformado radicalmente. El holandés descubre la bondad en su vida y un espíritu de alegría se despierta en su alma. La mujer canadiense encuentra el perdón y la aceptación de sí misma en lo más profundo de su ser. El irlandés redescubre su fe perdida en Dios y en sí mismo. Y, por último, Thomas llega a una nueva comprensión y respeto por su hijo perdido y también por sí mismo.
La peregrinación es la metáfora perfecta de nuestro viaje de Adviento. Es un viaje a través del tiempo hacia el borde de la eternidad. Nuestros compañeros de peregrinación y guías son, sobre todo, los profetas Isaías y Juan el Bautista, que ocupan un lugar destacado en las Escrituras para esta temporada.
El Adviento es también una peregrinación extraña y única, porque comienza en el borde de nuestro destino, al final de los tiempos, y avanza hacia atrás, hasta la Anunciación del Señor, con vistas a su Nacimiento en Belén. Quizá sea porque nuestra inclinación natural durante el Adviento es prepararnos espiritual y materialmente para conmemorar el Nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. Esa fue la primera Navidad hace 2.000 años.
Sin embargo, el verdadero objetivo de nuestra peregrinación de Adviento es prepararnos para la segunda Navidad, la venida de Cristo en gloria para dar paso a la plenitud del Reino de Dios. La Iglesia nos recuerda firmemente este verdadero objetivo desde el comienzo de la temporada de Adviento, para que lo tengamos siempre presente mientras nos preparamos para celebrar la Navidad el 25 de diciembre.
Las lecturas bíblicas del primer domingo de Adviento comienzan con el lamento del profeta Isaías por el alejamiento del pueblo de Dios de sus caminos. Suplica al Señor que vuelva por ellos. “ Oh, si rompieses los cielos y descendieses” (63,19b). Además, ora para que Dios los encuentre haciendo el bien cuando por fin venga.
En su primera carta a los Corintios, San Pablo les asegura que no les falta ningún don espiritual mientras esperan la segunda venida, “la revelación de nuestro Señor Jesucristo” (1,7). Confía en que permanecerán “firmes hasta el fin, irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo” (1,8).
En el Evangelio según San Marcos, Jesús dice a sus discípulos: “Estad atentos y vigilad” (13,33). Lo dice con vistas a su segunda venida, porque nadie sabe cuándo volverá.
En los Evangelios del segundo y tercer domingo de Adviento, aparece en escena Juan Bautista, el último de los profetas. Recuerda el mensaje de Isaías cuando proclama: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”.
Por último, en el Evangelio del cuarto domingo, se proclama el relato de la Anunciación del Señor, como preparación a la conmemoración de nuestra Natividad.
Las lecturas son de gran valor para los domingos de Adviento. Una lectura pausada y orante de las mismas a lo largo de la temporada es una buena práctica para prepararnos para la celebración de la Navidad el 25 de diciembre. Pero, especialmente, tal lectura es beneficiosa cuando contemplamos la segunda Navidad al final de los tiempos.
Al igual que el Dr. Thomas Avery y sus compañeros peregrinos del Camino de Santiago llegaron a un conocimiento más profundo de sí mismos, que nuestra peregrinación a través del tiempo de Adviento nos lleve a centrarnos más en nuestro destino final, más allá del 25 de diciembre.
El padre Edward Kolla es sacerdote jubilado de la diócesis.














