Por Francis X. Rocca
Catholic News Service
SANTIAGO DE CUBA, Cuba –- Celebrando una Misa al aire libre en su primer día en Cuba, el papa Benedicto XVI reconoció las dificultades que atraviesan los católicos de este país tras medio siglo de comunismo y describió la libertad humana como una necesidad tanto para la salvación como para alcanzar la justicia social.
El papa habló el 26 de Marzo en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en la segunda ciudad más grande de Cuba. Había llegado al país unas horas antes, tras pasar tres días en México.
El Vaticano dijo que en la plaza cabían unas 200.000 personas y estaba llena, varios miles tuvieron que ocupar las calles que llevaban a la plaza. El presidente de Cuba, Raúl Castro, que había recibido al papa en el aeropuerto, se sentó en primera fila para la Misa.
Decenas de miles de asistentes iban vestidos con una camiseta blanca dando la bienvenida al papa como “peregrino de la caridad”; muchos de ellos también llevaban una gorra de béisbol para protegerse del tórrido sol.
Antes de que el papa llegara a bordo del papamóvil, la estatua original de Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre, patrona de Cuba, fue conducida en lo alto de un furgón blanco entre los vítores de la gente. La estatua fue después entronizada junto al altar.
En su homilía, el papa Benedicto reconoció el “esfuerzo, audacia y abnegación” de los católicos cubanos “en las circunstancias concretas de su País, y en este tiempo de la historia”. A pesar de que ahora es más tolerante con la práctica religiosa que en décadas anteriores, el estado comunista sigue impidiendo la construcción de nuevas iglesias y limita estrictamente el acceso de la Iglesia católica a los medios de comunicación estatales.
En una posible alusión a las informaciones que afirman que el régimen impidió a opositores políticos asistir a la Misa, el papa Benedicto extendió su habitual mención a quienes estuvieron ausentes por razones de edad o salud, e incluyó a aquellas personas que “por otros motivos, no han podido estar aquí con nosotros”.
Antes de la llegada del papa, un hombre en la multitud gritó un slogan anti-comunista y se lo llevaron de inmediato.
El papa pintó un cuadro grave de lo que puede llegar a ser una sociedad sin fe.
“Cuando Dios es arrojado fuera, el mundo se convierte en un lugar inhóspito para el hombre”, dijo. “Apartarse de Dios nos aleja de nosotros mismos y nos precipita en el vacío”.
“La obediencia en la fe es la verdadera libertad, la auténtica redención”, señaló. “La redención es siempre este proceso de llevar la voluntad humana a la plena comunión con la voluntad divina”.
Tomando el tema de la fiesta litúrgica del día de la Anunciación, cuando María supo que iba a concebir al Hijo de Dios, el papa remarcó que el cumplimiento del plan divino implicaba que María aceptara libremente su papel.
“Nuestro Dios, al entrar en el mundo, ha querido contar con el consentimiento libre de una criatura suya”, dijo el papa Benedicto. “Resulta conmovedor ver cómo Dios no sólo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla”.
A pesar de sus desafíos a la sociedad cubana, el papa Benedicto concluyó su homilía repitiendo una petición anterior de paciencia hacia la política de diálogo y cooperación de la Iglesia Católica con el régimen comunista, un proceso iniciado por el beato Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998.
“Aceptemos con paciencia y fe cualquier contrariedad o aflicción”, dijo el papa. “Con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios”.














