Durante la segunda semana de Cuaresma, se celebran dos santos populares. El 17 de marzo, San Patricio, el Apóstol de los irlandeses, y patrón nacional de Irlanda, y el 19 de marzo, San José, el esposo de María y Patrono de la Iglesia Universal. En la liturgia de la Iglesia el Día de San José se observa como una Solemnidad por su papel personal en la historia de la salvación. El Día de San Patricio se observa como una memoria.
Estos dos santos de Dios nos pueden ayudar en nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua. Ambos tienen mucho que enseñarnos sobre la vida en Cristo. Una meta de nuestro camino cuaresmal es crecer más fuertes y más comprometidos con Cristo. Los ejemplos de San Patricio y San José contienen ideas que nos pueden adelantar en ese objetivo de Cuaresma de crecer en santidad.
Después de haber sido esclavizado por los Celtas y de haber escapado de esa crueldad, Patricio volvió a Irlanda como clérigo ordenado. En su segunda llegada, trajo el Evangelio y la Cruz de Jesucristo. Como dice Patricio en sus Confesiones, durante sus años de esclavitud, él creció en su devoción a la oración y a Dios.
Durante su formación para el sacerdocio, después de escapar de sus amos, Patricio escuchó una voz – “Ven, camina entre nosotros una vez más”. Él respondió a la voz y regresó libremente a un pueblo que no era el suyo. Con profundo respeto por las culturas que encontró entre los clanes Celtas, Patricio predicó primero a los jefes y a sus séquitos, y luego a todos. Después de ganarlos a Cristo, se dedicó a establecer la iglesia. Patricio no impuso reglas o prácticas extrañas en las culturas que encontró. Para atraer a la gente a Cristo y establecer la iglesia, él utilizó, en forma racional, todo lo bueno que encontró en las culturas nativas.
En nuestro tiempo se habla mucho en la Iglesia acerca de la Nueva Evangelización. Esto significa nuevos caminos para enseñanzas antiguas. Esto no significa, como algunos han sugerido, que las enseñanzas antiguas se cambian o se ignoran. Lo que sí quiere decir es que tenemos que cambiar nuestro enfoque de manera que el Evangelio se escuche y que se vuelva a implantar la iglesia una vez más en las comunidades donde ha sido ignorada u olvidada. Patricio es un modelo de lo que la Nueva Evangelización pide de nosotros.
San José, el “hombre justo”, como se le llama en las Escrituras, es un ejemplo de alguien que oye y escucha a Dios. José es un hombre de silencio. No hay palabras suyas en las Escrituras, pero hay ejemplos de sus obras, de sus acciones en nombre de los demás. Dadas las circunstancias de la vida en Nazaret, José tuvo que haber sido un ejemplo para Jesús como modelo de fe, devoción, trabajo y responsabilidad.
Nuestras prácticas cuaresmales nos pueden fortalecer en la búsqueda de la santidad en nuestras situaciones particulares de vida. El reflexionar sobre el ejemplo de San José nos puede animar a querer ser más como Cristo, para nosotros y para los demás. Las prácticas cuaresmales de penitencia y negación deben llevarnos a la caridad en nombre de los demás. Los sacrificios personales nos recuerdan nuestra dependencia de Dios. ¿Acaso no fue esto lo que alentó a San José cada vez que tuvo que sacrificarse en nombre de Jesús y de María?
San Patricio, por ejemplo, nos desafía a dar a conocer el Evangelio en nuevas formas. En la parroquia, hay muchas oportunidades de participación. Para algunos, pueden ser programas o grupos que son nuevos para ellos. Pero no sea tímido, trátelo. Puede que le sorprenda el saber que usted está escuchando la Buena Nueva como nunca antes, y creciendo en Cristo.
El ejemplo de San José, en su dependencia de Dios, lo honró para hacer todo lo que tenía que hacer por María y por Jesús. Este ejemplo nos enseña a depender de la gracia de Dios. Esta es una lección importante para la Cuaresma.
San José y San Patricio orad por nosotros.














