Columna del Obispo – Cultivando una relación de amor con Dios mediante la oración

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Durante los últimos meses, he estado reflexionando bastante acerca de la oración, particularmente sobre los salmos en los cuales reflexiono todos los días en el Cargo Divino.

Todo sacerdote debe rezar el breviario, el cual se compone de varias secciones. Uno es el Oficio de la Lectura, que cuenta con tres salmos y dos lecturas, el cual una de ellas es la Escritura, la otra una selección de uno de los Padres de la Iglesia o el de un documento del Concilio Vaticano II.

La oración de la mañana consiste en un himno, tres salmos, una breve lectura y el cántico de Zacarías (El Benedictus) así como varias intenciones de oración por las necesidades de toda la Iglesia y grupos en particular.

También hay una oración durante el día, que incluye tres salmos, una breve lectura y la oración final. La oración de la noche consiste en un examen de conciencia, un himno, un salmo, el Cántico de Simeón y la oración final, así como una oración a la Virgen.

La Liturgia de las Horas, como se le llama a menudo, es una maravillosa práctica no sólo para los sacerdotes y diáconos, sino también para los laicos. Algunas parroquias ofrecen oraciones matutinas y vespertinas.

Pero para mí, la belleza y el valor de la oración esta en la adoración, la petición, la acción de dar gracias y especialmente alabar a Dios através de las palabras inspiradoras de los Salmos, especialmente en la Sagrada Escritura.

Tal como San Paúl nos recuerda en Romanos, capítulo 8, que no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu ora en nosotros…. Orar los Salmos es de las expresiones más evidente y más simple de esa realidad. Pero la oración no solo es recitada, pero siempre debe ser objeto de reflexión. Los Salmos se han convertido para mí en oraciones para ser saboreadas, para ser recitadas despacio y reflexivamente, para que las palabras inspiradas del salmista reflejen mis propios sentimientos, mis propios deseos.

La oración, mis queridas hermanas y hermanos, no es algo complicado o esotérico, reservado sólo para los monjes, monjas de clausura y el clero. Todos nosotros hemos sido llamados por nuestro bautismo a una relación interior, profunda y notable con Dios, Padre, hijo y Espíritu Santo. Somos hijos adoptados del Padre, hermanos y hermanas de Jesús el Hijo y receptores de los dones y el poder del Espíritu Santo.

La oración es la expresión de esa relación única del amor y la amistad entre Dios y nosotros. Dios no ama poderosamente. Y entonces expresamos esa extraordinaria relación en palabras, en pensamiento, en acción y en silencio.

La oración se puede hacer en cualquier momento, en cualquier lugar. A veces se puede hacer reflexivamente mientras conducimos en nuestros coches. Es bueno el no encender la radio inmediatamente después de encender el motor. Nuestros automóviles nos pueden proporcionar un tiempo de reflexión en silencio mientras nos ocupamos de nuestras gestiones cotidianas o conducimos de ida y regreso al trabajo. En casa, muy a menudo tenemos el ruido de la radio o la televisión en el fondo. El silencio es una gran ayuda para la oración.

He sido bendecido con las horas que he tenido que estar en diálisis. He dado gracias a la gracia de Dios, por haber sido capaz de rezar la Liturgia de las Horas mientras que he estado en diálisis. He sido enriquecido en gran medida por tener tanto tiempo para reflexionar en cada Salmo, para encontrarme con mis propios sentimientos con los del Salmista. Pero con un poco de esfuerzo cada uno de nosotros podemos descubrir, aun en medio de nuestras ocupaciones, los momentos especiales de reflexión en silencio cuando podemos dirigir nuestros pensamientos al Dios que nos ama.

A veces no podemos pensar que Dios no ama mucho, ya que nos concentramos en los problemas y dificultades. Algunas veces podríamos sentir que Dios es indiferente o está lejos y ciertamente no está atento a nuestra situación. Sin embargo estoy firmemente convencido de que una vez empezamos a acercarnos a Dios en pensamiento, palabra y silencio, nos sorprenderemos al descubrir cuán cerca, muy cerca y preocupado es Dios.

Mis queridos amigos, Dios nos ha dado el poder de estar en una relación íntima y amorosa con el Padre, el Hijo y el Espíritu. Por favor no pasen por alto u olviden ese gran don, la realidad de que Dios de hecho poderosamente nos ama y desea acercarnos a Él cada vez más.