Columna del Obispo – Observando lo Divino en la belleza del otoño

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Primeramente, yo necesito darles las gracias.

Mi columna anterior en el Star Herald sobre mi necesidad de ser sometido a diálisis generó un resultado de cartas y mensajes de preocupación y por supuesto de oraciones.

Me siento animado por el amor y oraciones que he recibido, algunas de personas que ni siquiera conozco, tanto de la Diócesis de Camden como de alrededor del país.

Este sentido de gratitud, combinado con el cambio glorioso de estación, me ha llevado a reflexionar sobre la importancia de la belleza y como Dios refleja la Belleza Divina a través de la naturaleza. Nosotros estamos bendecidos de vivir en donde podemos experimentar los cambios de colores del follaje, la variedad de los colores brillantes de las hojas, las flores otoñales que añaden tanta belleza.

Dios nos debe haber dado la belleza de la naturaleza en el otoño para prepararnos para el grisáceo y la oscuridad creciente del invierno. De esa manera, nosotros tenemos la memoria de la riqueza de colores otoñales de Dios para que nos lleve a través del deslustre monocromático del invierno. En nuestras vidas, Dios continúa revelando la Divina Naturaleza a través de la belleza creada.

El Papa Benedicto frecuentemente habla del gran regalo que es nuestra tierra y nuestra necesidad de proteger y respetar la Creación de Dios. El ritmo de las estaciones, es a menudo, reflejado en el ritmo de nuestras propias vidas. Nosotros experimentamos alegría, belleza y gozo, pero también hay momentos de tristeza, oscuridad y tensión. Dios nos enseña a través de la Naturaleza Creada, que al cambiar de las estaciones, se encuentra presente la constante paz de Dios, sosteniéndonos y siempre fielmente presente. Aún en la muerte del invierno podemos descubrir la belleza. Siempre tenemos la esperanza de la primavera y de nueva vida.

La belleza continúa siendo una senda para nuestras almas, una de las maneras por las cuales Dios nos atrae. Esto es pre-evangelización, porque sensibiliza nuestras almas al misterio mas profundo de Dios.

Tal como en las estaciones del año, así en nuestras vidas siempre está la promesa de una nueva vida. La primavera se nos revela en la celebración de la Eucaristía y en el Sacramento de la Reconciliación. En la Eucaristía la celebración de la muerte y de la resurrección de Jesús nos lleva a través de la realidad de nuestras propias vidas, del morir y resucitar, espiritual y emocionalmente.

El Sacramento de Reconciliación es tan igual al florecer de la temporada de la primavera después de la muerte y la desolación del invierno. El pecado y el vacío dan camino a la luz y a la plenitud de la gracia.

Mientras gozamos de la belleza de este tiempo del año, yo oro para que sea una oportunidad de reflexión, de gratitud y de un continuo sentido de admiración. La naturaleza nos recuerda que Dios está presente, Dios vive en nosotros y que Dios se deleita en mostrarnos bellas señales de lo Maravilloso de lo Divino.