
SOMERS POINT – Hace 28 años, Edgar Mexquititla, de 14 años, dejó su México natal y su familia para buscar una vida mejor en Estados Unidos. No tenía mucho, pero sabía que contaba con un poderoso intercesor en su viaje.
“Cuando llegué a Nueva Jersey, le pedí a Nuestra Señora de Guadalupe que me mostrara el camino”, dijo, refiriéndose a la Patrona de las Américas. “Creía que ella iba a ayudarme a triunfar aquí”.
Hoy, con esposa, hijo, hija y trabajo estable, Mexquititla agradece la protección de la Virgen María y su promesa dada a un joven campesino mexicano en 1521: “¿No estoy yo aquí, yo que soy tu Madre?”.
“Cada vez que tengo problemas, le pido que me guíe, y ella siempre me lleva a Jesús”, dijo Mexquititla, feligrés de la Parroquia de San José, y uno de los muchos que se reunieron el 12 de diciembre para la celebración anual de Nuestra Señora de Guadalupe en su día de fiesta.

El ambiente festivo en San José fue sólo uno de los muchos que se dieron en todo el mundo, la nación y en la Diócesis de Camden en honor de la Santísima Madre. Esa misma tarde, el Obispo Dennis Sullivan celebró con la comunidad de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, Newfield.
Vestidos con atuendos culturales y portando iconos y estatuas de la Santísima Madre, generaciones de jóvenes y mayores se reunieron en Somers Point para la velada que comenzó con una procesión alrededor de la iglesia, y gritos a “La Guadalupana, Madrecita de los Mexicanos.”
“Así como la Virgen fue la aurora que abrió el Nuevo Mundo a la luz de su Divino Hijo, así también continúa atrayendo a todos los hombres hacia su Hijo, para que todos conozcan la bondad del Señor”, dijo en su homilía el Padre Carlo Santa Teresa, celebrante de la Misa.
Relató las apariciones de la Virgen a Juan Diego en el siglo XVI en el cerro del Tepeyac de México, prometiéndole su amor y protección “que se extendería de generación en generación”.
Ella no es sólo “la madre para todo cristiano, no importa dónde se encuentre en su vida espiritual”, sino también para “el escéptico a quien está dispuesta a llevar la plenitud de la verdad que se encuentra en su Hijo”, dijo.
Al igual que las fotos que la gente guarda en sus casas – recuerdos de bodas, graduaciones, fiestas familiares y otros momentos alegres – la imagen imperecedera que la Virgen dejó de sí misma en la tilma de Juan Diego es “un verdadero recuerdo para las generaciones futuras sobre las alegrías de nuestra familia, y el amor, cuidado y protección de Nuestra Señora de Guadalupe”, continuó el Padre Santa Teresa.
El hijo de Mexquititla, Giovanni, ayudó como monaguillo durante la misa y, al igual que su padre, conoce la influencia siempre presente de la Virgen.
“En mis propias luchas en mi camino, he encontrado consuelo en ella”, dijo el joven de 18 años, atribuyendo su éxito, como estudiante de primer año de enfermería en la Universidad La Salle y trabajando junto a su padre, a la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe. “Ella siempre me ha guiado y me ha mantenido cerca de ella. Si alguien necesita hablar con alguien, acude a ella. Ella está ahí para todos”.
Ashley Dionicio, de 15 años, presente en la misa y las festividades con su familia y su novio, también ha encontrado en Nuestra Señora de Guadalupe un recurso constante. En medio de las luchas por la salud de su hermana mayor, así como la suya propia, Dionicio y su familia dicen que tienen una poderosa defensora.
“Ha estado con mi familia y conmigo en todo momento, protegiéndonos”, dijo Dionicio.
Después de la misa, los asistentes disfrutaron de una comida de pollo, cerdo, arroz, frijoles y más en el salón parroquial. Una banda de mariachis y bailarines con vestidos de colores brillantes también formaron parte del ambiente festivo.
Mexquititla, por su parte, reflexionó sobre el momento y una promesa cumplida. “Celebré a Nuestra Señora de Guadalupe en México mientras crecía, y ahora la celebro aquí”, dijo. “Me alegro de que mi familia esté aquí para celebrarlo conmigo y rezar con ella”.


















