
Los católicos celebran el Domingo de Ramos en la Iglesia San Judas, Parroquia Nuestra Sra. de la Esperanza, Blackwood.
En medio de los muchos cambios que la Iglesia Católica está experimentando, actualmente está la adaptación de la iglesia a la presencia de los muchos católicos de habla hispana que han llegado de diferentes países.
En el pasado, la Iglesia Católica respondió a la inmigración mediante el establecimiento de “parroquias nacionales” que servían a los inmigrantes de un país en particular. Las parroquias se conocían como la “Parroquia Italiana”, o la “Parroquia Polaca”, o la “Parroquia Irlandesa”. Usualmente, el idioma del país de origen se utilizaba por toda la parroquia, para la homilía, la educación religiosa e incluso en todas las materias que se enseñaban en la escuela Católica de esa parroquia.
La última ola de inmigración ha creado un nuevo desafío para la Iglesia Católica. Los inmigrantes ya no se están agrupando en un solo sector de nuestras ciudades. En cambio, están encontrando viviendas por todas las ciudades, en las áreas rurales (especialmente en campos de casas rodantes) y en ocasiones en las comunidades suburbanas.
Además de la distribución desigual de los nuevos inmigrantes, una segunda diferencia muy importante entre los inmigrantes del pasado y los de hoy día, es que ellos no asisten a las escuelas Católicas. Esto ha ocurrido por varias razones, incluyendo el hecho de que las escuelas ya no ofrecen clases en el idioma del país de origen y que la matrícula para las escuelas (que antes eran gratuitas a la población Católica) está fuera de sus alcances.
Hoy la Diócesis de Camden está tratando de dar la bienvenida a los inmigrantes Católicos, ofreciendo la liturgia, educación religiosa y otros ministerios en la lengua de los países de origen.
En varias parroquias, hay misas mensuales para la comunidad Filipina, los católicos Hindúes quienes celebran el Rito Siro-Malabar de la Iglesia Católica y la comunidad Coreana.
Pero existe una realidad diferente para los hispanos hablantes. En primer lugar, constituyen un número muy grande, en segundo lugar, están ampliamente dispersos en toda la diócesis y en tercer lugar, vienen de muchos países.
Un enfoque que ahora la Diócesis de Camden está intentando, es el de asignar un sacerdote al servicio de la gente latina en diferentes parroquias. Esto está sucediendo en varios lugares de la Diócesis, incluyendo La Parroquia de San José en Somers Point y San Francis Cabrini en Ocean City, quienes comparten el costo de un sacerdote de habla hispana para las dos parroquias. Acuerdos similares existen en otras parroquias.
Una situación diferente existe a lo largo del Black Horse Pike. Una parroquia en el extremo norte de la Pike, donde se une con la ruta 130, ha estado celebrando la Misa Dominical en español por 11 años. Otra parroquia cerca de 10 millas al sur, San Carlos Borromeo en Sicklerville, celebra una Misa anual en la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe (12 de diciembre) todos los años desde el 2005. Sin embargo, la mayoría de las personas que asisten a esa Misa vienen de Williamstown, de la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz.
Entremedio de estos dos territorios, existen concentraciones de Latinos en Blackwood, Runnemede y Bellmawr. Un número más pequeño de Latinos viven en Gloucester, Mt. Ephraim, Turnersville y Brooklawn.
Con el fin de dar la bienvenida a estos católicos a la Diócesis y servirles, un sacerdote fue designado a atender a todas las personas hispanohablantes en diez parroquias a lo largo de la Black Horse Pike y debajo de la Ruta 130 Sur.
En este momento, el Rev. Kenneth Hallahan está asignado a este ministerio. El celebra la liturgia los sábados por la noche en la Iglesia San Mauricio (Parroquia San Joaquín) en Brooklawn y los domingos por la mañana en la Iglesia Santa Juana de Arco (Parroquia Santa Josefina Baquita, Camden) y la Iglesia San Judas (Parroquia Nuestra Señora de la Esperanza, Blackwood).
Una de las características sobresalientes del ministerio Hispano es la celebración de las dimensiones de la fe que son específicas a las comunidades locales. Cada país Latinoamericano tiene a María como patrona. Sin embargo, cada país honra a María con un título diferente.
De este modo en la Parroquia de Santa Josefina Baquita (Iglesia de Santa Juana de Arco), las personas celebran a Nuestra Señora de la Divina Providencia (Puerto Rico), Nuestra Señora de la Caridad del Cobre (Cuba), la “Purísima” o La Inmaculada Concepción (Nicaragua), Nuestra Señora de Guadalupe (México) y “Alta Gracia” o Nuestra Señora de la Divina Gracia (Republica Dominicana).
Cada día de fiesta tiene su propia historia y sus propios símbolos. Por ejemplo, el símbolo de la “Alta Gracia” es el árbol de naranjo. Una estatua de María con José en el fondo y el Niño Jesús en primer plano, están rodeados de naranjos para recordar el sitio de la aparición o la exposición de la pintura de la
Sagrada Familia, en un campo de naranjos en la Republica Dominicana.
Los mexicanos también traen sus propias costumbres al celebrar la fe. Por ejemplo, en la fiesta de la Epifanía, hornean un pastel especial llamado la “Rosca del los Reyes.” El pastel contiene una pequeña estatua plástica del Nino Jesús. El que obtenga el Nino Jesús en su pedazo de pastel recibe una noticia especial, ya sea de buena suerte o la obligación de hornear el pastel el siguiente año!!!
El 2 de febrero (o el domingo mas cercano), la fiesta de la Presentación o el día de la Candelaria (el cual se utiliza como la conclusión de la temporada de la Navidad para todos los Católicos), los Mexicanos traen sus estatuas del Nino Jesús a la iglesia para ser bendecidas. Al igual que muchos Católicos Europeos quienes tienen una devoción especial al Santo Niño de Praga, los mexicanos tienen una devoción especial para el Nino Jesús de la Presentación.
La Iglesia de nuestra Diócesis está enriquecida con las muchas costumbres, alimentos y música traídas por los inmigrantes de hoy. Al apoyar el ministerio de los Latinos a lo largo del Black Horse Pike y la Ruta 130, las diez parroquias se están adaptando a una nueva situación, pero aún así cumpliendo con los valores Católicos tradicionales de acoger a los inmigrantes y alentarlos a mantener tanto su fe como sus culturas.














