Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Cada año, nuestros empleados diocesanos celebran un día de recogimiento en Adviento, durante el que reflexionamos juntos, a través de la oración, el diálogo y la liturgia, sobre la mejor manera de prepararse para la venida del Señor en la Navidad. El tema de este año fue la inmigración y el papel especial de la Iglesia en la atención y bienvenida de los migrantes de todo tipo.
Algunos podrían preguntarse si ese tema, conectado a esta temporada, es un poco rebuscado.
Pero a mayor reflexión, los dos están estrechamente ligados.
En Navidad, celebramos a Dios, a través de Jesús, tomando la naturaleza humana. Y las Escrituras nos dicen que esto ocurrió en un momento determinado de la historia y bajo las más humildes de las circunstancias.
A veces es importante leer la historia nuevamente, como si se escuchara por primera vez, no abrumada por los sentimientos alimentados durante tantas temporadas. Cuando hacemos esto en las narraciones del Evangelio de Lucas y Mateo, estamos impresionados de lo incómoda que la escena es, cómo los principales actores en esta historia fueron incapaces de controlar todo tipo de circunstancias.
El Evangelio de Lucas nos dice que no había sitio en la posada para la Sagrada Familia. Mateo nos dice acerca de cómo el niño Jesús era una amenaza para el rey Herodes, quien inició persecuciones y asesinatos. María y José fueron forzados a huir como exiliados a Egipto.
Jesús asumió lo que nosotros llevamos. El sufrió, agonizó y a la inversa, experimentó la alegría del amor y la amistad. El formó parte de un mundo donde sus limitaciones humanas lo colocaron en situaciones fuera de control terrenal.
En lugar de un parto en comodidad e higiene, María tuvo a Jesús en el lugar donde los animales tomaban refugio. En lugar de anidamiento tranquilo en sus vínculos especiales, María, José y el niño fueron forzosamente desarraigados y huyeron a un país extranjero.
En ese sentido, ellos son como nosotros. Incluso si no somos técnicamente migrantes, incluso si tenemos el don de un hogar cómodo y cariñoso, siempre hay una parte de nosotros que se siente inquieta, como San Agustín señaló, hasta que descansemos en El.
En los recovecos más profundos de nuestro ser, somos todos migrantes que buscan un retorno del exilio de nuestros temores más profundos, ya sea causados por conflictos familiares, desempleo, enfermedad o tal vez un malestar personal que tenemos problemas para identificar.
Esta es la mala noticia.
La buena noticia es que, debido a esa primera Navidad, sabemos que Jesús entiende las luchas detrás de nuestras oraciones.
Que Jesús los llene de esperanza y amor al celebrar su nacimiento!
Fraternalmente,
Obispo José A. Galante














