
El sábado 29 de mayo de 1971, hace 52 años, habiendo terminado los estudios filosóficos y teológicos y la formación vocacional y habiendo sido aprobado por las autoridades del seminario, fui ordenado sacerdote en la Catedral de San Patricio, Ciudad de Nueva York, por el Cardenal Terence Cooke, arzobispo de Nueva York. En esa hermosa mañana de primavera, 18 jóvenes fuimos ordenados sacerdotes para la Iglesia en Nueva York.
Al día siguiente, domingo 30 de mayo, ofrecí mi primera misa en mi parroquia natal, San Antonio, en la calle Mansion, en el área de Van Nest del Este de Bronx, N.Y., donde fui bautizado, recibí la Primera Comunión, fui confirmado y me gradué de la escuela primaria parroquial. Tengo recuerdos preciosos de ambos días.
Dos semanas después, recibí mi primera asignación de mi arzobispo, el Cardenal Cooke. Fue a la Universidad Católica en Ponce, Puerto Rico, para estudios de idioma español seguidos de una asignación de tres meses a una parroquia por parte del obispo de la Diócesis de Santiago, República Dominicana. Así, comencé a vivir el sacerdocio ordenado de Jesucristo.
El sábado 14 de mayo de 2022, como obispo de Camden, ordenaré a cinco jóvenes al sacerdocio de Jesucristo para la Iglesia en Camden. Ellos han completado estudios teológicos, formación vocacional y han sido aprobados por el seminario y las autoridades diocesanas para la ordenación al sacerdocio. Dos semanas después, recibirán de mí sus primeras asignaciones. Mi ferviente oración por cada uno es, que su vida durante muchos años como sacerdotes ordenados de Jesucristo sea para ellos como lo ha sido para mí: humanamente satisfactoria, espiritualmente enriquecedora y emocionalmente amplia.
Durante los últimos 52 años, me he encontrado con Cristo, quien se me ha mostrado en muchos rostros, historias, personas, situaciones y experiencias, muchas de las cuales han sido alegres; otras han sido desafiantes. Estos últimos años han estado llenos de sorpresas, ajustes, bendiciones, adaptaciones, crecimiento espiritual y mucho aprendizaje. He caminado por caminos fáciles y también por escabrosos. He crecido y crecido y sigo creciendo como hombre, como cristiano y como sacerdote. Quien era yo el 29 de mayo de 1971, no es quien soy mientras escribo esta reflexión. La gracia de Dios me ha ayudado en el camino a adaptarme y a cambiar siendo fiel a mi vocación de ser sacerdote de Jesucristo.
El cardenal John O’Connor, mi arzobispo de 1984 a 2000, nos recordaría a los sacerdotes: “Una vez sacerdote, siempre sacerdote”. A lo largo de 52 años de vivir como sacerdote, he tratado de ser “siempre sacerdote”, incluso cuando ha sido difícil.
Animo a nuestros cinco nuevos sacerdotes de Camden a que permitan que cada asignación que reciban a lo largo de los años, les enseñe, les afecte e incluso les cambie. Ellos tienen mucho que aprender de los fieles, de los no-fieles y de todo lo que encontrarán a medida que viven como sacerdotes. A ellos se les mostrarán nuevos caminos, introducirán nuevas culturas, nuevos alimentos, nuevos idiomas y nuevas costumbres, todo para hacerlos mejores sacerdotes, sacerdotes santos, hombres bien formados y cristianos más convencidos. Ruego que cada uno sea “siempre un sacerdote”.
Al recordar vivir como sacerdote durante 52 años, me pregunto por qué Dios me eligió a mí y no a otros que podrían haber sido mejores que yo para vivir el sacerdocio. Es un misterio. No me llamé a mí mismo para ser sacerdote. Fui llamado. Respondí a ese llamado. En la medida de mis posibilidades y con la ayuda diaria de Dios, he vivido ese llamado.
El ministerio de un sacerdote se expresa principalmente en la celebración de los sacramentos, en la predicación de la Palabra de Dios y en la enseñanza de la fe Católica. Hay una plétora de otros ministerios involucrados en el sacerdocio y en el ministerio sacerdotal, tales como consejería pastoral, visitas a feligreses, enseñanza a niños, adolescentes y adultos, directores espirituales de una variedad de grupos, participación en organizaciones comunitarias y capellanías pastorales. Haciendo estos ministerios, un sacerdote sirve a los demás. Un sacerdote es ordenado para servir y crecer en santidad a través de su servicio.
Si bien estoy horrorizado, asqueado y mortificado por los pecados de algunos sacerdotes de la Iglesia y por el sufrimiento que han causado a sus víctimas y a nuestra Iglesia, estoy orgulloso de ser un sacerdote Católico. A lo largo de los años, he conocido a muchos sacerdotes cuyo ejemplo de vivir el sacerdocio de Jesucristo ha alentado y continúa alentando mi vivir el sacerdocio.
Le pido a cualquiera que lea esta columna que ore por las vocaciones sacerdotales a la Iglesia de Camden. Si conoce a un joven que cree que puede tener vocación, dígaselo. En la cultura actual, los jóvenes necesitan motivación para responder al llamado de Dios al sacerdocio. Sus palabras pueden ayudarlo a acercarse a un sacerdote acerca de una vocación. Además, ore por nuestros cinco nuevos sacerdotes de Camden para que mientras vivan el sacerdocio, “Ad multos annos” durante muchos años, cada uno pueda “ser siempre un sacerdote”.














